1) Mañana cuando canten los gallos voy a estar arrancando la chata y, luego de agarrar Zeballos y Camino de Cintura hasta Richieri, comenzaré, una vez más, a recorrer la ruta 3 hasta Bahía Blanca. Lo más razonable hubiera sido ir por el Acceso Oeste hasta la ruta 5 y de ahí empalmar la ruta 6 hasta la 3, pero no se puede: la Ruta 6 (un camino de circunvalación que une Zarate/Campana con La Plata, una traza estratégica para vincular norte-oeste-sur evitando el conurbano y que fue convertida en autopista solo desde Campana hasta Luján) no se sabe bien pero se rumorea que fue bombardeada por una potencia enemiga; créanme, no exagero, recorro todo el tiempo caminos que están deteriorados, mal señalizados (p.e. la ruta 41) pero transitables (bajás la velocidad, vas atento y listo). Pero la Ruta 6 entre Luján y Cañuelas debería ser inmediatamente clausurada; es una trampa mortal.
Entonces, iremos por la Autovia 3 hasta el cruce con la 41 y a partir de ahí por la Ruta 3 hasta el km seiscientos y pico. En el camino pasaremos, entre otras ciudades, por Las Flores, Azúl/Olavarria/Tandil, Tres Arroyos/Cnel. Dorrego/Pringles y finalmente Ing.White/Bahía Blanca. (Hata ahí voy yo. Pero después la 3 continúa paralela a la costa patagónica, pasando por Viedma, Trelew, Rawson y Comodoro hasta Rio Gallegos). O sea que estaremos recorriendo la llamada cuenca del rio Salado (de incipiente colonización sojera) hasta internarnos en el corazón de la pampa triguera. ¿De qué forma? A través de una rutita de morondanga toda emparchada con un solo carril por mano (muchos camiones que antes desviaban por la 33 o la 51 o combinando ambas buscando empalmar con la 205, que tiene una parte nueva, ya no lo hacen porque en muchos tramos, ambas, están no solo destruidas sino abandonadas: hundimientos en la calzada, maleza en las banquinas, escasa señalización).
Esta realidad que afecta las áreas de influencia de la Ruta 3 se replica en las áreas que se comunican a través de las rutas 8, 7, 5 y 205: localidades como Pergamino, Junin, Bragado, 25 de Mayo, Chivilcoy, Trenque Lauquen, Bolivar o Saladillo pero sobre todo una densa trama compuesta por cientos y cientos de localidades que estan siendo sacudidas por el vertiginoso desarrollo del complejo agroindustrial, se comunican entre sí y con los grandes centros urbanos y los puertos, desde los que se abastecen y a los que abastecen, por medio de un infraestructura vial adecuada para la década del '50 y una infraestructura ferroviaria inexistente.
2) La famosa "zona núcleo" está al rojo vivo: agro, industria y construcción están provocando una circulación de mercancias y personas que requiere una inversión en infraestructura que no solo acompañe sino que retroalimente. Sin embargo toda esta edad de oro de los comoditis afecta mucho más allá de esta zona. El corredor frutícola del río negro, por ejemplo, enhebrado por la ruta 22 está en buen estado pero colapsado (mientras la 23 sigue teniendo más de 200 km de ripio!) al igual que la 14 que conecta el Mercosur (la "ruta de la muerte").
3) La ley que ordena la relocalización del gobierno nacional en el distrito federal "Viedma/Carmen de Patagones" esta vigente. "Las leyes están para cumplirse", se escucha a menudo por ahí. Ok, mudémonos. Sin embargo también podría derogarse (existen proyectos de ley recientes en ambos sentidos). El punto es: después de casi 10 años a este nuevo modelo neo-keynesiano y filo-desarrollista hay que darle una generosa vuelta de tuerca guiada por una clara orientación descentralizadora y desconcentradora.
No les voy a negar que el "Proyecto Patagonia" es seductor, pero capaz resulta faraónico, delirante o inviable... de lo que no caben dudas es que una red de autopistas, ferrocarriles y una política activa de producción de suelo urbano que involucre un banco de tierras como implementó el municipio de Moreno hace varios años y círculos de ahorro previo a tasa cero para construcción y refacción administrados por el Estado se me ocurre que representarían grados de dirigismo estatal bastante bien tolerables y sustentables políticamente. A ello podría sumerse un banco de proyectos asociativos y cooperativos tanto orientados a producción cuanto a servicios. Algo así como una fase superior del "Argentina Trabaja" por la cual el Estado licite provisión de servicios e insumos (quizas en un principio vinculados a proyectos de infraestructura) dandole prioridad a emprendimientos que integren ese banco con financiamiento, capacitación y asistencia técnica a cargo de asociaciones entre estado, privados y universidades nacionales. Etcétera. Etcétera.
4) Ya pasaron 7 años de crecimiento a tasas chinas. La Argentina que viene necesita superar las salidas de emergencia e ingresar en el terreno del Desarrollo Estratégico para hacer sustentables las líneas maestras del modelo productivista inaugurado en 2003. La idea de introducir este post con el video alfonsinista de 1987 apuntó a recuperar la dimensión geopolítica en el debate sobre las formas en que el Estado podría intervenir para orientar no ya lo que debería ocurrir sino lo que ya esta ocurriendo en el corazón de la pampa gringa e incluso más allá de una fronteras que no cesan de correrse tensando cada vez más la relación entre metrópolis y ruralidades. Es inconcebible que la única manera de conectarnos con el Pacífico sean rutitas doble mano llenas de parches de brea o que esas rutas estén surcadas (no solo en verano) por moles de doble piso que van flameando a 120 km/h llenas de personas y esquivando camiones y maquinaria agrícola. ¿No llegó la hora de asaltar el comando de campaña del Proyecto Surf y chorearle las banderas ferroviarias? Googleando encontré esto y me pregunté: ¿por qué le regalamos este programa a la derecha?
También me suena inconcebible seguir engordando una Región Metropolitana de Buenos Aires que ronda los 15 millones de personas -muchos sin servicios y con las napas contaminadas-, en el cual un lotecito de mierda en el culo de Ezeiza o de Moreno no baja de USD 5.000/10.000.
No se me ocurre que podamos dedicar otros cuatro años a otra cosa que no sea Estrategias, Planificación y Desarrollo. Un puente que conecte la emergencia de la que venimos con el famoso país normal al que aspiramos


