domingo, 30 de abril de 2017

Después del agua, más agua

 


Imperdible reportaje hoy en La Nación a Juan Gabriel Tokatlian autor de "Qué hacer con las Drogas", Ed. Siglo  XXI:

"(...) Sin duda es difícil de medir, pero también hay un conjunto de elementos que permiten aproximarse y tener una relativa certidumbre. Un ejemplo: tenemos encuestas que ha hecho en diferentes momentos el Sedronar sobre la prevalencia del consumo de sustancias psicoactivas. Es muy usual escuchar que "el consumo creció exponencialmente en la Argentina", como dijo el presidente Macri en el discurso de la apertura del Congreso en 2016.

¿Y no es cierto?
No es cierto. Los datos y la evidencia que tenemos por parte de estudios relativamente rigurosos que siguen una metodología internacional, muestran que creció sí un poco más el consumo de paco -y es evidente que ahí hay un problema central-, pero en cuanto a la marihuana y la cocaína, no ha habido un crecimiento exponencial de ningún tipo. Más allá de algunos cuestionamientos que uno pueda tener a algunas políticas del Sedronar, hay trabajos concretos que muestran que la Argentina destina el 95 % de su presupuesto a la lucha antidrogas, específicamente a la represión y al control de la oferta, y un 5 % en la educación y la prevención. Esto, en comparación con lo que sucede en el mundo, es un porcentaje abismalmente errado.

¿Usted dice que vamos a contrapelo de lo que hacen otros países que invierten más en prevención y educación?
Efectivamente, vamos a total contrapelo de lo que se hace en otros lugares, incluido Estados Unidos, para tomar el epítome de la prohibición, que dedica el 52 % a controlar la oferta y el 48 % a reducir la demanda. Aquí hay una distorsión significativa: sostenemos que tenemos que controlar la oferta como sea -aunque los efectos del control de la interdicción y los encarcelamientos sean bajísimos en la Argentina- y no destinamos recursos a las personas, a los consumos, a los usos y abusos, a la prevención y a la educación, algo que en países desarrollados y no desarrollados se ha comprobado que es mucho más efectivo en términos de costo e inversión. Además, tenemos buenos trabajos de todo tipo -localizados, sociológicos, politológicos- sobre el papel deletéreo de la policía que nos muestran el contubernio de la policía en los negocios ilícitos en general, y en particular en el tema de las drogas. 
(...)

¿Por qué sostiene que recurrir a discursos y promesas punitivas como más mano dura o la militarización de la cruzada contra el narco es peligroso e inalcanzable?
Porque la experiencia histórica comparada dice eso. Cuando se han involucrado las FFAA en los países en los que lo han hecho en América Latina, ¿han sido exitosas? Evidentemente no. Fue el caso de Colombia y también el de México. Cambio de ejemplo: un país ocupado por la OTAN como Afganistán tuvo el año pasado el record histórico de producción de heroína. En un país ocupado por países que tienen políticas prohibicionistas de distinto nivel sigue prosperando este negocio. Entonces no es una cuestión de involucrar más a los militares. Ese paradigma no sirve porque tenemos evidencia tangible de que no es así.

¿Cuál es la alternativa a este política prohibicionista?
Tenemos que cambiar algunos principios y parámetros. El primer punto es que nuestra atención debe estar colocada en la persona y no tanto en la sustancia: en las personas vulnerables y vulneradas, en las familias, las comunidades.
(...)

Se refiere a hacer "un control de daños".
Así es, cómo hago para aminorar los efectos nocivos en la salud y en la familia. Y además, este tema no puede resolverse en el corto plazo. No hay una política única que resuelva esto y un único dispositivo institucional. Entonces, pensemos en el largo plazo y pongamos metas razonables. Una buena política para la juventud ayuda muchísimo. Una política de empleo y de provisión de bienes colectivos, es fenomenal.
(...) 

¿Qué opinión tiene del "Plan Argentina sin drogas" lanzado por el Presidente Macri?
Es importante ver el decreto de 1991 de la administración Menem. Y es importante comparar lo que decía Menem con este documento de política antidroga lanzado por Macri: los principios y los propósitos son idénticos. Es un gran refrito de muy poca creatividad, que repite y reitera hábitos y formas de aproximarse al tema que solamente son sostenibles en una lógica prohibicionista y punitiva (...)"
 
