miércoles, 26 de septiembre de 2018

Comete esos miedos





Babosas  
(en Furia Diamante)

Valeria Tentoni (1985, Bahía Blanca)

Una noche se despertó porque escuchó ruidos en una de las ventanas del living. No era nada, claro. Pero estaba sola, de repente, en esa casa grande, y se asustaba por cualquier cosa. Antes de volver a la cama fue a la cocina para tomar un poco de agua. No llevaba puestos los anteojos y todas las formas eran manchas confusas, sombras escondidas en la sombra. Imaginó que eran las tres, cuatro de la mañana, porque venía de una extranjería espesa. Tenía los sentidos divorciados y le costaba dirigirse. El gato apareció a sus espaldas, se arqueó como si fuera a disparar una flecha con su estómago hacia el centro de la tierra. Ronroneó, confundido, reclamando el desayuno entre sus piernas, y estuvo a punto de hacerla tropezar.
Cuando abrió la puerta de la heladera y la pendiente blanca iluminó el rectángulo –los pisos verdes, la mesada de granito, la canilla y todas las otras cosas que pastaban en silencio–, vio una silueta oscura en uno de los azulejos celestes de la pared. Tenía que ir hacia ese lado para buscar un vaso. Iba a manotearlo de memoria del secaplatos, pero estaba tan contagiada del miedo con el que se había despertado, tan predispuesta a la desgracia, que prefirió ir a buscar los anteojos a la habitación antes de seguir. El gato se subió a la cama de nuevo. Ella volvió a la cocina y, con la aparición de los contornos, supo que se trataba de una babosa. ¿Había estado en el vaso ese molusco repugnante? Mejor no usarlo y mañana lavarlo bien. Agarró la botella de plástico cargada con agua de la canilla que había estado enfriándose en la heladera y se la llevó. Tomó del pico, cruzando el pasillo. Pensar que casi la había tocado sin querer la estremecía de asco. Que todavía estaba ahí. No había manera, le pareció, de que llegara muy lejos. Ya metida en la cama, entumecida, se dijo: lo mejor, me olvido.
Por la mañana no había nada a la vista. Le cargó el bowl al gato con alimento. Limpió con detergente el rastro de caramelo sobre la mesada, pasó lavandina. Y tuvo su día como otros días que tuvo antes y a la noche se fue a dormir pero tampoco pudo. Un asunto y otro se le venían a la cabeza, parecía que su cráneo fuera un pobre agujero negro. La misma gravedad que la mantenía estable, apoyada sobre la almohada, empezaba a comprimir las imágenes recibidas hasta que comenzaban a aplastarse. Quizás eran recortes que estaban en la cabeza de otra gente, y como esa gente sí estaba dormida se habían mudado a la suya, con toda esa electricidad disponible.
Se levantó para hacerse un té de tilo. Por las dudas se puso los anteojos, se calzó, encendió la luz de techo antes de entrar. Y mientras el fluorescente titilaba hasta tomar temperatura vio que había tres. La claridad cayó sobre la cocina con la contundencia de lo que completó sus posibilidades, y supo de inmediato que eso había estado pasando antes, pero que ella nunca se había despertado de noche hasta estos días, entonces no había podido enterarse.
Cuando él vivía en la casa ella dormía completamente abandonada, de corrido, hasta que sonaba el despertador de su teléfono celular. Y hasta se permitía ignorarlo. Su amor era el caparazón de esa tortuga mayúscula que sostiene a los elefantes que sostienen al mundo. Ahí estaba, sobre ese delicado tetris seguro, levitando de felicidad e inocencia. Ahora dejaba al gato adentro para que le hiciera compañía, aunque se despertara mucho antes que ella y la mordiera y la rasguñara para conseguir lo suyo y tuviera que sacarlo e interrumpirse. Y después ya estaba amaneciendo y al final ¿para qué el simulacro? No estaba menos sola por tener al gato adentro. Aunque ahora agradecía estuviera ahí y, de algún modo, esperaba su defensa. Si se comía las polillas y las moscas, quizás también pudiera salvarla de esto.
Distinguió una en un azulejo, ¿sería la misma? Estaba apenas más lejos de donde había encontrado a la anterior. Había otra sobre uno de los platos, barrefondo. Se prometió nunca más usarlo, reventarlo en el patio si era necesario, aunque fuera de él. Y la última, a la que casi confunde en la melange de piedras de la mesada, estaba a centímetros del microondas. No supo qué hacer. ¡Tres ya no eran una! Agarró un Raid y les dejó esa lluvia.
Al día siguiente no encontró nada. Supo que la cosa funcionaba así, solo de noche. Y que tenían dientes hasta en la lengua. A las tres de la mañana, después de calcular un tiempo prudencial para que sintieran la ficción de la intimidad, salió en expedición. Su número se había duplicado. Ya había otra trepando la alacena y hasta una haciendo equilibrio en un lado de la cuchilla que había dejado secándose.
Googleó, encontró: si se pone un vaso de cerveza, las babosas van a la levadura, idiotizadas por su deseo. Y mueren.
