sábado, 18 de abril de 2026

Titanic


Sociedad implosionando

La segunda gran crisis sistémica del siglo xxi no encuentra a la sociedad estallando sino implosionando. Ya no hay una épica de la protesta ni una catarsis colectiva capaz de tramitar el malestar cómo en diciembre de 2001: lo que predomina es una retracción silenciosa, un repliegue hacia la vida privada donde la crisis se metaboliza en soledad. La bronca no desaparece, se privatiza. Se muda a las casas y a los cuerpos. Y ahí, lejos de cualquier escena pública, se vuelve más densa y más opaca.

Dentro de ese cuadro general, la cuestión de la salud mental deja de ser un problema individual para revelar su raíz social. El aumento sostenido del consumo de ansiolíticos y antidepresivos, la expansión de conductas evitativas y la sensación extendida de impotencia frente al propio destino configuran un clima de época donde la subjetividad aparece sitiada. No se trata sólo de estrés o angustia: es una forma de vivir el quiebre de lo conocido, e incluso la intemperie. Una existencia a la defensiva, en modo supervivencia, donde el futuro es invisible y el presente insoportable.

Los niños, jóvenes y adolescentes son, en esta cadena de penurias, los eslabones más susceptibles: en ellos, previsiblemente, la crisis hace síntoma. La implosión social impacta de lleno en trayectorias vitales, en subjetividades y en psiquismos todavía en formación, donde los soportes simbólicos y materiales resultan decisivos. Cuando esos soportes fallan —familias desbordadas, instituciones tensionadas, comunidades fragmentadas— lo que aparece no es sólo desorientación, sino desaliento y pesar. En ese contexto, las autoagresiones, el intento de suicidio, el suicidio consumado dejan de ser un hecho excepcional para emerger como uno de los indicadores de época más alarmantes.

No es casual que las autolesiones, los intentos de suicidio y las internaciones por riesgo suicida en niños yadolescentes exhiban una tendencia al crecimiento preocupante.  Allí donde debería haber proyectos comunes, aparece el vacío; donde debería haber lazo, aislamiento; donde debería haber palabra, silencio. La implosión no hace ruido, pero deja marcas. A veces irreversibles.

La escuela, en este escenario, queda situada en una encrucijada. Es, muchas veces, el último espacio donde ese malestar puede alojarse y hacerse visible. Pero también es una institución atravesada por las mismas tensiones que intenta contener. Sostener a estos pibes no es sólo garantizar su permanencia: es ofrecerles una trama donde inscribirse, una mínima experiencia de sentido en medio del agobio y la dispersión. Porque cuando todo alrededor se desagrega, incluso la mera posibilidad de hacer lazo puede ser, en sí misma, una forma de resistencia vital.

Nombrar la implosión es, aunque insuficiente, un primer gesto político. Si el padecimiento se vuelve privado, también se vuelve inabordable. Porque lo que no se ve, no se tramita; y lo que no se tramita, estalla o implosiona.


Familias desorganizándose

El cierre del primer cuarto del nuevo siglo nos presenta una escuela estresada en un mundo y un país en crisis con familias desorganizadas a cargo de adultos crecientemente desafectados de sus incumbencias parentales. Pero la escuela responde asumiendo que educar es también sostener a los pibes en banda, desanclados a núcleos familiares frágiles, rotos o inexistentes.

Cuando la familia no está o deja de estar, la escuela tiene q estar más disponible que nunca siendo todo lo flexible que pueda para que esos jóvenes permanezcan en el aula produciendo, de mínima, lazo social. Si el joven desanimado y desenfocado no está en la escuela, la vulneración de sus derechos podría ser irreparable. La práctica docente asume que probablemente esta escuela es la última y única oportunidad para q ese joven no malogre su proyecto de vida.


Jóvenes desmotivados

La única orientación capaz de abrir horizontes que hoy se vislumbran clausurados es promover, desde esta escuela, adherencia y agregación. Alentar a los jóvenes a asumirse sujetos de su historia personal y de lo que sea que cada quien entienda por comunidad de pertenencia y que es, básicamente, el ecosistema sociológico en el que cada sujeto transita a diario y que provee una cierta atmósfera social y un cierto sistema de relaciones promotoras de una cierta identificación.

Al individuo atomizado la historia le pasa. El joven afiliado la hace, o al menos se auto percibe haciéndola. El joven compartimentado esta indefenso, aburrido y probablemente, asustado; el joven inscripto en una trama vincular está acumulando y proyectando potencia social juntándose para hacer cosas que incluso pueden ser divertidas y hasta emocionantes. El sujeto desplegado se distingue del replegado porque tiende a buscar la solución con otros, cree que la salida a los entuertos comunes es convergiendo. El joven aislado se ahoga en un vaso de agua porque la boca de su vaso es angosta cómo lo es la anchura de sus hombros a la hora de sostener el peso de una realidad apabullante. El sujeto que se entrevera reconoce la dimensión social adherida a los asuntos mundanos y propende a reforzar y expandir su asociación.

Los jóvenes con su apatía están decretando la caducidad de esta escuela secundaria. Las planillas de ausentismo reflejan una pugna silenciosa de tres siglos que a duras penas dialogan y se reconocen. Los estudiantes que siguen viniendo a la escuela lo hacen buscando algo valioso. Sino no vendrían. Pero vienen y se frustran no porque sean incapaces de encontrarlo sino porque docentes del siglo xx les estamos ofreciendo un entorno del siglo xix a jóvenes del siglo xxi. El nuevo régimen académico intenta conversar con una realidad de jóvenes, familias y época que cambió estructuralmente. La vigencia de esta escuela cruje porque aquella sociedad granítica para la que fue diseñada, no cesa de agrietarse. No es una oleada. Ni el bullish de otra moda pasajera: si logra consolidar permanencias la escuela podrá evolucionar; si fracasa devendrá una experiencia mínima y testimonial.


Escuelas sosteniendo

Esta escuela asume cómo desafío gestionar la tensión reformista porque la sociedad para la que fue creada está dejando de existir. Nadie sabe qué mundo y cuales trayectos formativos y mercados laborales están emergiendo, pero sabemos que, a dónde vayamos, se impone ir con todos. La sobreedad y la repitencia fueron siempre y en todo lugar la antesala del abandono. Si el estudiante con ausentismo repite, corta lazos incipientes y, o abandona en pocos meses, o se deja estar y esteriliza su trayecto hasta poder pasar a un cens a dónde las estadísticas muestran que el desgranamiento se acentúa.

El resultado académico será el mismo, pero sin haber forjado vínculos. La escuela tiene que poder alojar recorridos posibles de pibes con iguales derechos pero con trayectorias asimétricas cómo reflejo de biografías dispares. Si no los queremos afuera no hay que expulsarlos siendo todo lo flexibles que podamos.