Completo



jueves, 27 de abril de 2017

El Amor en los tiempos del Paco






Después de varias semanas fisurando en la Plaza La Roche, Roque y Fany volvían nuevamente a La Candela a intentar refugiarse en alguna casilla donde la parentela aceptara alojarlos de mala gana y solo por algunos días; lo hacían luego de haber retirado del hospital la ecografía que indicaba un embarazo que no superaba las 6 o 7 semanas habilitando la interrupción que, juntos, resolvieron el mismo lunes en El Resero cuando el test dio positivo. Recorríamos el centro de Morón por la calle Belgrano cuando, a escasos metros del paso a nivel, las barreras comenzaron a bajar lentamente. Si bien podría haber acelerado y pasar, opté por detenerme.

-“¿Por qué no cruzaste?”, me preguntó Fany, más curiosa que apurada, cómodamente recostada sobre Roque en el asiento de atrás mientras afuera la llovizna no paraba de caer desde el viernes pasado.
-“Porque no vale la pena arriesgar la vida para ganar 5 minutos; con el tren no hay que joder”, respondí aprovechando para bajar un poco de línea.

Se hizo un silencio espeso, entrecortado por el barullo de los trenes que llegaban y partían en uno y otro andén, que Fany interrumpió preguntando en tono bajo:
-“¿Pensaste en morirte?”.

Creí que le había preguntado a Roque pero como su compañero no dijo nada giré la cabeza, la miré, ella me clavó los ojos, y consulté si la pregunta iba dirigida a mí.

-“Sí a vos José”, contestó ella quién pocos días después de cumplir los 15 -y pocos años después de haber sido abusada por su tío en una madrugada pegajosa que tenía prohibido recordar- avisó, con un aullido desolado, que su hermano mayor, con los ojos abiertos y un cable enroscado alrededor del cuello, colgaba de la viga que sostenía el chaperío desplegado sobre la letrina afectada a funciones de baño por las cinco familias apretujadas en el último lote del pasillo.

-“No, ni en pedo, ¿vos?”, repregunté y volví a darme vuelta.

De nuevo un silencio profundo; estaban pasando cosas adentro de ese auto mientras, alrededor, la muchedumbre nos rodeaba acechando la barrera.

-“Si”, respondió Fany en un suspiro y agregó: -“¿Para qué querés vivir, la vida es una mierda, no sirve para nada”.
No lo dijo provocando ni enojada, lo dijo con resignación, casi con alivio. Giré la cabeza y volví a mirarla pero sus ojos no me vieron, estaban perdidos en algún lado.

Mientras las barreras subían y avanzábamos de a poco, Roque acompañó a su mujer con la misma tristeza:
-“Mejor morirse y listo, así se termina todo”. 




Noventiadas VI (Perdidos)



Didáctica, tp "Representaciones del sociólogo como docente".


Consigna: Si la carrera de sociología fuera una obra teatral, serie o film: ¿Cuál sería? Explique por qué.

Respuesta: La serie “LOST”. Afinidades electivas:

a) un hecho fortuito que reúne a muchos desconocidos en una isla inhóspita.

b) un colectivo que rápidamente se divide en bandos cada uno con sus fracciones cambiantes orientadas por estrategias sinuosas, programas opacos y políticas de alianza un poco erráticas, adheridas a liderazgos que exhiben sólidas convicciones solo aparentemente contradictorias.

c) desorientación coyuntural pero firme perspectiva de progreso.

d) comunidad de valores con discrepancias metodológicas.

e) amplia tolerancia a la frustración.

f) propensión al idealismo, al sectarismo y al secretismo.

g) amores platónicos, romances fugaces y amistades persistentes.

h) construcción del sentido presente y horizontes futuros en base a relevamiento de datos de dudosa validez y al descubrimiento de antiguas e irreprochables fuentes documentales.

i) dieta frugal.

j) deidades burocráticas.

k) ansiedad por salir (egresar) pero deseos de quedarnos.




martes, 25 de abril de 2017

Noventiadas V (Remarla sin whatsapp)


Hace más de veinte años, cuando flasheabas en la facu con un chica que vivía lejos, tenías dos opciones no excluyentes: la llamabas al fijo mientras tu mamá se paraba cerca, brazos en jarra, y te miraba con cara de rottweiler hambriento como diciendo "¿cuando venga la cuenta la vas a pagar vos?"; o le escribías cartas. He aquí pruebas candentes, aportadas por mi amiga Aldana, que en los '90, sin whatsapp... la remábamos por carta.

lunes, 24 de abril de 2017

Noventiadas IV (Colectivo 93)






 

Consigna 1 del tp "E-Vocación":


Describir y relatar un momento o situación de:
-su trayectoria/itinerario escolar/formativoo de
-su práctica como formador y/o coordinador de grupos de aprendizaje

Evoco: 

