sábado, 18 de agosto de 2018

¿Cuál 2019?




Me vino a la memoria este viejo posteo: click.
Lo recordé hace un rato mientras leía a Huergo putear a Macri por la "cabriola mortal" que hizo para no alterar el cronograma de reducción de retenciones a la soja... alterándolo. Puteada tranqui... cómo cuándo puteamos a un amigo que se mandó un moco pero al que igual queremos y bancamos... pero puteada al fin. Esa nota me recordó las palabras de Grobo hace algunas semanas con Fantino: "No nos están beneficiando; más bien dejaron de cagarnos". 
Supongamos que en 2019 un peronismo productivista mercadointernista no k enfocado en sostener el empleo ordenando, tras esa meta, todos los demás renglones del programa, recupera el gobierno.  
Ese hipotético gobierno encontrará, además de casi todos los problemas coyunturales y estructurales que dejó Cristina, cuatro problemas/obstáculos que no existían el 10/12/2015 y que, de conjunto, constituyen, ahora sí, un auténtico Plan Bomba ideado para condicionar al próximo gobierno reduciendo sus márgenes de maniobra asumiendo que ese gobierno, más allá de quien lo encabece, será de distinto signo:

-1: Endeudamiento externo en dolares superior al 50% del PBI; y caro.
-2: Programa de financiamiento acordado, y en proceso de ejecución, con el FMI.
-3:
Baja de Ingresos Brutos.
-4: Baja de Retenciones.

Si el 1 y el 2 involucran actores "externos" (tenedores de bonos, fondos de inversión, el propio FMI y sus países miembros) o internos netamente corporativos (bancos, fondos comunes) escasamente aptos para despertar solidaridades y simpatías en la ciudadanía de a pié; y el 3 puede resolverse fácilmente renegociando el pacto fiscal con gobernadores ávidos de recursos fáciles de recolectar, el problema 4, en cambio, plantea el mismo desafío que planteó el conflicto por la Res.125 en 2008: se trata de lidiar con actores locales capaces y con vocación de politizar sus conflictos con el Estado interpelando, despertando identificación y movilizando en su defensa amplios y heterogéneos sectores sociales tanto metropolitanos como desplegados en la vasta ruralidad.

Sin dudas este último será el problema que mayor creatividad y recursos políticos exigirá a una gestión de gobierno que deberá desarmar una trampa orientada a forzar la desactivación de la bomba mediante un programa dolarizador que liquide, para siempre, la irritante utopía populista resumida en la santísima trinidad peronista: alcanzar la justicia social mediante el ejercicio de la soberanía política y la independencia económica.

A eso vino Macri; ese es su proyecto político. El suyo y el de la Embajada.


  

El Campo
Desde la 125 el campo espacio nacional, popular y democrático tiene en su lista de pendientes abordar esta piedra en el zapato, que no solo llegó para quedarse sino que cada vez cobra más importancia y complejidad. Diez años después de aquella derrota va siendo hora de dar por superado el estrés post traumático y pensar fríamente.
El Campo no existe; todos los sabemos. Existen Ruralidades diversas, fuertemente estratificadas y heterogéneas que solo adquieren aparente homogeneidad y unidad política y simbólica en contraposición con la Metrópolis y sus agendas prejuiciosa y astutamente asociadas al gasto estatal improductivo, a las prebendas y el clientelismo. Cómo si los millones que migraron a los tres grandes suburbios nacionales durante los últimos cuarenta años hubieran llegado de Marte. Pero en las ruralidades no se le retiene el pasaporte a nadie; una vez que el expulsado se fue a buscar un destino en alguna villa de algún conurbano se transforma, automáticamente, en un fenómeno intrínseco. Sin historia, sin trayectoria, sin genealogía. Un fenómeno conurbánico. Y las ruralidades rechazan financiar lo ajeno especialmente si es improductivo. Su argumento principal es: cuando el Estado "le saca la pata de arriba", El Campo responde invirtiendo y produciendo saltos de escala que derraman no solo en las ruralidades sino en el conjunto de las economías locales mediante variadas estrategias de re inversión de utilidades. Cómo, por ejemplo, comprar deptos desde el pozo en Nuñez o Caballito para cuando lxs pibxs crezcan y vayan a estudiar a capital. Etcétera. Ese es el programa de las altas burguesías dominantes en las ruralidades: transformar ganancias agropecuarias extraordinarias en bienes raíces y, luego, real estate en activos financieros. Es un lindo programa. Es cierto: es un programa al que le sobran unas veintipico de millones de personas; pero centremos la atención en las otras casi veinte millones que, desde las ruralidades e incluidas en sus mecanismos de acumulación y derrame, defienden ese programa con uñas y dientes: se expresan, se movilizan y votan en su defensa.