El nuevo régimen académico y en particular las instancias de intensificación persiguen apuntalar la permanencia a partir de considerarla, para ciertos estudiantes, un hecho educativo en sí mismo y un último esfuerzo por sostener el vínculo pedagógico con jóvenes que abandonan entre desinteresados y desconcertados. Retenerlos es disputárselos a la anomia. Hacerlo resulta estratégico porque el joven que crece por fuera lo hace enemistado y hostil.

En este 2026 la escuela es el único espacio de encuentro no mercantilizado que subsiste. Es lo que flota en el naufragio del proyecto común. La escuela es a la vez muchas escuelas porque la fragmentación y pauperización estructurales desintegraron la trama social cuya urdimbre insumió un siglo y medio desde la sanción de la ley 1420. Algunos estudiantes vienen a prepararse para un trayecto superior, otros para acreditar el nivel para un empleo registrado y otros, en número creciente, si vienen lo hacen para sostener el lazo social.

A los tres hay que poder ofrecerles la chance de una trayectoria sostenible y útil. En la debacle actual, apuntalar permanencias es la condición necesaria de la justicia educativa.-

 

sábado, 10 de mayo de 2025

Gallinas felices


El viernes me metí a un campo pa contactar a un chabón a cargo de un criadero de gallinas felices. El criadero es del hijo tarambana de un empresario de Viedma que tiene concesionarias Toyota. Subalquiló un pedazo del campo que rodea el pueblo y los huevos los mete en cajas re chetas y los vende en capital y gba. En el criadero además de las gallinas hay una casita dónde vive Armando. Oriundo de Pigüé, es su único empleado y vive ahí con su mujer Fiorela y su hijita de tres que asiste al jardín local. Cuestión que le compro dos maples de unos huevos marrones increíbles, enormes y con una yema naranja fosforescente. Las gallinas ahí correteando al sol, comiendo maíz y bichitos. Posta que parecen felices. Terminamos la transacción y le pregunto si no hacen apicultura. O sea, miel. Me dice que él no pero que "ahí atrás, para el lado del río" hay un loco de Dorrego que tiene abejas. También subalquiló pa que los dueños del campo le permitan tener las colmenas y laburarlas. "Para ir y venir a dónde tiene las colmenas pasa x acá así que lo veo seguido" me dice Armando mientras fuma cómo escuerzo, rubión, obeso, ojazos celestes, brazo enyesado, bien gringo e' campo. Le explico que me gusta mucho la miel, que es difícil conseguir 100% pura y que ahora un vecino me está trayendo de Villarino pero que al pedo hacerla traer de tan lejos si ahí hacen miel buena. Armando me explica que el tipo cuándo cosecha le deja un tacho de gentileza, hay tachos de 5 y de 10 kilos. Pura pura, recién cosechada. Trae el tacho y me muestra. La belleza de esa miel. Se va y trae una cuchara sopera. "Probala" me invita. En ese momento me sentí don shonson en división maiami simulando ser un narco para llegar al pez gordo y arrestarlo. La pruebo. Cocaína de máxima pureza. Se me dilatan las pupilas. Me ruborizo. Me transpiran las manos. Armando nota que estoy en éxtasis mielífero. Me mira, sonríe, empuja el tacho hacia mi y me dice "llevalo". "Cobrame" le pido. Se va y vuelve con otro tacho de unos 10 kilos. Lo pone sobre la mesa, lo abre y me muestra el interior. Lleno, rebozante de miel cremosa. Multifloral.


Nos ponemos a charlar. Me cuenta cosas de su vida. Está triste y frustrado xq labura de sol a sol y no se siente bien retribuido x su patrón. "Cobro una miseria" admite con resignación. Encima el patrón le prometió casa y comida, pero con la comida no le cumple. El trato era casa+una caja con cosas del super+una oveja cada dos meses. "¿La oveja la carneás vos?" le consulto disimulando mi estupor. "Si, la trozamo' y la metemo' en el frizer, con una oveja mediana comemo' do' meses". Aunq debió conjugar en potencial xq eso, en dos años, solo pasó una vez. "¿Estás en blanco?", le consulto con escepticismo.

Una hora y media estuve parado con los maples y la miel escuchando a un tipo que produce puro valor y cobra 275.000 en blanco x mes (Uatre x media jornada) más otros 250 mil en negro. 550 lucas x laburar 70 horas x semana y hacer de todo incluyendo mantenimiento general de la granja, armado manual de las cajas de cartón donde van los huevos felices e incluso reparaciones en el auto del patrón y labores de jardinería en la casa q el patrón tiene en el pueblo y a la cual Armando jamás entró. "Me quiero volver a Pigüé", me dice mitad fantaseando mitad creyendo vislumbrar un porvenir, y relata un plan q incluye tantas variables incontrolables q parece un chico soñando con los reyes magos. Le desié suerte, le transferí x mp lo de los huevos y me fuí constatando que hasta las gallinas parecían más felices que él. 

En casa pasé la miel a tarros de un kilo y llené tres al ras. El chabón no llega a fin de mes y me regaló tres kilos de miel recontra pura. Entré a mp y le transferí quince lucas que a él no le cambian la fortuna pero q a mi me ayudó a no pasarme el finde pensando en Armando y sus gallinas felices.-



miércoles, 13 de marzo de 2024

Si no es Milei ¿qué?


El Pueblo habló ¿qué dijo?

En 2023, para terciar en las disputas que desde hace al menos diez años tienen paralizado el proyecto capitalista nacional (click), la Sociedad, el Pueblo, colocó en la Casa Rosada un freaky ajeno al establishment político responsable de más de una década de estancamiento económico y pauperización social y laboral, que exhibió en campaña una serie de rasgos distintivos:

-Finanzasausteridad fiscal;

-Economíaexaltación de la iniciativa privada;

-Estadorechazo de una estatalidad descalificada por woke (click)ineficiente y colonizada por sectas promotoras de amiguismo, nepotismo y corrupción;

-Gobiernoreafirmación del poder y decisionismo presidencial respecto a lobis y corporaciones;

-Seguridadpunitivismo manodurista;

-Defensareivindicación de las FFAA.

-Geopolítica: unilateralismo pro-Otan.


La Sociedad, el Pueblo, resolvió lanzando el dardo en una dirección concreta, pero sin dar en el blanco porque esa precisión, en democracia, la proveen, interviniendo, ciertos cuadros políticos, o cuadros políticos disponibles en una cierta cantidad y calidad que, hasta ahora, el proyecto nacional conocido como Argentina no parece disponer. Ese dardo impreciso surcó zigzagueante el espectro político y terminó clavado en la frente de Javier Milei, confirmando una vez más que la culpa no suele ser del chancho.