No comencé el cbc como estudiante de Sociología. En el transcurso del interminable 6to año, en la vieja Escuela Técnica N° 2 de Av. Forest en Chacarita, intuyendo mi vocación como desplegada en una zona de intersección entre la filosofía, la literatura y “lo social”, entre el pensamiento abstracto y la intervención en lo concreto, vacilé entre opciones como Filosofía, Letras, Historia, Antropología (¡Arqueología!), Sociología, Trabajo Social o Ciencias Políticas, pero al momento de inscribirme el código elegido para rellenar el formulario fue el 34 correspondiente a la Licenciatura en Letras. Durante el primer cuatrimestre la cursada de Semiología confirmó que la elección había sido correcta aunque Sociedad y Estado y Economía actualizaron cierta fritura en la sintonía fina de mi elección vocacional. Pero recién después de agosto, iniciado el segundo cuatrimestre, la cursada de Sociología -cátedra Toer- provocaría una interferencia definitiva re-ordenando decisiones.

De repente en el campo de juego de la vocación, un quipo que supo picar en punta y parecía encaminarse al titulo se encontró desafiado, teniendo que dirimirse contra un perseguidor inesperado. De un lado Letras, invicto y puntero, sorpresivamente en posición defensiva; del otro una ignota Sociología, repentinamente a la ofensiva, determinada a interceptar el arco rival y quedarse con el máximo trofeo. El cuadro era el siguiente: los once de Letras a pura voluntad, contra su arco, en el borde del área grande, intentando repeler a los once de Sociología que, haciendo circular la pelota con un planteo táctico ingenioso, despliegue creativo, recursos técnicos y juego asociado, buscaban perforar la defensa rival o forzar el ful y el tiro libre.

En la presentación de la cursada el jotatepé, Alfredo Castro, avisó que sería un cuatrimestre entretenido haciendo, junto a sus otros tres colaboradores, que las dos horas pasaran volando y que la atención general no decayera casi nunca. Probablemente mi curiosidad por ese universo curricular, escasamente presente en el plan de estudios de las escuelas técnicas, contribuyó a que las otras cinco materias deparasen cada una un interés particular. Pero Sociología se convirtió enseguida en mi materia favorita. Incluso al ingresar al aula creía percibir una atmósfera distinta, familiar, que acompañaba con una mezcla de excitación espiritual y tensión corporal: a contrapelo del secundario, llegaba temprano para encontrar asiento en las primeras filas. No quería perderme nada.


Cuando terminé de leer “…algo útil” la emoción que me embargó fue tan intensa que sentí claramente como el referee hacía sonar un pitazo largo y agudo señalando el tiro libre. A partir de allí todo lo que vino fueron solo preparativos para un desenlace previsible. De un lado, se acomodaron el arquero y la barrera que intentarían evitar que el balón ingrese al arco de Letras. Del otro, los atacantes preparaban el disparo calculando, proyectando, vislumbrando y finalmente ejecutándolo no solo con el pié sino con todo el cuerpo e incluso con el alma: esas pelotas que ingresan, sorteando obstáculos y como serpenteando por recovecos imposibles, constituyen también, en parte, un hecho metafísico.

Pasaron Wright Mills, Bergher y Luckmann, Portantiero, Durkheim, Weber, Marx, Mandel e incluso un breve y áspero texto de Niklas Luhmann, mientras el cuaderno con espirales engordaba gracias a memorables teóricos y debates acalorados que Alfredo Castro propiciaba y conducía con oficio, intercalando las exposiciones del cuarteto con dinámicas participativas que aflojaban timideces e impulsaban a nuestras voces a fluir con naturalidad.

La barrera ya estaba acomodada mientras el pobre arquero del combinado de “Licenciatura en Letras”, con el número 34 estampado en la espalda, con las piernas levemente inclinadas y la punta de los dedos enguantados de su mano izquierda rozando su palo de referencia, aguardaba lo peor. El disparo estaba por ejecutarse y Letras solo esperaba un milagro.

A mediados de noviembre Alfredo Castro anunció la fecha del parcial integrador (el primero había sido un tp domiciliario). ¿Qué textos entraban? Todos. “Lean todo y traten de traer los apuntes el día del parcial”, fue la consigna y, si bien nadie preguntó y él no aclaró, el rumor de que podía proponerse alguna modalidad de parcial a libro abierto creció rápidamente. En todo caso se había instalado la idea de que cualquier cosa podía ocurrir sin que el afán de perjudicar ni doblegar a los alumnos formara parte de las motivaciones en juego. Si algo sorpresivo nos esperaba, seguro sería algo bueno.