Así que compró cerveza. Tomó un poco esa noche, con el gato hirviendo en sus piernas, mientras miraba una de las películas que él le había vetado. Guardó bastante; en realidad nunca le había gustado la cerveza. Puso el vaso en el centro, frente al horno, sobre el piso verde y brillante de lavandina. Se durmió, esa noche no se despertó. El alcohol, o el sueño, o tanta cosa que venía encimándose. Al otro día se olvidó de su humilde trampa casera. Se levantó, no se puso los anteojos, fue derecho a la cocina para hacerse un mate. Al entrar pateó el vaso, descalza.
Ah, la repugnancia era eso. No era nada de lo otro.
Lloró un poco, no supo si por las babosas, por la casa, por él. Por ella. Lloró, al final, un rato largo, como si estuviera entretenida con eso o el llanto fuera una especie de celebración acuosa. Quizás estaba feliz de tener una excusa más pequeña para estar triste. Algo que no fuera, por un momento, su estúpido corazón caído desde la altura.
Esa noche, cuando se despertó a inspeccionar, encontró una decena. ¿El ataque las había multiplicado o habían convocado a su ejército secreto? ¿De dónde salían tantas, cómo se reproducían tan rápido? Había largos cuerpos húmedos y robustos aquí y allá, en posiciones extravagantes, retadoras. Sintió que enloquecía de asco. Tomó un paquete de sal de la alacena y, sin discriminar ni apuntar, empezó a agitarlo. Una nieve impalpable crucificó a varias, pero no a todas. Las babosas empezaron a derretirse y ella sintió su estómago estrujarse ante el deshielo pringoso.
No quiso limpiar entre las vivas a las muertas. Se fue a dormir. Cerró la puerta de su habitación, se quedó con el gato adentro. En su cabeza funcionaba: si me duermo todo se muere un rato y yo también, el mundo queda petrificado por mi ausencia, y mañana quizás algo habrá arreglado la noche por mí.
De esa manera también había pensado cuando él estaba todavía con ella, en la casa grande que habían arreglado y pintado y ordenado juntos. La casa que habían llenado de objetos maravillosos que ahora la miraban como miran los ojos de vidrio en las cabezas de los animales embalsamados que alguna gente cuelga de las paredes. Solamente ahora le parecían, al fin, cosas sin respiración. Y más vivas le parecían, entonces, las babosas invasoras con su lenta vehemencia putrefacta.
Aguantando las arcadas se puso guantes, pasó más lavandina, usó el lampazo, el trapo rejilla. El gato husmeaba, esperaba encontrar algo de provecho. Desinfectó. Empezó a abrir todos los compartimentos de la cocina, uno por uno. Revolvió ollas, platos, tuppers, frascos, paquetes. El gato se metió en esos escondites, feliz. Salió sin noticias, como quien vuelve de vacaciones. ¿De dónde venían? ¿Dónde pasaban el día las babosas? ¿Cómo llegaban a la cocina? ¿O ya estaban ahí, pero ocultas, camufladas, mientras ella andaba haciendo ruidos, movediza, y el sol distribuía sus apariciones por las ventanas? Quería encontrar el origen, la cafúa. No pudo.
Pasaron así los días. Uno atrás del otro, y todos se parecían entre sí. Cada vez que abría la puerta de entrada esperaba encontrarlo adentro. Cuando descubría que no, sentía como si un martillo la hundiera en el suelo de un solo golpe, la aplanara en la superficie. Lloraba colgada de sus camisas, de las cortinas, con la nariz metida en la tapita del perfume que se había dejado. Abrazaba los sacos en las perchas del placard –estaban casi a la misma altura que había estado él todos esos años, recibiéndola con amor–. Hablaba con el gato, hablaba sola. Los vecinos le hacían preguntas crueles, aunque ¿hay alguna pregunta, en el fondo, que no sea un acto de crueldad, una prueba de resistencia? Ella los escudriñaba al mediodía, miraba los autos pasar, el colectivo pasar, el sol pasar, las nubes pasar. Se tumbaba boca arriba en la cama grande y sentía cómo le crujían las sienes, viejos escalones de madera por los que subían sus fantasmas. Ensayaba conversaciones y se llenaba de ira. Se enojaba para poder salir del dolor.
Solamente de noche volvía a pensar en las babosas. A levantarse y constatar, sin fuerzas ya para intentar nada. Eran cada vez más. El gato gruñía frente a ellas, le temblaba la mandíbula; lo había visto así una vez que trajo de ofrenda una paloma que logró matar en los techos y escondió detrás de una planta del cantero. El la había sacado, con una bolsa, tirando del ala sangrienta. Pero no hacía nada más que eso, ¿qué iba a hacer un gato contra unas babosas? Ella tampoco hacía nada mejor.
Cada noche habían doblado una y otra vez su número. Ahora ya no podía contarlas. Habían cobrado la forma comunitaria de una marea y llegaban hasta la mitad de la cocina, por el piso y por los azulejos. Apiladas, daba la impresión de que estuvieran por hablar, todas a la vez, para decir una sola palabra, quizás un nombre. Le parecía impresionante que tamaña formación no emitiera sonido alguno. Pensó en insistir con la sal, pero ya sabía lo que le esperaba, si lo hacía, al día siguiente. Pensó en llamar a alguien pero en verdad no quería hablar con nadie, ni siquiera para dar instrucciones. Se preguntó de nuevo, durante el día, dónde se metían tantas babosas. Revisó. Nada por aquí, nada por allá. Pero de día igual todo era distinto, su cabeza estaba ocupada por el holograma de la última vez que lo había visto, de espaldas, en el jardín. ¿Por qué la había abandonado así la belleza?