La Sociedad, el Pueblo intuyó y marcó una orientación general para zanjar la crisis y destrabar el empate. Es decir, hizo su parte. Pero el sistema político no logra ejecutar una traducción precisa de aquellas directivas dejando en manos de un elenco políticamente no alfabetizado y emocionalmente inestable el arbitraje de las contradicciones y fracturas internas entre las diversas fracciones y grupos que hegemonizan y dominan la plataforma local del capitalismo global, exacerbándolas.


Lenguaje de señas

La inviabilidad económica lleva a la inviabilidad institucional. Dicho de otra manera: sin un proyecto capitalista nacional viable, se torna inviable cualquier pretensión estatal. El Estado que conocemos, y al que la variopinta fauna progresista suele confundir con un Sujeto, o una entidad intrínseca, es, en realidad, el orden jurídico del Estado correspondiente al capitalismo nacional. La renuncia de las distintas fracciones y grupos fundamentales a unificarse alrededor de un proyecto estatal común lleva inexorablemente a la balcanización del proyecto nacional conocido como República Argentina por medio de una serie de luxaciones en la organización del Estado Federal. Por eso a las burguesías se les llama clases fundamentales: porque, para bien y para mal, son el fundamento de la dominación y la organización capitalista. Ellas entre 1810 y 1862 (click) resolvieron sus contradicciones e hicieron posible que hubiera un Estado Nación llamado Argentina y si ellas no se comprometen en su defensa y reproducción no hay Scaloneta que pueda impedir que ese mosaico sutilmente ensamblado durante cincuenta años de guerras civiles, simplemente se disgregue como la ex yugoeslavia, la ex unión soviética o los antiguos virreinatos.

Cuando esas fuerzas centrífugas y disolventes se empiezan a incubar, suele haber señales.

Hace algunos años que al chistoso coqueteo emancipador cordobesista se le sumó el cambiemismo mendocino agitando su presunta autosuficiencia presupuestaria para demostrar el mal negocio que resulta integrar la argentinidad(click). Luego fueron los rumores que promovían la idea de que las provincias ricas, con Buenos Aires a la cabeza, amparándose en pactos preexistentes como el de San José de Flores, adoptarían conductas secesionistas como acuñar moneda y constituir aduanas internas para exportar sus productos como si en vez de ser estados sub-nacionales fueran estados soberanos (click). Finalmente, en respuesta a un recorte en los giros de la masa coparticipable, las provincias patagónicas, encabezadas por Chubut, pasaron en pocas horas de la queja retórica a la rebelión fiscal y desde allí, sin escalas, a las proclamas sediciosas reclamando la preminencia de un entramado capitalista vagamente regional (la Patagonia) enfatizando la defensa del interés provincial en abierta contradicción con el interés nacional.

Incluso en un comunicado la entente ensayó una denominación de origen: provincias unidas del sur (click). Suerte que el nombre Kuwait ya estaba ocupado por un exitoso experimento de república separatista hidrocarburífera.

Finalmente y, como las negras también juegan y el diablo no solo sabe por diablo, mientras desde Infobae los voceros de la Embajada desempolvaban la idea confederal de subdividir la Argentina en regiones, empezando por la Región Patagónica, a fin de “mantener la cohesión física, económica y social de su propio territorio (…) frente al riesgo de la fragmentación, ya sea física, económica o social (…)” (click), casi al unísono, el Reino Unido informó dos resoluciones de alto impacto geopolítico que proyectan la ampliación unilateral del control militar de la Otan sobre el Atlántico Sur y sus recursos naturales: la extensión del área de exclusión pesquera en torno a las islas Georgias y Sándwich (clickla modernización de la terminal portuaria de Puerto Argentino (click) especializada en servicios antárticos y orientada a reemplazar a Ushuaia, Punta Arenas y Ciudad del Cabo como centros de logística, interconexión y trasbordo para los países que mantienen bases en la Antártida. (click)


El fracaso Desarrollista

Desde la década del 60 el desarrollismo reorientó la estrategia industrializadora Autónoma forjada por Roca, Irigoyen y Perón (Estrategia Nacionalista) hacia la Dependencia (Estrategia de Enclave) a instancias de un presupuesto equivocado inspirado en un erróneo enfoque geopolítico de posguerra: que los centros capitalistas industriales nucleados en la Otan exportarían empresas multinacionales que, enclavadas en las economías emergentes, difundirían, multiplicándolas, unas capacidades industriales guiadas ya no por el dirigismo estatal de entreguerras sino por una división global del trabajo que, si bien existió y existe, se basa en transferir musculatura fabril des-integrada sin tecnología ni conocimiento crítico. Si hubiera ocurrido lo contrario Filipinas, Bangladesh o México ya serían potencias industriales maduras con amplia clase media y no el paraíso de la maquila (click) y el IKD (click) donde el notable desempeño exportador y la baja desocupación se combinan con salarios de subsistencia y pobreza ancha y estructural. (click)

Así, de la mano del desarrollismo neo keynesiano el proyecto industrial argentino primero se estancó y luego entró en crisis al cristalizarse el desequilibrio estructural q hizo famoso Marcelo Diamand (click) por el cual un sector industrial productivamente ineficiente y tecnológicamente atrasado gasta dólares generados por el sector primario condenando a la economía a un vaivén popularizado como stop and go.


Esta inviabilidad productiva engendró primero una economía estancada, deficitaria y agobiada por deudas y luego, o mientras tanto, una sociedad replegada en un ethos individualista desconfiado de una estatalidad crecientemente resistida por cara, opaca, anacrónica, nostálgica, pero por sobre todas las cosas muy ineficiente.

El capitalismo promueve la competencia individualista amparándose en el mito de que al afán emprendedor e innovador lo tracciona el afán de lucro sin el cual la desmotivación alumbra la improductividad y la haraganería. Sin embargo, es al revés. La guita es la droga de los aburridos, de los desmotivados. A los humanos una buena causa, un propósito emocionante, un reto desafiante, un sueño capaz de quitarnos el sueño importan mucho más que acumular capital o acopiar riquezas. En el fondo los humanos sabemos que la vida es corta, que no se viene y no se va a ningún lado, y que el único sentido que puede tener la existencia es encontrar un quehacer individual y socialmente gratificante que nos haga olvidar que lo único seguro es la muerte y el olvido.

Milei fue astuto en olfatear ese ethos y darle traducción anarco-capitalista asociándose al puro sentido común: si el Estado no colabora, al menos que no estorbe. Y que cada quien se arregle como pueda.