Agendas
Esas personas y sus representaciones políticas, sociales, institucionales, corporativas, etc. tienen una agenda defensiva y otra reivindicativa pero, ambas, se presentan disociadas

La agenda defensiva es, esencialmente, la que cristalizó en 2008: no suba/baja/eliminación (según coyunturas y precios relativos de los diversos comoditis) de retenciones. Esa agenda es exclusiva y endogámica: convierte esa pluralidad y diversidad de personas en El Campo

La reivindicativa es similar a la que tiene cualquier otro ciudadano del país: servicios e infraestructura. Si el vecino de Caballito exige que tapen los baches de Acoyte o que asfalten Alberdi en las ruralidades exigen que la Ruta 3 se convierta en Autovía. Si los vecinos de Ituzaingó reclaman el saneamiento del arroyo Forletti los de las ruralidades reclaman la Hidrovía para la Picassa.
Ambos sub-conjuntos de reivindicaciones (rural y metropolitano) son legítimos y atendibles pero entre ellos hay una diferencia: los servicios e infraestructura de las ruralidades son muy caros en relación a la cantidad de personas que se benefician de ellos. De hecho en un país como el nuestro, extenso y poco poblado, la infraestructura es carísima porque es difícil de amortizar, verificándose históricamente una tendencia a la centralización de la inversión en grandes obras de infraestructura en las grandes ciudades reforzándose, de este modo, a su vez, la tendencia a retroalimentar el círculo que empuja la híper concentración demográfica. 

Así, la disociación consiste en que por un lado no se quiere poner y, por el otro, se exige recibir.

Del Campo a las Ruralidades
Un gobierno popular, productivista y mercadointernista necesitará re vincular funcionalmente las agendas defensiva y reivindicativa de las ruralidades aflojando el nudo que mantiene artificialmente abroquelado el programa del Campo que es, en verdad, el programa de la alta burguesía agropecuaria diversificada y financierizada. Las Metrópolis necesitan una alícuota mínima de "soja-dolares" para sostener los entramados industriales ineficientes pero trabajo intensivos proveedores de gobernanza. Eso más algo de proteccionismo y un tipo de cambio probablemente desdoblado debería alcanzar para sostener y promover el desarrollo sustentable de la Argentina Metropolitana integrada por capas medias cosmopolitas onegeístas, proletariado suburbano cegetista y economías populares de subsistencia cetepistas.

A las Ruralidades y sus casi veinte millones de personas hay que proponerles un trato: retenciones a cambio de infraestructura, fomento y servicios. La educación y la salud son derechos universales que el Estado tiene que brindar a todxs por igual. Pero ¿quieren autovías, mejora de caminos rurales, rutas en buen estado, puentes, viviendas, cloacas, agua corriente sin arsénico, gas de red, fibra óptica, trenes de carga, obras hidraúlicas e hidrovías, puertos, terminales y dragados, aviones hidrantes, patrullas rurales, flete, logística y gasoil baratos, investigación académica y tecnología agropecuaria, créditos blandos, desgravaciones impositivas y asistencia técnica? Bien, discutamos de donde sale la plata. Mejor aún que reclamar la reposición del Fondo Solidario: propongamos un Fondo de Desarrollo y  Promoción de las Ruralidades integrado por los propios actores de esas Ruralidades y que se financie con una alícuota que se obtenga de las propias rentas agropecuarias. El Estado clientelar y prebendario no toca un peso/dolar (pero tampoco pone un centavo); ese Fondo recauda, asigna prioridades, licita, ejecuta, controla y rinde cuentas a una Comisión Bicameral (o algo así). Obras y servicios de Ushuaia a La Quiaca.
Las altas burguesías rurales sin dudas se opondrán; ¿lograrán sin embargo, para enfrentar un esquema de este tipo, arrastrar a las demás fracciones en favor de su agenda defensiva o veremos por fin, diez años después, desarrollarse un sistema de fisuras y rupturas que liquiden el artificio Campo que mantiene obturado el camino del desarrollo nacional?

 ***


Quien quiera gobernar la próxima etapa sin fungir de empleado de Clarín y la Embajada deberá poder desactivar la bomba macrista cortando en el lugar justo el cable correcto.

Cómo en 2008 (y hasta que Vaca Muerta madure si es que lo hace antes de los próximos 15 años), la apropiación de la renta extraordinaria originada en las ruralidades sigue siendo ese cable; nuevamente habrá que decidir cuándo, cómo y dónde cortar sabiendo que, esta vez, no habrá margen de error.-