Había cosas de lo más ridículas de las que ocuparse, como las cuentas y el alquiler y los arreglos y el futuro y el horóscopo, tan ominoso últimamente, y los consejos que llegaban en racimos de inutilidad, y los mensajes de los amigos, que eran pésames encubiertos, y las empleadas de la panadería de enfrente que la acorralaban con sugerencias. Así y todo ella se levantaba a controlar, quería conocer los bordes del infierno que se expandía en su cocina. Dibujaba rayas con labial en el piso, como se dibuja la altura de los hijos a medida que crecen en las paredes. A la noche siguiente eran muchas más, la línea carmesí ya había sido sepultada por la ola. La cocina era una gran mancha oscura de petróleo amarronado, un río oleaginoso que lo ocupaba todo, hasta el techo. Ella se ponía delante y miraba los escalofríos de esas vidas y sus antenas, el relieve de sus escudos blandos. El conjunto daba la impresión de ser un enorme animal estancado. Había una voluntad más eficiente que la de cada una de esas gelatinas por separado. ¿Qué hacer? No sabía qué hacer y entonces no hacía nada.
Una noche vio que habían llegado al comedor, que ya iban sobre las sillas y la mesa. Lloró un poco, pero como lloraba todo el tiempo se volvió a acostar. El gato, arremolinado a sus pies, ya ni siquiera se despertaba en sus reconocimientos. Por la mañana, de nuevo, nada. Se hizo un mate, caminó por los cuartos ahora vacíos. Regó las plantas. Nada.
Días después el avance registrado incluía el living pero, como el agua cuando inunda, la corriente hace recorridos caprichosos y en vez de llenar ese gran espacio giraron, inesperadamente, hacia el pasillo que daba a la habitación. El había venido ya a llevarse los muebles, a embalar todo lo que se escondía en los cajones. Se había llevado, por ejemplo, las camisas que abrazaba y algunos de los objetos maravillosos. Ella hacía listas mentales. Había blancos por toda la casa. Donde habían estado los sillones, la mesita, el gran televisor heredado o la magnífica lámpara de bronce, ahora había una transparencia inquietante. Ella miraba de frente las cosas que ya no podía tocar y no salía de su asombro. El gato estaba confundido. Maullaba reclamando el sillón en el que se pasaba las tardes holgazaneando. Ella maulló también un poco, por probar algo, pero nada de lo que se llevaron volvió a aparecer en su lugar.
Para cuando tuvo otra vez energía suficiente como para controlar a las babosas en medio de su sueño, las más corajudas estaban lamiendo la puerta de la habitación. Se puso delante y vio que, hacia atrás, los encastres eran demenciales. Las babosas llegaban al cielorraso, y el declive empezaba a pronunciarse en la puerta del comedor, en su dirección. Eran más que el aire, pensó. Levantó apenas la persiana, abrió la ventana para que entrara el fresco y se volvió a acostar. ¡Eran tantas! ¿Qué querían? ¿Hasta dónde pensaban ir?
De día, todo seco. Casi limpio. Pasó lavandina igual, se gastó el tarro. Hizo las compras entonces. Trajo también frutas, vino, pan, queso. Cosas así trajo y las acomodó en la heladera. Alimentó al gato.
Cada noche observó, serenamente, cómo corrían su límite. Levantó todo del piso, ordenó los zapatos. Puso ropa a lavar. Barrió debajo de la cama, vio que había mucho polvo, ¿desde cuándo había tanto polvo y de dónde salía, también, el polvo? ¿Quién lo hacía y dónde, quién lo dejaba caer entre las personas y los muebles y las babosas? Encontró tres monedas. Las apiló, por darles algún sentido. Se preparó, no podía pasar otra cosa.
Esa noche se levantó y vio que estaban al pie de su cama. Ella estaba cruzada, ya no respetaba su lado. Dos días después todavía reptaban pero ya cubrían toda la superficie del suelo. Eran pisos flotantes, los habían elegido juntos. De una madera clara, luminosa, para que rebotara el día. ¿Se iban a arruinar? No podían mojarse, de mojarse se arruinarían. Se levantarían, en efecto cascarita. La humedad les hacía mal, se los habían advertido bien. Y ya no estaban en garantía. Desde la cama podía ver el océano mucoso. Esa noche el gato no durmió, se la pasó gruñendo.
Ella sí. Ella durmió.
Eran las cinco cuando se despertó, afuera empezaba a desteñirse la oscuridad. ¿Se había levantado por la mañana, por la tarde? No estaba segura. ¿Hacía cuánto que dormía? Como fuera, lo que tenía que ocurrir había ocurrido: una babosa estaba, al fin, trepando por la cama. Le pareció que ya era momento, que ya estaba bien.
La tomó de la cola, abrió la boca y se la tragó. Se felicitó por haber descansado así de bien la noche anterior. Tenía mucho trabajo por delante todavía.