Sin embargo, las crisis de angustia colectivas y la desmotivación generalizada promovidas por los proyectos políticos que se prestaron el gobierno en la última década y pico, pueden pesar menos que una memoria emotiva no solo ligada a experiencias personales sino más bien inscriptas en la argentinidad en tanto que atmósfera social o idiosincrasia: en los días más felices siempre el Estado jugó un rol clave. Comerse el amague de que la sociedad repudia al Estado es tan equivocado cómo no asumir que el rol y la fisonomía que adquirió la estatalidad post 2001 están completamente agotados y requieren una redefinición que traduzca cual capitalismo es necesario y posible para reflotar un proyecto nacional seriamente escorado.



No hay Industria sin Fuerzas Armadas

Los Grupos Concentrados Transnacionales que lideran la globalización capitalista caranchean los recursos naturales de los países emergentes sin capacidad de disuasión militar. Nuestras famosas riquezas naturales son actualmente un botín cuya disputa colisiona con la pretensión de reimpulsar el desarrollo industrial porque tracciona a las distintas fracciones del capitalismo local a jugar a favor de aquellos Grupos asociándose a ellos. Todas las naciones que hoy desenvuelven proyectos de desarrollo industrial autónomos son potencias militares regionales. Lo son China, Rusia, India, Indonesia, Sudáfrica, Brasil, Turquía, Irán, Egipto e incluso protectorados cómo Israel, Corea, Taiwán o Australia. Ningún Estado militarmente irrelevante y ajeno a las áreas de cobertura geopolítica de las grandes potencias, puede aspirar a lograr un desarrollo industrial autónomo que suponga, a su vez, para su financiamiento y sostenibilidad, la disponibilidad del superávit comercial que origina la exportación de sus recursos naturales (agricultura, ganadería, pesca, minerales y energía).

La explicación es simple: a la Otan solo le interesa pactar, reconociendo autonomías relativas, con Estados militarmente solventes que, exhibiendo disposición a explorar alianzas por fuera de su órbita, podrían reforzar las capacidades militares de sus adversarios (especialmente China). Ninguna nación militarmente irrisoria obtuvo ni obtendrá nunca ese reconocimiento.

Actualmente las capacidades militares se logran no solo fabricando parafernalia liviana sino especialmente elaborando I+D al servicio de esas manufacturas y, a su vez, de la apertura de acuerdos de intercambio de conocimiento crítico y tecnología con otras potencias militares globales o regionales. La Argentina dilapida actualmente su talento científico y tecnológico empujándolo a emigrar o encapsulándolo en proyectos académicos conicetistas con escasa perspectiva de mutar en ciencia aplicada. ¿La razón? No hay desarrollo industrial nacional que lo demande.


Reconstruir las capacidades industrial-militares latentes y entramarlas con el sistema de ciencia y tecnología (click) es el camino para recomponer las capacidades estatales sin entrar en colisión con el capital local e incluso, implicándolo en su financiamiento.

La historia del desarrollo industrial nacional coincide con la evolución del complejo industrial militar. Juntos se expandieron y juntos declinaron (click).

El terrorismo de Estado y la derrota en Malvinas abrieron una impasse cuya clausura es condición necesaria para una refundación industrial sin la cual la Estructura Social de empleo formal e ingresos medios, su Estado Social garantizando derechos universales y hasta la propia Integridad Territorial quedarán severamente comprometidos.





No hay FFAA sin hipótesis de conflicto

Sin hipótesis de conflicto ni una perspectiva geopolítica que la configure es imposible justificar que un Estado al que la Sociedad le reclama, con razón, jardines maternales, centros de salud, patrulleros y autopistas afecte al complejo industrial-militar, alícuotas de su magro PBI.

Desde 1982 Estado y Sociedad trataron de ubicar el jarrón Malvinas en un estante que preservara una cierta memoria circunscripta al heroísmo de los combatientes pero que, a su vez, garantizara su desconexión práctica con la problemática de la soberanía territorial. (click)

Fue el camino que se eligió para practicarle a las FFAA una lobotomía que requería su ineludible democratización, pero cuyo efecto colateral fue la negación de una hipótesis de conflicto indisimulablemente ligada a la ocupación de una porción de nuestro territorio por parte de una potencia militar y nuclear integrante de la Otan que, desde ese enclave colonial, proyecta su predominio militar sobre el Atlántico Sur (la Patagonia, la Antártida, los pasos bioceánicos con sus rutas comerciales y sus incalculables recursos naturales). (click)

Por lo pronto, el actual jefe del estado mayor conjunto, egresado del colegio militar en diciembre de 1983, resistió la participación de las FFAA en la represión al narcotráfico rosarino argumentando que “inundar las calles de militares implica severos riesgos. ¿Qué pasaría si un sicario la emprende contra un soldado y pone en riesgo su vida? Si cae bajo fuego del delincuente hemos sacrificado a un hombre o una mujer innecesariamente. Si repele con su armamento militar a un civil su futuro profesional y hasta su libertad se verán comprometidas” (click). Fue la respuesta de una fuerza armada profesional y democrática a una demanda que las pone en tensión con el mayor logro desde las guerras de independencia: haber recuperado el respeto y la valoración de la sociedad (click).


La vaca no quema

El ancho, diverso y desorientado campo popular debe superar el estrés postraumático y reconciliarse con las FFAA como instrumento para el desarrollo industrial y tecnológico, pero también al servicio del rediseño de un proyecto de país capaz de movilizar una identidad nacional descreída y desganada re-alineando a unas élites desbandadas y prescindentes habilitando, de paso, una territorialidad para el reagrupamiento de cuadros alternativa al merendero del barrio, la fotocopiadora de la facu o el kiosquito ministerial.

No es casual que Perón haya egresado del Colegio Militar y no del Nacional Buenos Aires. Lo que la democracia debía hacer con las FFAA ya está hecho. Los genocidas están presos, prófugos, muertos o fingiendo Alzheimer. Es absurdo, y en el actual contexto geopolítico resulta suicida despreciar la vaca por habernos quemado alguna vez manipulando su leche.



Cada país tiene el espacio que utiliza

No se trata solo de mudar el asiento de la administración federal a Viedma o Patagones, lo que podría, cómo hecho aislado, incluso tener un impacto apenas burocrático, sino de trasladar también el asiento del gobierno de la provincia de buenos aires a Bahía Blanca, Médanos o Punta Alta manteniendo la proximidad entre los dos vectores más importantes del poder nacional en el marco de un rediseño del régimen de coparticipación y de los instrumentos estratégicos que orientan la directiva de política de defensa nacional (DPDN, PLANCAMIL 2011/2023 y el Fondo Nacional de la Defensa Ley 27565) focalizando los esfuerzos presupuestarios en la reconstrucción de las capacidades aeronavales y replicando el régimen de promoción industrial de Tierra del Fuego en Santa Cruz, Chubut y Río Negro.