El día del parcial las mochilas y morrales estaban pesados mientras cierto liviano nerviosismo flotaba en el aula. Al rato llegó el ayudante Ernesto Vázquez y enseguida Alfredo Castro quien saludó y, casi sin esperar respuesta, le pidió a un voluntario de la primera fila que tomara un papel y un bolígrafo, fuera al baño de hombres del primer piso y copiara cuatro graffitis de las ¿decenas? que decoraban las paredes de ese baño (“preferentemente que no contengan obscenidades”, aclaró); y que lo hiciera rápido. Luego, debajo del marco de la puerta, de espaldas al curso, aflojándose el nudo de la corbata, comenzó a charlar animadamente con el ayudante mientras, adentro, murmullo y desconcierto iban en aumento.

A los cinco minutos volvió el voluntario con la misión cumplida. Alfredo reprodujo las frases en el pizarrón con letra bien grande, giró y explicó la consigna: cada alumnx debía elegir dos frases del pizarrón y cuatro autores de la bibliografía, dos por cada módulo, confeccionando el parcial en ocho hojas diferentes. En cada hoja, con letra clara y en no más de veinte renglones (“no leo más de veinte renglones”, advirtió), cada autor seleccionado debía “decir algo” sobre cada una de las dos frases seleccionadas del pizarrón. O sea que nosotros seríamos los ventrílocuos de los autores elegidos. La modalidad era a libro abierto y se podía charlar pero en voz baja tratando de no molestar a los que preferían trabajar solos y en silencio. Cada hoja debía consignar el nombre y el dni de cada alumno y, en el escritorio, se recepcionarían formando montículos por graffiti ya que cada docente del cuarteto corregiría un graffiti para garantizar que nadie se haya copiado pero también para que la producción global de cada alumno fuera examinada desde varias perspectivas.

“No estamos interesados en saber la opinión de ustedes esta vez; sus opiniones se escucharon a lo largo de la cursada. Ahora queremos que ayuden a los autores a opinar sobre esas frases. Queremos que hagan hablar a los autores desde sus textos”, especificaron.

Durante las siguientes dos horas, mientras Castro y Vázquez charlaban bajo el marco de la puerta, ajenos a lo que acontecía a su alrededor, en el curso predominó un silencio compacto entrecortado por algunos cuchicheos y susurros.
En mi caso elegí “Seamos realistas, pidamos lo imposible” y “Si surfear no te hace sentir vivo, entonces estás muerto” y fui ventrílocuo de Mills, Gouldner, Marx y O’Donnel.

Ese parcial fue el hecho académico más divertido y desafiante que me ocurrió en ese primer año de cursada universitaria. Durante dos horas sentí una adrenalina linda, no la que sentía cuando rendía una prueba de análisis matemático en el secundario sino de esas que siento cuando estoy por empezar un picadito de fútbol con amigos. Mientras distribuía las ocho hojas en los pilones vi como la pelota ingresaba en el ángulo izquierdo mientras el arquero de Letras volaba inútilmente.

De Alfredo Castro no volví a tener noticias, no se si habrá recibido o no aclamaciones; pero debería saberse que sus decisiones sociológicas, pedagógicas y didácticas, la matriz de aprendizaje puesta en juego por él y su equipo me ayudaron, entre otras cosas, a comprender algo útil.

Minutos después, ancho de espíritu y suelto de cuerpo, caminando por Holmberg rumbo a Monroe para tomar el 93, ya me había transformado en estudiante de Sociología.




domingo, 23 de abril de 2017

Noventiadas III (El puente y la vida)





Buscando insumos para el tp "E-Vocación", abro la Unidad 1 de Sociología-CBC (Toer: 1995), y vuelvo a leer, 22 años después, aquel viejo chispazo:

“(…) Los hombres superan la tragedia cuando se utilizan totalmente, cuando utilizan lo que tienen y lo que son, sean lo que sean y estén donde estén, aunque para esto deban ignorar las prescripciones culturales o conducirse de maneras innovadoras, no definidas por sus roles. El sentido trágico no deriva del sentimiento de que los hombres están siempre por debajo de lo que la historia y la cultura exigen; deriva más bien, del sentido de que han sido menos de lo que podrían haber sido, de que se han traicionado innecesariamente a si mismos, de que han renunciado innecesariamente a realizaciones que no habrían perjudicado a nadie. La empresa sociológica, como otras empresas, adquiere un sentido trágico cuando los hombres sospechan que han desperdiciado su vida. (…) Como cualquier otro rol social, el rol culturalmente estandarizado del sociólogo puede ser concebido como un “puente” que facilita y restringe al mismo tiempo, ya que permite a los hombres “superar” ciertos obstáculos al precio de limitar el “otro lado” al que podrían llegar. Los roles sociales, además, son siempre puentes inconclusos invariablemente incompletos, que solo cubren una parte del abismo. Este carácter incompleto es el problema eterno, de modo que ni siquiera quienes respetan el puente pueden confiar totalmente en que llegarán sanos y salvos al otro lado. Respecto de esta situación pueden adoptarse un número limitado de actitudes. Alguien, por ejemplo, puede decir: Sea; si así son los puentes, debemos aprender a aceptarlos, por imperfectos que sean. De allí en adelante puede pasearse de un lado a otro por el trozo terminado del puente, sentándose a veces en el borde inconcluso para mirar hacía abajo. Otro, en cambio, dirá tal vez: Agradezcamos lo que tenemos, y retribuyamos a quienes lo construyeron continuando su labor, y agregando cada uno su modesto tablón. Quizá de vez en cuando descanse en el borde, con los pies colgados en el vacío. En ambos casos, no se puede menos que experimentar una sensación trágica, un triste deseo fantasioso de que las cosas no sean así.

Existe, sin embargo, otra posibilidad. Alguien puede sentir que hay una cosa indudable: el puente no estará nunca terminado, su vida seguramente si. Por ello, quizás se arriesgue a tomar impulso y saltar desde el borde inconcluso hasta la orilla que cree ver del otro lado. Tal vez haya visto bien y calculado adecuadamente sus poderes. Si es así, será aclamado. Pero acaso haya calculado mal lo uno y lo otro. Si es así, se mojará un poco. Quizás logre nadar de vuelta hacia la orilla, aunque no aclamado ni mucho menos. En todo caso, habrá comprobado hasta donde puede ver y hasta donde llegar con su salto. Y aunque no se vuelva a tener noticias suyas, quizás los que todavía vacilan en el borde aprendan algo útil." 

La crisis de la sociología occidental. Alvin Gouldner (Ed. Amorrortu; 1970)


viernes, 21 de abril de 2017

Noventiadas II (La Comuna de Sociales)




El 14 de mayo de 1999 a eso de las 20.00hs., en el marco de la Asamblea Permanente de Sociales, declarada días antes en respuesta a la advertencia del entonces rector Schuberoff de que el recorte de fondos dispuesto por el ministro Roque Fernandez dejaría sin recursos a la uba a partir de octubre, una asamblea multitudinaria reunida en la intersección de Corrientes y Ángel Gallardo, resolvió disolver el Centro de Estudiantes, por entonces en manos de Franja Morada, y declarar a esa Asamblea como órgano soberano de la representación estudiantil. De allí nos fuimos, algo incrédulos pero exultantes, hacía la recién inaugurada sede Parque Centenario, a darle operatividad a la módica Comuna de Paris que, sin querer, estábamos replicando.



Recién había ingresado a la carrera desde el cbc; recuerdo que subir las escaleras de Marcelo T sin entrenamiento específico en lucha libre demandaba una media hora por piso y que en el subsuelo había un bar decorado con retratos de Evita donde La Cullen servía guisitos nac&pop y agua de la canilla en coloridos vasos plástico que no veía desde 7mo grado; esa madrugada, en que mi primera revolución alumbró a metros de Burguer King para luego ingresar presurosa, armado de comisiones mediante, en su tediosa fase burocrática, supe, no se muy bien por qué pero lo supe intensamente, algo que el paso del tiempo confirmaría: que había elegido el lugar correcto para empezar a vivir la parte de la vida que se elige.




lunes, 3 de abril de 2017

Noventiadas I (Florecientes Fiestas Mayas)

Si tenés 41 y hacés limpieza en el fondo de los viejos cajones, te puede aparecer una noventiada como esta (de cuando Palermo era solo Palermo y un peso valía un dolar):



Las inocencias maculadas y las desesperaciones sin redención / las pasiones sin esperanzas y el encantamiento del abismo / el olimpo de los dioses / el rock / el tesoro de la juventud / los días por venir / la miel de los años mozos y el juramento en las entregas / la atracción fatal / los cánticos / los hábitos mal adquiridos / el cinocéfalo / el boogie / la fuente de juvencia y el oro de los etruscos / la temeridad de los bárbaros / el amor eterno y su eterna sordidez / la agonía y el éxtasis / la claudicación desvergonzada / las gotas del rocío / el peligro comunista / la pachanga / el paraíso perdido… todo eso y mucho más...



 florecientes fiestas mayas


(Incapaces de amar, abstenerse)