sábado, 18 de agosto de 2018

¿Cuál 2019?




Me vino a la memoria este viejo posteo: click.
Lo recordé hace un rato mientras leía a Huergo putear a Macri por la "cabriola mortal" que hizo para no alterar el cronograma de reducción de retenciones a la soja... alterándolo. Puteada tranqui... cómo cuándo puteamos a un amigo que se mandó un moco pero al que igual queremos y bancamos... pero puteada al fin. Esa nota me recordó las palabras de Grobo hace algunas semanas con Fantino: "No nos están beneficiando; más bien dejaron de cagarnos". 
Supongamos que en 2019 un peronismo productivista mercadointernista no k enfocado en sostener el empleo ordenando, tras esa meta, todos los demás renglones del programa, recupera el gobierno.  
Ese hipotético gobierno encontrará, además de casi todos los problemas coyunturales y estructurales que dejó Cristina, cuatro problemas/obstáculos que no existían el 10/12/2015 y que, de conjunto, constituyen, ahora sí, un auténtico Plan Bomba ideado para condicionar al próximo gobierno reduciendo sus márgenes de maniobra asumiendo que ese gobierno, más allá de quien lo encabece, será de distinto signo:

-1: Endeudamiento externo en dolares superior al 50% del PBI; y caro.
-2: Programa de financiamiento acordado, y en proceso de ejecución, con el FMI.
-3:
Baja de Ingresos Brutos.
-4: Baja de Retenciones.

Si el 1 y el 2 involucran actores "externos" (tenedores de bonos, fondos de inversión, el propio FMI y sus países miembros) o internos netamente corporativos (bancos, fondos comunes) escasamente aptos para despertar solidaridades y simpatías en la ciudadanía de a pié; y el 3 puede resolverse fácilmente renegociando el pacto fiscal con gobernadores ávidos de recursos fáciles de recolectar, el problema 4, en cambio, plantea el mismo desafío que planteó el conflicto por la Res.125 en 2008: se trata de lidiar con actores locales capaces y con vocación de politizar sus conflictos con el Estado interpelando, despertando identificación y movilizando en su defensa amplios y heterogéneos sectores sociales tanto metropolitanos como desplegados en la vasta ruralidad.

Sin dudas este último será el problema que mayor creatividad y recursos políticos exigirá a una gestión de gobierno que deberá desarmar una trampa orientada a forzar la desactivación de la bomba mediante un programa dolarizador que liquide, para siempre, la irritante utopía populista resumida en la santísima trinidad peronista: alcanzar la justicia social mediante el ejercicio de la soberanía política y la independencia económica.

A eso vino Macri; ese es su proyecto político. El suyo y el de la Embajada.


  

El Campo
Desde la 125 el campo espacio nacional, popular y democrático tiene en su lista de pendientes abordar esta piedra en el zapato, que no solo llegó para quedarse sino que cada vez cobra más importancia y complejidad. Diez años después de aquella derrota va siendo hora de dar por superado el estrés post traumático y pensar fríamente.
El Campo no existe; todos los sabemos. Existen Ruralidades diversas, fuertemente estratificadas y heterogéneas que solo adquieren aparente homogeneidad y unidad política y simbólica en contraposición con la Metrópolis y sus agendas prejuiciosa y astutamente asociadas al gasto estatal improductivo, a las prebendas y el clientelismo. Cómo si los millones que migraron a los tres grandes suburbios nacionales durante los últimos cuarenta años hubieran llegado de Marte. Pero en las ruralidades no se le retiene el pasaporte a nadie; una vez que el expulsado se fue a buscar un destino en alguna villa de algún conurbano se transforma, automáticamente, en un fenómeno intrínseco. Sin historia, sin trayectoria, sin genealogía. Un fenómeno conurbánico. Y las ruralidades rechazan financiar lo ajeno especialmente si es improductivo. Su argumento principal es: cuando el Estado "le saca la pata de arriba", El Campo responde invirtiendo y produciendo saltos de escala que derraman no solo en las ruralidades sino en el conjunto de las economías locales mediante variadas estrategias de re inversión de utilidades. Cómo, por ejemplo, comprar deptos desde el pozo en Nuñez o Caballito para cuando lxs pibxs crezcan y vayan a estudiar a capital. Etcétera. Ese es el programa de las altas burguesías dominantes en las ruralidades: transformar ganancias agropecuarias extraordinarias en bienes raíces y, luego, real estate en activos financieros. Es un lindo programa. Es cierto: es un programa al que le sobran unas veintipico de millones de personas; pero centremos la atención en las otras casi veinte millones que, desde las ruralidades e incluidas en sus mecanismos de acumulación y derrame, defienden ese programa con uñas y dientes: se expresan, se movilizan y votan en su defensa.

Agendas
Esas personas y sus representaciones políticas, sociales, institucionales, corporativas, etc. tienen una agenda defensiva y otra reivindicativa pero, ambas, se presentan disociadas

La agenda defensiva es, esencialmente, la que cristalizó en 2008: no suba/baja/eliminación (según coyunturas y precios relativos de los diversos comoditis) de retenciones. Esa agenda es exclusiva y endogámica: convierte esa pluralidad y diversidad de personas en El Campo

La reivindicativa es similar a la que tiene cualquier otro ciudadano del país: servicios e infraestructura. Si el vecino de Caballito exige que tapen los baches de Acoyte o que asfalten Alberdi en las ruralidades exigen que la Ruta 3 se convierta en Autovía. Si los vecinos de Ituzaingó reclaman el saneamiento del arroyo Forletti los de las ruralidades reclaman la Hidrovía para la Picassa.
Ambos sub-conjuntos de reivindicaciones (rural y metropolitano) son legítimos y atendibles pero entre ellos hay una diferencia: los servicios e infraestructura de las ruralidades son muy caros en relación a la cantidad de personas que se benefician de ellos. De hecho en un país como el nuestro, extenso y poco poblado, la infraestructura es carísima porque es difícil de amortizar, verificándose históricamente una tendencia a la centralización de la inversión en grandes obras de infraestructura en las grandes ciudades reforzándose, de este modo, a su vez, la tendencia a retroalimentar el círculo que empuja la híper concentración demográfica. 