El Atlántico Sur y la Patagonia son a la Argentina lo que la Amazonia es a Brasil (que fundó Brasilia en Goiás en 1956). Alfonsín la vio, pero cometió un error frecuente en los grandes líderes: se anticipó demasiado a su tiempo y nadie lo entendió. 



La actualización del Proyecto Nacional requiere correr el centro de gravedad político, científico, tecnológico, industrial y militar “hacia el sur, hacia el mar y hacia el frío” (click) a fin de restablecer el balance en un campo de fuerzas en el cual hoy predominan las tendencias desarrollistas y neoliberales asociadas a los Grupos Concentrados Transnacionales que impulsan la clausura del proyecto industrial, la desintegración social y la desestructuración territorial de una entelequia por ahora, y solo por ahora, conocida cómo República Argentina.-


miércoles, 7 de junio de 2023

Churchill y Alfonsín

La política en el siglo xx fue prolífica en grandes personalidades. De todas ellas sin dudas  Winston Churchill fue la más influyente. Diseñó el mundo de posguerra, que fue no solo una etapa del mundo razonablemente pacífica sino también, para trabajadores y oprimidos, sin dudas, la más próspera y feliz de la historia del capitalismo.



Desde el fin la primera guerra y especialmente a partir de la crisis del '30 el bloque soviético fue idealizado por los oprimidos en el occidente industrial que lo juzgaban sin fisuras ni contradicciones; y aspiraban a integrarlo. A partir de la segunda posguerra las élites occidentales tuvieron que desplegar una amplia contención en dos grandes frentes, cada uno con sus estandartes: el cultural, dónde sobresalieron el cine y el rock, y el económico, con la sindicalización y la suba del salario real enhebrando la trama de una cohesión social inédita.

Nunca antes y nunca después los obreros del occidente capitalista vivieron tan bien. El mundo dividido por un hemisferio capitalista y otro mezcla de no capitalismo y comunismo, fue el mejor mundo que el conjunto de los oprimidos hayan conocido alguna vez. Del genio y el bolígrafo de Churchill brotó el diseño del mundo consensuado entre Yalta y Postdam que alumbró la etapa más humana de la historia de la humanidad.

Churchill fue un hombre incomprendido y poco valorado por su pueblo que si bien le asignó máximas responsabilidades en las instancias decisivas del siglo xx, el resto del tiempo lo condenó al ostracismo. Hay algo de Winston Churchill en Raúl Alfonsín además de su tozudez y su genialidad. 


Ambos vislumbraron, cada uno en su patria y en su época, las encrucijadas geopolíticas que enfrentarían sus proyectos nacionales mucho antes que nadie y, aunque ya muertos fueron reivindicados, en su tiempo, fueron incomprendidos y sus legados, hasta hoy, permanecen indescifrados.-


martes, 6 de junio de 2023

Star Wars y Davos



En star wars se ven básicamente dos cosas: poca "gente", es decir diversas formas de vida inteligente, y mucha mucha tecnología. Cada ecosistema inteligente, incluido el de los humanos, integra los nudos de un entramado intergaláctico en el cual lo distintivo es que cada etnia que lo compone refleja el máximo grado de evolución y progreso posible en sus diferentes planetas. Cómo si en su máximo de evolución y desarrollo cada linaje alcanzara, a su vez, su mínimo demográfico.

A partir del salto cualitativo que acaba de dar la inteligencia artificial reflejado en el ChatGPT de Open AI y la combinación de creciente envejecimiento poblacional con una desaceleración de la tasa de natalidad, probablemente la humanidad en el planeta tierra esté comenzando a transitar un punto de inflexión en su evolución y progreso como especie inteligente.

Sin embargo, el proceso es incipiente y por mucho tiempo se prevé que masas de seres humanos, crecientemente empobrecidos pero fascinados por producir, consumir y reproducirse, continúen proveyendo el carbón de la caldera que impulsa aquel salto y cuyo gobierno real y beneficiarios directos son una angosta elite global q una vez al año se reúne en Davos para brindar por el éxito de su proceso de selección natural a escala planetaria.-


viernes, 10 de febrero de 2023

Qué el árbol no nos tape




Ciudad Telgopor

Cuando nuestros antepasados ​​comenzaron a alejarse del ecuador, se enfrentaron a muchos peligros y contratiempos. El clima fue el principal. Para afrontarlo, tuvieron que perfeccionar la acción organizada y la infraestructura urbana. Las manifestaciones climáticas extremas incubaron el nacimiento del Estado. El Estado, después de todo, es un instrumento que gestiona el bien común en una red de interdependencias. Y el principal promotor de esas interdependencias, al principio, fue el clima. La ciudad-estado prehistórica es un escudo que protege, especialmente del clima. Luego aparecerán otras amenazas que harán que esa ciudad-estado, como crisálida del moderno Estado-nación, se perfeccione organizativa y tecnológicamente pero, al principio, la principal amenaza era la climática.


Clima o microclima

En la puerta del Plato Volador, la ferretería del barrio cuya arquitectura presume parecerse a una nave extraterrestre, dos vecinos/clientes, mientras esperan ser atendidos, hablan del microclima de Pehuén, que lo hace caluroso pero tolerable. en las tardes de verano, frescas hacia el final de la noche y, muchas veces, francamente frías por las noches y que atribuyeron a las hazañas forestales de Avelino González Martínez quien, al igual que Gesell y Bunge, plantó lotes costeros con pinos y eucaliptos para fijar las dunas y poder urbanizar. Lo compararon con Monte Hermoso, al que calificaron de "páramo" por su escasa vegetación. 

No lo dije en voz alta, pero continué la conversación conmigo mismo. Pensé: las ciudades son microclimas creados artificialmente, es decir, deliberadamente. Ir a un balneario significa salir de la ciudad y vivir una experiencia insólita, extrema pero elegida y controlada. Una relación directa con el sol, la brisa, el viento y los cambios bruscos de temperatura. Desde esa perspectiva, un balneario forestal parece un contrasentido. Lo que mis vecinos ven como una virtud, a mí se me presenta como un defecto y el bosque, por tanto, como una anomalía. Los balnearios uruguayos más bellos están desnudos y se organizan directamente sobre las dunas con casas que generan el mismo efecto que un árbol o un tamarisco que contiene el gran desplazamiento de la arena arrastrada por los siempre fuertes pero cambiantes vientos. Dos estrategias con el mismo objetivo: contener la duna para hacerla urbanizable. Pero con un efecto diferente: la experiencia turística se verá más o menos perjudicada. Más o menos alejado de la experiencia urbana habitual. Recordé que cuando elegí el lote 22 de la manzana 22b la cercanía a la playa computó como ventaja y la falta de árboles como una desventaja. Más de diez años después, cambié de opinión y juzgo favorable la aridez de mi lote. La casa está abrazada por el sol y la brisa 24x7. En verano, al amparo de la galería y con el aire refrescado por la fina y constante brisa marina, el sol de la hora pico no molesta. En invierno, esta desnudez evita que las casas se vuelvan frías y húmedas, como ocurre en el centro histórico, cubierto por el bosque.-



miércoles, 8 de febrero de 2023

Bailemos



No pedimos este sala, ni esta música;

nos invitaron a todos. Por lo tanto, ya que la oscuridad nos abraza

giremos nuestros rostros a la luz. Soportemos los avatares,

y agradezcamos la abundancia. Nos han obsequiado sufrimientos,

para dejarnos sorprender por la alegría. Nos obsequiaron la vida,

para negar la muerte. No pedimos esta sala ni esta música.

