martes, 13 de julio de 2010

Putos: divinos o inteligentes (o ambas cosas)




No se si a ustedes les pasa, pero a veces mirando programas políticos en la tele tengo una serie de experiencias paranormales. Pongamos que estoy viendo A dos voces, Palabras más, palabras menos, Desde el Llano o La Cornisa y están Adrián Pérez o Liliana Negre de Alonso o Chiche Duhalde o Gabriela Michetti, en fin, pongamos que están estos especimenes de la fauna política discutiendo sobre X tema. Entonces empieza la rondita de exposiciones y los tipos se concentran e, inspiradísimos, comienzan a exponer sus argumentos de porque si o porque no tal o cual cosa. Al principio admito que -sin importar quien este hablando- tengo fe en que estoy a punto de escuchar una idea no digo genial pero quizás ingeniosa, un razonamiento con dos vueltas de tuerca, un punto de vista con alguna arista mas o menos original. Es decir: al principio soy mi fe en la razón, en el saber y en la inteligencia no importa realmente quien este hablando. Pero ese estado no me dura casi nada, en pocos segundos esa expectativa, al fin y al cabo ese amor, por la luz que la mente humana es capaz de proyectar sobre las penumbras de la sinrazón y la ignorancia, se derrumba como un castillo de naipes e ingreso abruptamente en el terreno paranormal que mencione al principio: conducido a fuerza de incongruencias, banalidades y lugares comunes al territorio infame de la pereza mental, mis dos neuronas quizás como un ultimo acto de rebelión, comienzan a dictarme argumentos para refutar lo que estoy escuchando, me inducen a replicar a los expositores con razonamientos de similar factura a los que estoy oyendo es decir, sofismas, disparates y absurdos de todo pelaje.
A veces lo hago en voz alta pero en general me da tanta vergüenza escucharme que callo y continúa el debate mi voz interior (a veces temo que un vecino con oído absoluto me escuche y se corra la bola por el barrio).

La ultima experiencia de este tipo me ocurrió la semana pasada en relación a la discusión sobre el matrimonio gay. Hoy, buscando una info sobre el 82% en FP, me tope con  este gran post de Silvana S. donde se relata una experiencia similar a las que acabo de describir; pero ella tomo coraje y debatió públicamente con estos idiotas y lo hizo con argumentos simples, casi infantiles (como cuando intentamos explicarle a un niño algo que para él es complejísimo pero para nosotros muy sencillo), de modo que esos energúmenos puedan comprender. Así que, contagiado por el coraje de Silvana, voy a exponer los dos razonamientos con los que la semana pasada intente refutar a Liliana Negre de Alonso desde la cocina de mi casa mientras Homero me observaba estupefacto.

 Argumento místico.-
Si Dios es Dios, o sea, omnipotente, omnisciente, etc., y todo tiene un propósito, entonces los putos son tan normales como los heterosexuales. De lo contrario deberíamos considerar que Dios falla y ahí te quiero ver porque debería convocarse de manera urgente al Grupo A para debatir, ponele en A dos voces, cual es el margen de error de Dios. Pero no: yo me mantengo en que Dios es perfecto y todo poderoso, por lo tanto, si él quiso que haya putos y lesbianas, mal puedo yo considerar como anormal o desviado a quien es el resultado de un arbitrio celestial. Existe en este sentido un exceso de atribuciones en quienes reinterpretan las decisiones del Señor reduciéndo la vida a su aspecto reproductivo. Resumiendo: la inconmensurable sabiduría de Dios ha creado dos inclinaciones sexuales básicas (los modelos full traen otras pero eso lo dejamos para otro día), las heterosexuales, orientadas a garantizar la reproducción de la especie, y las homosexuales, orientadas a contener un poco a esta especie que, en su loco afán reproductivo, es capaz de poner en riesgo a todas las otras especies también creadas por Dios e incluso el mismisimo equilibrio ecológico (tambien, óbvio, creado por Dios).

Argumento spenceriano.-
La cosa es así. Es obvio que existe una relación biológica entre desarrollo cognitivo e inclinación sexual de modo tal que, cuando en una especie comienza a configurarse la matriz de un aparato cognitivo, simultáneamente, en la parte de la estructura cerebral en donde se administran y regulan las funciones y el comportamiento sexual, aparece el dispositivo elección en el callo de lo que hasta entonces era el dispositivo instinto. Así, a mayor raciocinio, menor instinto y mayor libertad de elección ya que la naturaleza se desentiende de la necesidad de regular la supervivencia y reproducción de la especie sobre la base de un presupuesto irreprochable: la inteligencia aporta las herramientas necesarias para que la especie se perpetúe sin necesidad de recurrir a una rígida hoja de ruta sexual. Por lo tanto, la diversidad de inclinaciones sexuales, crece conforme se desarrollan las áreas del cerebro dedicadas a las actividades cognoscentes. Mas inteligencia, mas capacidad para administrar la supervivencia de la especie, menor sujeción a pautas sexuales, mayor atrofiamiento del dispositivo instinto y mayor sofisticación del dispositivo elección. Conclusión: el progresivo relajamiento de la vigilancia sobre los comportamientos sexuales constituye no una rareza sino todo lo contrario: una consecuencia normal del creciente desarrollo cognitivo de nuestra  especie.

Tenia un par de argumentos mas in pectore, pero debí apurar el cierre de este post cuando Homero comenzó a rodear mi pantorrilla con sus patas delanteras con un entusiasmo desmedido, instante en el cual comprendí que, no sé la especie, pero mi desarrollo cognitivo todavía deja mucho que desear.-



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