Así, la disociación consiste en que por un lado no se quiere poner y, por el otro, se exige recibir.

Del Campo a las Ruralidades
Un gobierno popular, productivista y mercadointernista necesitará re vincular funcionalmente las agendas defensiva y reivindicativa de las ruralidades aflojando el nudo que mantiene artificialmente abroquelado el programa del Campo que es, en verdad, el programa de la alta burguesía agropecuaria diversificada y financierizada. Las Metrópolis necesitan una alícuota mínima de "soja-dolares" para sostener los entramados industriales ineficientes pero trabajo intensivos proveedores de gobernanza. Eso más algo de proteccionismo y un tipo de cambio probablemente desdoblado debería alcanzar para sostener y promover el desarrollo sustentable de la Argentina Metropolitana integrada por capas medias cosmopolitas onegeístas, proletariado suburbano cegetista y economías populares de subsistencia cetepistas.

A las Ruralidades y sus casi veinte millones de personas hay que proponerles un trato: retenciones a cambio de infraestructura, fomento y servicios. La educación y la salud son derechos universales que el Estado tiene que brindar a todxs por igual. Pero ¿quieren autovías, mejora de caminos rurales, rutas en buen estado, puentes, viviendas, cloacas, agua corriente sin arsénico, gas de red, fibra óptica, trenes de carga, obras hidraúlicas e hidrovías, puertos, terminales y dragados, aviones hidrantes, patrullas rurales, flete, logística y gasoil baratos, investigación académica y tecnología agropecuaria, créditos blandos, desgravaciones impositivas y asistencia técnica? Bien, discutamos de donde sale la plata. Mejor aún que reclamar la reposición del Fondo Solidario: propongamos un Fondo de Desarrollo y  Promoción de las Ruralidades integrado por los propios actores de esas Ruralidades y que se financie con una alícuota que se obtenga de las propias rentas agropecuarias. El Estado clientelar y prebendario no toca un peso/dolar (pero tampoco pone un centavo); ese Fondo recauda, asigna prioridades, licita, ejecuta, controla y rinde cuentas a una Comisión Bicameral (o algo así). Obras y servicios de Ushuaia a La Quiaca.
Las altas burguesías rurales sin dudas se opondrán; ¿lograrán sin embargo, para enfrentar un esquema de este tipo, arrastrar a las demás fracciones en favor de su agenda defensiva o veremos por fin, diez años después, desarrollarse un sistema de fisuras y rupturas que liquiden el artificio Campo que mantiene obturado el camino del desarrollo nacional?

 ***


Quien quiera gobernar la próxima etapa sin fungir de empleado de Clarín y la Embajada deberá poder desactivar la bomba macrista cortando en el lugar justo el cable correcto.

Cómo en 2008 (y hasta que Vaca Muerta madure si es que lo hace antes de los próximos 15 años), la apropiación de la renta extraordinaria originada en las ruralidades sigue siendo ese cable; nuevamente habrá que decidir cuándo, cómo y dónde cortar sabiendo que, esta vez, no habrá margen de error.-






sábado, 17 de marzo de 2018

Bergoglio fortalece su armado en La Matanza



Finalmente, después de varios meses de tensión y tironeos, Bergoglio intervino personalmente en la disputa entre La Carrillo, agrupación que conduce el pj de La Matanza, y el joven cura salesiano Nicolás "Tano" Angelotti por el control territorial del triángulo de Casanova, creando una nueva casa parroquial a su cargo con asiento en la villa San Petesburgo.

Angelotti, quien se inició en la villa 1.11.14 de la mano de "Pepe" Di Paola, donde desarrolló una notable labor que cambió, en pocos años, la fisonomía de ese gigantesco asentamiento en el sur de Capital, resume como pocos el modelo pastoral que proyecta el papado de Francisco
Y lo hizo mediante un armado territorial típicamente salesiano recolectando recursos financieros aportados tanto por la Sedronar, bajo la gestión del también salesiano y kirchnerista Juan Carlos Molina, cuanto del Pro tal y como fue reconocido el martes pasado por Marcos Peña en su informe al Congreso.

Estos antecedentes predispusieron mal al sector de La Carrillo más cercano al ex intendente Fernando Espinoza desde donde, apenás se concretó el desembarco del Tano en San Petesburgo, se generaron dos reacciones: presiones directas sobre Angelotti invitándolo a limitar y moderar el alcance de su actividad pastoral; y desafectación barrial de militantes del Movimiento Evita con fuerte y antiguo arraigo en Puerta, San Pete y 17M contratados por el municipio para diversas labores sociales y proclives a articular con el cura recién llegado, lo que condujo, en vísperas de las últimas elecciones, a una breve pero intensa crisis entre el ejecutivo municipal y la dirección provincial del Evita alineada con la candidatura de Florencio Randazzo. 