Pero como estamos aquí, bailemos.


Stephen King

(11.22.63 1x8) 



sábado, 4 de febrero de 2023

Pasado Perfecto



"El pasado no quiere ser cambiado. Hay veces que uno siente que se resiste: lo sientes. Cuándo estás a punto de cambiar algo y eso se mete con el pasado, el pasado se meterá con vos". 

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domingo, 8 de enero de 2023

Sarmiento y Jauretche ¿Qué tan distintos?

(Sigo obsesionado con Sarmiento).


¿Cual Barbarie?

El debate alrededor del dispositivo conceptual Civilización/Barbarie remite no a un significado sino a varios según lo apliquemos al análisis del pensamiento y de la situación política regional en diferentes momentos de la consolidación de los estados nacionales.

Sin embargo, todos los grandes pensadores del continente, más allá de las épocas y las tendencias, se encuentran en la misma esquina del Iluminismo: la del Progreso.

Las diferencias, a veces abismales, se darán en torno a las proporciones que, para cada uno de ellos, tendrá ese Progreso de componente autóctono (o natural, o local o, mas cerca en el tiempo, nacional) y cuanto de importado y, a la vez, de que modo habrán de combinarse las partes.

De algún modo esas diferencias tendrán también, según analicemos las cosas, mas de forma que de fondo. Por ejemplo, si el análisis se organiza desplazando el dispositivo sobre una línea de tiempo podríamos establecer la siguiente periodización (advertimos que los hitos serán flexibles en la medida que la periodización intenta atrapar procesos en su escala regional):

1) desde las declaraciones formales de independencia (1810-1830) hasta la organización de los estados nacionales (1860-1890), con la finalización de las guerras civiles.

2) desde ese momento de consolidación institucional con base en el crecimiento de las exportaciones primarias hasta el agotamiento del patrón agro-exportador, alrededor de 1930.

3) desde el inicio de “la salida populista/sustitutiva”, es decir durante las décadas del ’40 y ‘50 (según el país), hasta su crisis y paulatino reemplazo por regímenes que entre fines de los ‘50 y principio de los ’70 iniciaron los procesos de trasnacionalización de las incipientes economías industriales del continente.


Colonia

Durante el primer periodo se identifica con la Barbarie a los responsables del atavismo colonial que frena la maduración del Estado Nación capitalista. Aquí la Civilización es la maquinaria capitalista cuyo lubricante es siempre de índole cultural. El problema de Sarmiento con las culturas autóctonas se explica porque jamás serán agentes del desarrollo capitalista. Y el desprecio que Sarmiento manifiesta por toda idiosincrasia alejada de la ética capitalista lo obliga a elegir un símbolo: el Bárbaro. Mezcla de indio, gaucho y caudillo el Bárbaro sarmientino se define por extensión mientras el capitalismo requiere intensidad; regula la cadencia mientras el capitalismo urge. Promueve lo diverso, lo accidental mientras el capitalismo pregona lo regular y lo homogéneo. No hay propiedad sin fronteras; ni producción sin oficios; ni proletarios sin escuela y sin familia.


Pos Colonia

En el segundo periodo la consolidación de los estados nacionales capitalistas (librecambistas, por ese entonces), en Latinoamérica, es un hecho irreversible. El problema colonial ya no aparece ligado a la soberanía territorial (salvo en pocos países, como en Cuba) sino al modo en que estos estados incipientes habrán de relacionarse con aquellos en los que las relaciones capitalistas han madurado mucho mas (pe EE.UU). Sarmiento en 1845, aspira al progreso eludiendo la nostalgia que abona el atraso, por eso reclama Universidades americanas que contribuyan a que el mundo se injerte en nuestras sociedades respetando el tronco nacional. 


¿Primarizar o Fabricar?

Para el tercer periodo la inviabilidad social del patrón agroexportador combinada con el salto inmigratorio y la crisis del ´30 crearon las condiciones para el surgimiento de los nacionalismos populares con base sustitutiva. La sustitución de importaciones constituye la dimensión económica inherente a cualquier programa de integración social porque conduce a la plena utilización de las fuerzas productivas. Estamos en la etapa en la que el pensamiento nacional administra el estado y gobierna “abriendo los brazos a todos para adelantar con todos”. Las palabras clave de este periodo son justicia social, igualdad de oportunidades, producción industrial, tecnificación, educación, salud, derechos sociales, jurídicos y políticos, Estado laico políticamente soberano y económicamente independiente.

Pero el capitalismo de posguerra en las metrópolis culmino su etapa de reconstrucción y necesita volver a colocar excedentes manufactureros en los mercados internacionales con extendida capacidad de consumo mucho más que cualquier abstracta disposición a contribuir al salto tecnológico de posibles competidores.

Aquí, para los intereses nacionales, la Barbarie es la transnacionalización de la economía como ariete de una nueva fase de semi colonialismo político y subordinación económica, sencillamente porque implica una clara regresión en la integración y cohesión social tan dificultosamente conseguidas. Los países que entre el 30 y el fin de la guerra sentaron las bases para la autonomía nacional en la región tienen dos opciones: resolver los cuellos de botella del modelo sustitutivo apelando a sinergias regionales y a variados emprendimientos asociativos con diferentes países y regiones del mundo, o incorporar masivamente capital transnacional en el aparato productivo dejando en manos de esos capitales el rol que habrán de cumplir en la división internacional del trabajo y por lo tanto la mayor o menor capacidad que tendrá cada uno de ellos para sostener los niveles de bienestar e integración social alcanzados. Civilización o Barbarie.



No tan distintos

Sin embargo la disyuntiva aquí expuesta en términos económicos, en el debate nacional adquiere la forma de una disputa entre categorías culturales. La Intelligentzia que desnuda Jauretche no aspira a ser como Alemania o Estados Unidos sino a subordinarse a ellos. No aspira a jugar en la misma liga del desarrollo económico y el progreso social, apenas se contenta con ser una filial de la segunda división.