La respuesta de Bergoglio no se hizo esperar: legitimó el accionar desobediente de Angelotti ascendiéndolo a cura párroco reorganizando, de paso, el esquema de poder territorial del obispado de San Justo cuyo epicentro históricamente había sido la parroquia San Roque Gonzalez a cargo del Padre Bachi de villa Palito, muy vinculado a Juan Enriquez, también domiciliado en la Palito, principal referente del movimiento villero local y, aunque sin pertenencia orgánica a La Carrillo, a cargo, desde hace seis años, del organismo municipal responsable de la urbanización de las villas matanceras.

De este modo, la crisis política, originada entre 2013 y 2015 en las azoteas del poder, continúa derramándose escalando la temperatura de las disputas territoriales en cada rincón del conurbano.-



viernes, 16 de marzo de 2018

2019: siempre que llovió... ¿paró? (QHC/19)




San Luis, km 0

El viernes 16/03 los Rodriguez Saá montaron un show para comunicar una primera configuración, provisoria, del escenario 2019: un sector del peronismo, que ofició de anfitrión, acompañando a Cristina, y otro, ausente, proclive a impulsar otra candidatura que razonablemente sería la de Massa. Ambas candidaturas, parejas en las encuestas, aspirararían a un balotaje endemoniado que, según todas las encuestas, se derivaría de un triunfo ajustado de Macri en primera vuelta, reeditándose el escenario de balotaje que, en 2015, condujo a Cambiemos a la Casa Rosada. Massa, si lograra colarse, recolectando más votos que Cristina y a menos de diez puntos de Macri, sería consagrado presidente porque la mayoría de los votantes cautivos por Cristina estarían dispuestos a votar en segunda vuelta cualquier opción que saque a Macri del gobierno; Cristina, en cambio, sería probablemente derrotada por Macri en segunda vuelta mientras la mayoría de los votantes filo Massa continúen rechazándola. 

La huevería de los Rodriguez Saá 

Los Rodriguez Saá se ofrecen como articuladores, no de tal o cual fracción, sino de los re agrupamientos de amplio espectro que van formateando la organización del subcontinente peronista de cara a 2019; por eso ponen huevos en cada canasta: el Adolfo apadrinando las posiciones conservadoras (anti aborto, por ejemplo) filo Massa; y el Alberto impulsando la candidatura de Cristina y la suya propia, como vice. 

(Ahí tienen, escépticos: la minoría intensa puntana, descendiente del sinuoso anti-mitrista Juan Saá, poniéndose al hombro, como en Cepeda y Pavón, el reseteo de la organización nacional).


Ni

Menendez estaba ahí tanto como estará cuando se reúna, junto al Adolfo, el eje Uñac, Peppo, Schiaretti, Urtubey y Manzur; la fracción filo Massa del pejotapebea, que, articulada por el eje Merlo-Esteban Echeverria, hegemoniza la Primera Sección electoral, mantendrá la unidad formal con las fracciones matanzalomenses filo Cristina y hegemónicas en la Tercera, hasta último momento; luego llegará el tiempo de disputar el sello y los recursos reeditando una índole de contienda que probablemente nunca más vimos desde aquel 10 de julio de 1988 cuando Menem, con la intervención desequilibrante de La Matanza (Pierri) y Lomas de Zamora (Duhalde), le arrebató al cafierismo las pilchas que los ansiosos renovadores ya se habían repartido y probado.
Otro que estuvo por San Luis fue Moyano, quien necesitando, para defenderse, la mayor cuota de peronismo disponible, se mantendrá allí donde se configure esa cuota y le habiliten una silla; por ahora, y solo por ahora, ese lado es la vereda k bajo cuyo sol supo entibiarse y engordar.



El dinero no es todo... pero ayuda
El peronismo no-k, apadrinado, por ahora con desgano, por la fracción magnettista del grupo Clarín, buscará, a través de la candidatura de Massa, una reconstrucción del sistema de toma de decisiones económicas fundado por Macri pero re-incluyendo, aunque subordinadas, a las golpeadas fracciones manufactureras mercadointernistas filo Techint, para descomprimir las tensiones políticas y sociales que despiertan los efectos del programa monetarista y aperturista auspiciado por el angurriento complejo agro-extractivo-financiero expresado por Macri, Caputo, Etchevehre y Aranguren
Pero un proyecto presidencial requiere no solo voluntades sino también financiamientos. Y la mayor caja peronista la administra Cristobal Lopez



Por su culpa, esta tentativa ya exhibió la profundidad de sus contradicciones de origen, que brotan de la especificidad del programa económico administrado por Dujovne y Sturzenegger: la liberación, esta noche, de Cristobal López y, próximamente, de otros personajes también a cargo de las llaves de los cofres que atesoran los fondos de "el Partido", es decir, los administradores de la caja, simboliza el inicio de una nueva fase en la crisis de Poder abierta en 2013, y que sacó al peronismo del gobierno en 2015, porque insinúa la reticencia de grupos importantes dentro de la fracción massista a dejarse tutelar por Magnetto. La virulenta reacción del Grupo Clarín, tanto a esa liberación cuanto a la decisión de la Camara Federal de re-sortear el TOF que juzgará a Cristina en la mega causa de la Obra Pública (flojísima de papeles), advierte que el grado de autonomía y autarquía tolerado por Clarín/Pagani al proyecto Massa-2019, es igual a cero. 


El fallo de Lorenzetti, Maqueda y Rosatti, por su lado, empeora esas contradicciones anticipando los alineamientos que amaga adoptar la famiglia judicial.

Así las cosas, con una economía crujiente promoviendo fisuras en el frente patronal y el tablero electoral configurándose nuevamente en tres tercios con balotaje asegurado, queda pendiente responder una pregunta clave... ¿Qué hará Cristina en 2019?.-



lunes, 5 de marzo de 2018

Tal vez no comprendas nunca, VIDAL...




Del cole vengo bajando
Camino y piedra
Traigo enredada en el alma, VIDAL
Una tristeza.

Me acusas de no quererte

No digas eso
Tal vez no comprendas nunca, VIDAL
Porque me afilio.

Es mi destino

Tiza y pupitre
De un sueño lejano y bello, VIDAL
Somos Docentes

Por más que la dicha busco,

Vivo penando
Y cuando debo quebrarme, VIDAL
Sigo luchando.

A veces soy como el río

Llego cantando
Y sin que nadie lo sepa, VIDAL
Me voy llorando.

Es mi destino

Tiza y pupitre
De un sueño lejano y bello, VIDAL
Somos Docentes



jueves, 1 de marzo de 2018

Volver al futuro







1. Pasado

Entre 1981 y 1984, en la antigua Casa de Música & Cultura de Olivos, sobre la calle Ricardo Gutierrez, frente a la Plaza Vicente López, mientras reconocía los bordes ondulados de una guitarra y el parche tenso del bombo leguero, el violín, lejano y exótico, me despertó un entusiasmo súbito y precoz. A tal punto que anduve declarando, públicamente, que de grande sería violinero... o violinisto. No cumplí; pero durante los siguientes veinticinco años la idea me rondó. Mientras tanto el instrumento, cuándo sonaba, capturaba mi atención.

En 2008, por medio de una novedad llamada feisbuc, contacté a mis compañeros de la Escuela Primaria N°2 "Bartolomé Mitre" de Pelliza y Córdoba; en el primer intercambio de mensajes, María T., una compinche entrañable, me preguntó: "¿te hiciste violinista?".



Durante algún tiempo esa pregunta resonó con la intensidad y recurrencia de un mandato. Como si no hubiera recibido una pregunta sino un llamado de atención, o una orden. Después, la mudanza a Ituzaingó y el salto del pato hacia un abismo laboral apasionante pero febril, me tuvieron ocupado y un poco distraído.

En marzo de 2015 (nótese la lentitud de mis reacciones), comencé un taller de violín en la S.F. Laprida de Merlo con el profesor Martín; vecino de Ituza, obrero metalúrgico y violinero de conservatorio -un genio-, en un año me enseñó el abc. En 2016 el taller cambió de día y horario y lo tuve que dejar agregando a mi lista de pendientes las otras veinticuatro letras del abecedario musical. Durante dos años, con el violín recostado en el futón, cada tanto extraído de su estuche, afinado y entibiado, el interés sobrevivió.


El miércoles pasado llegué a casa y puse la tv pública; en el escenario de la Fiesta del Queso de Tafí del Valle, unos veinte niños y jóvenes violineros interpretaban Lágrimas de Los Tekis.



Al otro día, a la nochecita, me inscribí en la Escuela Taller de Arte y Artesanías Folclóricas de Haedo para cursar, desde marzo, el primer semestre de un plan de formación que se organiza en tres materias anuales durante tres años y que incluye práctica del instrumento pero también teoría, solfeo y lenguaje musical. El muchacho que me inscribió aseguró que a principios de la cursada hay unos veinticinco alumnos por profesor, pero que la asistencia suele declinar, en pocos meses, a la mitad. No pude evitar preguntarme en cual de las dos mitades me enrolaré en pocos meses.

2. Presente

Un rato antes, volviendo del centro hacía el oeste, observé, en la vereda del Parque Centenario, sentado sobre un banquito, a un muchacho cuarentón haciendo sonar una trompeta; se lo notaba concentrado pero relajado, tal vez feliz. El instrumento parecía una ramificación de sus manos. La música formaba a su alrededor una atmósfera alegre y ligera envolviendo, con cierta frescura, ese rincón del parque en esa tarde agobiante de febrero.

Con el muslo derecho apoyado en el borde del asiento de la bici, el pie izquierdo en el asfalto y la punta del derecho sobre el pedal, esperando que el semáforo del Marie Curie diera el verde, lo miré y pensé: ¿cuantas vidas diferentes podemos vivir a lo largo de una vida? ...sin llegar a experimentar la sensación frustrante de estar haciendo todo por la mitad. Richard Sennet, en "El artesano", advierte que "(...) es propio de la naturaleza humana creer que tenemos el deber de intentar todo aquello que parezca posible." 





En la ciudad moderna, en cada elección, trascendente o trivial, todos conocemos las opciones disponibles. Cada persona, cada vez que elige, es consciente de sus renuncias. Todo lo que dejó ir por elegir lo que eligió. Es inevitable que esta hiper conciencia urbana promueva una cultura humana melancólica y compulsiva. Desde las brumosas ciudadelas medievales, e incluso desde mucho antes, nos esforzamos por conquistar la ciudad cosmopolita, produciéndola, para ser mas libres pudiendo elegir entre un abanico de opciones cada vez mayor; casi infinito. Pero esa libertad, como casi todas, arrastró un ancla emocional que ilumina, en cada elección, la vastedad de nuestras renuncias. Todas las vidas que estando ahí, al alcance de la mano, tal vez nunca viviremos.