El Progreso capitalista a mediados del siglo XIX constituye una promesa: salud, higiene, longevidad, bienestar, felicidad. Es decir, el progreso material que propone el capitalismo, para Sarmiento, no es un fin sino un medio para cumplir esas promesas.

En el Facundo, las sociedades latinoamericanas se aproximan a la barbarie no cuando se alejan de la educación sino cuando se alejan de la educación estructurada en los valores civilizatorios europeizantes que son los del espíritu del capitalismo.

Así Sarmiento en 1845 contribuye a clausurar el verdadero debate: que tipo de educación queremos para nuestros pueblos a fin de lograr una civilización específicamente latinoamericana o, incluso, en cada caso particular, específicamente nacional.

Jauretche por su parte, sin posibilidad de advertir nada ya que ha pasado bastante más de un siglo y los trazos gruesos y muchos de los finos del Estado Nación argentino ya están configurados, enfrenta al Facundo no con su herencia sino con sus herederos: los que por un lado añoran la pampa mitad para enriquecerse fácilmente, mitad para poder estar sin hacer nada y los que recelan el proyecto nacional basado en la justicia social porque resisten perder posiciones de privilegio. Jauretche, un poco por jodón, les dice: acá tienen, peléense entre ustedes. 

Creo que Sarmiento -secretamente y capaz de mala gana- hubiera estado de acuerdo con él.

Sarmiento, en un rompecabezas de país, comprende el peligro de que emerja un debate sobre el contenido local que habrá de conformar la cultura nacional a medida que los Estados Nación latinoamericanos consoliden procesos de sedimentación institucional, sencillamente porque teme que estos procesos puedan abortarse. Y por eso construye un dispositivo conceptual basado en una hipérbole, en un exabrupto, no solo porque su personalidad es propiamente la de un exagerado, sino porque el debate (o su posibilidad) no se libra en la academia sino en los campos de batalla teñidos no solo de sangre sino de urgencia. Sarmiento no escribe para la posteridad y por eso, aunque pueda parecerlo (y aunque le pese a Jauretche), no esta escribiendo ni ensayo ni novela; Sarmiento escribe el Facundo un miércoles y lo pretende un programa de gobierno para el jueves. Y se sabe: un programa de gobierno, incluso una proclama, se toma o se deja, se lo acompaña o se lo combate. Civilización o Barbarie.



Pero Sarmiento jamás fue apenas el vocero de una élite y mucho menos de una élite parasitaria. Al fin y al cabo, nada mas sarmientino que el obrero peronista que vive en una casita suburbana de tejas españolas, consume, manda a sus hijos a la escuela pública y los premia con milanesas y un rico postre, si es que trajeron el boletín con buenas notas.-



lunes, 5 de diciembre de 2022

¿Cual 2023?

En 2013 el peronismo bonaerense expuso su fractura confrontando en una elección que ganaron los renovadores aunque aliados a un pro todavía inclinado al redituable tactisismo electoral duranbarbista, que supo convertir esa victoria del enemigo de su enemigo en el trampolín que en 2015, con el peronismo bonaerense todavía dividido entre efepevistas y renovadores, lo depositaría en los sillones de Rivadavia y Dardo Rocha. El gerente general de aquel resonante emprendimiento renovador no fue otro que Alberto Fernández quien también gerenció la aventura randazzista en 2017 que obligó a Cristina a morder el polvo de una insólita derrota a manos del ignoto Esteban Bulrich.



Alberto: al gran CEO argentino salud!

Cuando Cristina decidió que la poltrona del senado era un mejor lugar que el colchón de un calabozo y se dispuso a reagrupar al peronismo bonaerense, convocó al mejor gerente disponible para una ingrata labor: hacer macrismo sin Macri. Lo que viene haciendo Fernandez desde el 10 de diciembre de 2019 no es otra cosa que lo único que permite hacer el sistema de condicionalidades heredadas del macrismo (hiper-endeudamiento en dólares publico y privado, pobreza e indigencia crecientes y alta inflación) combinado con la pandemia y la guerra en Ucrania. Fernández fue convocado por Sergio y Cristina para que sea lo que viene siendo: el CEO de una transición que conecte el fin del experimento macrista con el inicio de una nueva fase modernizadora de un peronismo cuya supervivencia dependerá no de su capacidad para devolvernos pasados gloriosos sino para cabalgar las complejidades de una nueva realidad nacional, regional y global que deja poco margen para sobreactuar autonomías.


Margenes y correlaciones de fuerza

¿Cuanto margen hay?¿Que se puede y que no? La política se hace y logra responder esas preguntas, o sucumbe. Luego hay también otras preguntas que una política voluntariosa debe hacerse para evitar el derrotismo y la adaptación. Pero primero lo primero: un análisis de situación lo más exacto que se pueda.

Las elecciones del siglo XX, cuando eran libres, se ganaban por metros y alumbraban grandes expectativas sociales. Yrigoyen, Peron, Alfonsín, Menem, De la Rua ganaron cómodos. Sus gobiernos nacieron de una expectativa social empoderante. Pero el siglo XXI trajo también esta novedad: los gobiernos nacen de expectativas empatadas: un tercio quiere que hagan una cosa, otro tercio quiere que hagan exactamente lo contrario y un tercio restante no sabe/no contesta y define ya dentro del cuarto oscuro por motivaciones volátiles y opacas. Eso acorta los margenes y reduce la política a matices, empalmes y transiciones. Como en USA o Europa donde la distancia entre derechas e izquierdas, miradas desde nuestras intensidades, resultan apenas perceptibles. Diferencias hay, pero de milímetros.


La épica del milímetro

El gobierno frentetodista no es igual al de Macri; se diferencia por algunos milímetros. Esos milímetros son, no obstante, en este contexto, un montón. Todo se pone en juego ahí: en unos pocos grandes milímetros que hay que saber apreciar, aprovechar y eventualmente acrecentar. Como en el fútbol, en esta nueva realidad socio-política los mejores jugadores son los que saben jugar y prevalecer en espacios reducidos.

El bloque exportador y el bloque mercado-internista, cada uno con sus áreas de influencias y derrames, están más empatados que nunca. A las antiguas capacidades de veto y desestabilización le añadieron una dosis de siglo XXI: narrativas y voces que circulan en tiempo real garantizando identificación estable y coordinación aceitada al servicio de un sesgo inquebrantable. Cómo en la mala ciencia, todo lo que circula confirma las sospechas de cada microclima: que el otro es flor de hijo de puta. Como boxeadores que no bajan la guardia ni cuando duermen, los tercios se miden, se rozan, amagan, se tiran, se esquivan y solo muy de vez en cuando alguno se morfa un castañazo del que rápidamente se repone y lo devuelve.