Conquistamos la modernidad urbana para vivir más años pero extrañando todo lo que, cada minuto ganado a la muerte, se revela para siempre inalcanzable. La comprensión del aislamiento y la barbarie como formas de vida -que, trabajosamente, dejamos atrás- nos provee felicidades fulgurantes pero intermitentes, ciclotímicas. El hombre primitivo quizás conoció felicidades menos intensas pero más consistentes, menos porosas. La felicidad de la inocencia; o de la desinformación. 


3. ¿Futuro?

El próximo 19 de marzo, el adulto que soy apoyará sus hojas pentagramadas en un pupitre de la Etaarf: ¿pretenderé retomar, en ese acto, el itinerario musical que, una tarde a fines del '84, junto a un ventanal que abrazaba los plátanos gigantes de la plaza, el niño que fuí, dejó inconcluso? ¿querré tocar el violín para volver a situarme en la perspectiva de aquel pibito de ocho años, para mirarme con sus ojos? ¿o será que, por medio del violín, vislumbro articular un lenguaje que le permita a este que soy dialogar con aquel que fuí treinta y cuatro años atrás? 




El pasado no vuelve y al pasado no se vuelve pero con pasadas siembras y cosechas se hizo la harina con que, ahora, amasamos el presente. Si para avanzar, a veces, miramos para atrás será porque algo inacabado quedó en el camino. ¿Qué será? 

Es difícil saberlo pero es probable que detrás de esas cuerdas que nos tironean suave pero constantemente, aceche, indócil, el ímpetu secreto de la vida.-


El ímpetu secreto




"Mil trescientos años y el mar median entre el destino de la cautiva y el destino del guerrero. Los dos, ahora, son igualmente irrecuperables. La figura del bárbaro que abraza la causa de Ravena, la figura de la mujer europea que opta por el desierto, pueden parecer antagónicos. Sin embargo, a los dos los arrebató un ímpetu secreto, un ímpetu más hondo que la razón, y los dos acataron ese ímpetu que no hubieran sabido justificar. Acaso las historias que he referido son una sola historia. El anverso y el reverso de esta moneda son, para Dios, iguales."





miércoles, 21 de febrero de 2018

21F: ¿Defensa o Ataque?



El profesor Juan Carlos Marín, en su ya clásico "Caderno 8" (La noción de polaridad en los procesos de formación y realización de poder), sugería, frente a un hecho políticamente significativo, guiar el análisis preguntándonos acerca de dos pares de atributos: ofensivo/defensivo; y estratégico/táctico.

En el posteo anterior ("Chocobar: nada de eso fue un error") dijimos que el gobierno de Macri, en diciembre, en la plaza del Congreso, comenzó a desplegar la defensa estratégica del régimen fundado el 23 de noviembre de 2015 por el partido del balotaje, al servicio del programa económico y el proyecto político de las elites (100 familias) y que, en apenas dos años, agotado, comenzó a derrumbarse agrediendo a su base electoral y persiguiendo y reprimiendo a los opositores. 


Hoy, en una 9 de Julio desbordada, bendecida por la silueta ferrosa de Evita, se inició la ofensiva estratégica del campo popular a cargo de su vector más dinámico: el movimiento obrero organizado con Moyano (Camioneros), Schmidt (Dragado), Clemente (Marítimos), Piumato (Judiciales), Plaini (Canillitas), Baradel (Suteba), Catalano (ATE), Palazzo (Bancarios), Marín (Telefónicos) y Arreceygor (Televisión) a la cabeza; y el cetepista movimiento de trabajadores desocupados y de la economía popular encabezado por Grabois (MTE), Menendez (Barrios de Pié), Alderete (CCC) y Pérsico (Evita). 


Quienes hoy estuvieron arriba y debajo del palco movilizando a sus organizaciones, agrupaciones, fracciones y tendencias dieron el puntapié al proceso de reagrupamiento de cuadros políticos, sociales y sindicales que intentará poner en marcha una estrategia de poder real, de aquí a 2019. La dirigencia partidaria, mayoritariamente peronista, tendrá, de acá en más, el desafío de darle, a su vez, a este proceso, traducción electoral. 


En muchos barrios, intendencias, agrupaciones, gremios, asambleas de base, durante estás últimas semanas, se debatió si había que marchar o no "detrás de Moyano". Las presencias que hoy acompañaron el impresionante despliegue de las grandes organizaciones convocantes, dieron cuenta del modo dispar en que esos debates fueron madurando. (Debates que, a partir de hoy, lejos de concluir, crecerán). 


Quienes estuvieron y/o recuerdan la marcha federal del '94 impulsada por la CTA (De Gennaro) y el MTA (Moyano&Palacios), recién constituídos, junto a la CCC (Perro Santillán) y el Frente Grande (Chacho Alvarez) para romper la impasse iniciada en la convertibilidad menemista, saben que los procesos de reagrupamiento, una vez que se inician, tienden a ampliarse y multiplicarse. 


Hoy un grupo de dirigentes decidió salir del encierro defensivista y pasar al ataque abriendo un camino de reagrupamiento, convergencia y lucha, heterogeneo y unitario, para barrer a las elites del gobierno en 2019. La famosa unidad de los que luchan. Porque como decía el cartel de un grupo de maestras del Suteba: Unidos somos invencibles.