Pinguina empetrolada

El peronismo o mas bien, los peronistas, se sabe, tienen memoria selectiva. Cada tribu de ese inabarcable pueblo a la vez aristocrático y plebeyo, organiza su propia memoria; más que recordar elige minuciosamente qué recordar y que no. Hay un Perón que, por motivos opuestos pero complementarios, pocos peronistas evocan. El Perón del segundo gobierno fue, para las tribus conservadoras, demasiado jacobino, y, para el evitismo tardío, demasiado girondino. ¿Sus hitos? La Ley de Radicación de Capitales de 1953, el Congreso de la Productividad de 1954 y el contrato de YPF con la California Oil en abril de 1955. Iniciativas que despertaron un creciente malestar y rechazo en amplios sectores del peronismo al que, en el caso de los contratos petroleros, se le sumó el radicalismo intransigente que llegó a tildar a Perón de entreguista en una sesión en la que, ya declinante, fue sometido a una humillación irreparable.

Perón no industrializó la Argentina pero llevó el desarrollo de sus fuerzas productivas al límite máximo que podía tolerar una industrialización sustitutiva que por cada punto de incremento en el pbi hace crecer tres puntos las importaciones. La inflación creciente (luego de la desinflación del '52), el déficit en la balanza comercial y la restricción externa advertían que la ISI no tenía más hilo en el carrete. Luego de eso o se habilitaba la crisis y se destruían fuerzas productivas reseteando el ciclo, o se iniciaba un salto en la escala de la acumulación innovando en dos campos: productividad (plusvalía relativa) e inversión en áreas clave, especialmente en generación de energía y transferencia de tecnología. El Congreso de la Productividad venía a resolver el primer problema y la LRC junto al contrato con la California, el segundo.

Perón cae por eso: su proyecto de desarrollo nacional era tan capitalista que no tenía más nada que ofrecer si sus bases le negaban el antídoto para una economía envenenada.

Cuándo en abril de 2012 Cristina diseñó un esquema mixto para recuperar el control estatal de YPF y suscribió el acuerdo secreto para que Chevron le enseñara a YPF a fracturar con agua y arena la roca madre de Vaca Muerta, aunque no lo dijo, evocó al segundo Juan Domingo. En aquel acto multitudinario parecía que le hablaba a la juventud maravillosa que la aclamaba por jacobina pero en realidad su conversación tuvo un registro girondino: un hilo conductor sutil unió en aquel acto al Perón olvidado del 53/55 con esa gran líder popular proyectándola como estadista.

Si Perón hubiera convencido a sus tribus y hubiera reformado aquella antigua Argentina que deambulaba por la azotea de su desarrollo, probablemente el PJ hubiera gobernado por 60 años como hizo el Pri mexicano luego que Lázaro Cárdenas nacionalizara Pemex, performando el segundo capitalismo más desarrollado del continente. Además de ahorrarnos cuatro dictaduras, terrorismo de estado y una guerra. Pero eso no pasó y hoy, diez años después de aquella charla imaginaria entre un Perón incomprendido y negado y una Cristina inyectada de lucidez pero crecientemente arrinconada a fuerza de corridas cambiarias y tragedias ferroviarias, mientras el gas y el petroleo de Vaca Muerta empiezan a brotar, nuevamente las tribus peronistas se enfrentan al dilema de militar con fervor a favor de unos pocos milímetros.



Hijo ‘e Tigre

Massa es hoy el kirchnerismo posible. No solo porque es imposible que Cristina gane una elección presidencial sino porque su rol tiene que ser el de garantizar que se cumplan los milímetros; y hacer una intensa labor pedagógica con sus bases para que aprendan a valorar como mucho, lo poco. Para que no se quiebren ni dispersen pero también para que aprendan a sembrar y cosechar bajo estas nuevas inclemencias; que llegaron para quedarse. Solo la holgadez o la pereza desprecian los milímetros que separan guatemala de guatepeor.

La deuda que dejó Macri es impagable y por eso pasaremos los próximos al menos veinte años renegociándola; el problema justamente es ese: seremos por no menos de dos décadas un Estado en estado de renegociación permanente con acreedores cuya disposición a la negociación dependerá de cuántos y cuales negocios ofrezcamos a cambio. Para eso se inventaron las deudas: para habilitar negocios. Esos negocios podrán organizarse de dos maneras según quienes conduzcan el Estado: a favor de la consolidación y perfeccionamiento del bloque exportador primarizante; o a favor de construir la famosa diagonal o poligonal entre el bloque exportador y el bloque mercado-internista. En un caso se cristalizará y acentuará la Argentina salarialmente dual, sociálmente fracturada, económicamente desigual merced a la retracción de sus entramados industriales trabajo intensivos; en el otro podrán canalizarse excedentes al desarrollo de un mercado interno que permita bajar la pobreza y rescatar las franjas medias proletarias actualmente en caída libre.

Impulsar a Cristina a pelear una elección de la cual si pierde saldrá con 70 años, prisión domiciliaria de por vida y un liderazgo maltrecho, y si gana tendrá que viajar a Washington cada tres meses con la escupidera en la mano, suena insensato. Nadie que la quiera bien puede pedirle semejante sacrificio; encima al pedo.

Massa es quien propuso la poligonal hace diez años y se fue al llano a promoverla con la impericia y la arrogancia de quien sabe que no es su tiempo pero que algún día ese tiempo llegará. Lo supo porque las transformaciones sociales profundas que explican la emergencia de su espacio primero y del triunfo cambiemita dos años después, eran más fáciles de percibir si se forma parte de ellas. Si se camina esas veredas. Pero Massa no es solo un pibe de barrio que soñaba vivir en un cantri de Tigre y tener amigos millonarios sino de los que, alcanzado ese estatus, vuelve cada tanto de visita al viejo barrio y quiere y necesita que sus antiguos vecinos lo sigan tratando como a un par. Eso es un poco también el peronismo. Massa es la poligonal que une lo que llegó el momento de intentar vincular antes de ver como la patria se torna abstracta como aquella otra patria hace 200 años.

Massa será entonces el responsable de tender y remachar la poligonal que vincule los dos tercios en el mejor acuerdo posible. El kirchnerismo debe ser, bajo las nuevas condiciones vigentes, el garante del milímetro. Serán milímetros hinchados de litio, petroleo y gas licuado; milímetros anchos, rebosantes, esponjosos. Pero milímetros.

En ese poco espacio pero espacio al fin, se jugará el verdadero mundial que empieza en 2023.-