domingo, 3 de abril de 2016

¿Qué hará Cristina en 2017?





Cada dos años la disputa política se traslada a la arena electoral: en ella se organiza la batalla por los cargos electivos en juego. Esas bienales sirven para medir las construcciones y los liderazgos forjados previamente. 
Una intervención electoral puede responder a diversas motivaciones pero las fuerzas políticas, especialmente aquellas que ponen cargos en juego, buscarán allí preservar su capital y, en lo posible, incrementarlo a expensas de sus contrincantes. Los cargos en juego son lo más importante que se dirime en una contienda electoral. Esos cargos tienen una dimensión abstracta y otra concreta; la abstracta se refiere a la representación política cuya ampliación, estancamiento o reducción explicará el derrotero de la gravitación e influencia social de cada jugador respecto del/los electorado/s conformados y en proceso de conformación; la dimensión concreta se refiere a la cantidad de cargos en disputa y los nombres (mujeres y hombres) que aspiran a ocuparlos o retenerlos.

Bancas en juego
En 2017 las elecciones legislativas renovarán, a nivel nacional, un tercio del Senado (que en este turno involucrará, entre otras, las bancas de Buenos Aires, Jujuy y Santa Cruz) y la mitad de la Cámara de Diputados: se trata de 127 escaños de los cuales 35 corresponden a la nutrida bancada bonaerense cuyas boletas exhibirán, a su vez, la disputa por la estratégica legislatura local: 23 senadores y 48 diputados renovarán los cargos obtenidos en la elección que en 2013 consagró la fractura del peronismo provincial a partir del contundente triunfo del Frente Renovador por medio de la lista encabezada por Sergio Massa.

Con el peronismo fuera de la Casa Rosada podría suponerse que la lucha por las bancas provinciales respondería centralmente a estrategias locales. Que esas estrategias se están desplegando lo demostró la votación de la Ley Pro-Buitres; sin embargo esa misma intemperie explica dentro del peronismo bonaerense un desarrollo de ansiedades, rupturas y reagrupamientos que convierte la conformación de la boleta provincial en un escenario privilegiado de la disputa política nacional.  

Como los gatos
Si el movimiento obrero organizado suele dividirse cuando el peronismo partidario alcanza el poder unificándose en el ejercicio del gobierno, esa dinámica a menudo se invierte con el peronismo en el llano: mientras el sindicalismo peronista explora unitarismos más o menos orgánicos para disputar la centralidad del escenario político eludiendo la irrelevancia parlamentaria, el partido promueve su propia fragmentación creando las condiciones para el inicio de la disputa por la conducción orientada a la conformación y armado de las listas del siguiente turno electoral. Desde el llano el peronismo se predispone a escuchar solo la voz de las urnas. 

En la vastedad peronista (hoy surcada por tribus K, No-K y Anti-K) la pregunta que quita el sueño es ¿cuanto tiene realmente cada uno? La respuesta desde luego no es moral ni meritocrática; el desvelo pasa por ajustar los precios exigibles al valor real de cada armado y cada liderazgo. El punto de partida es el armado que cada liderazgo exhibe capacidad para retener y articular, concluida la etapa de subdivisión del patrimonio heredado de la derrota que emitió los tickets al llano; en este caso la de Octubre de 2015. Como decía Perón, igual que los gatos, el peronismo, cuando parece que pelea en realidad se está reproduciendo. O mejor: en el llano, se reproduce peleando.

Solos o mal acompañados
Para cada fracción unirse a otra/s supone un costo y un beneficio, una suma y una resta. Si una fracción evalúa que en soledad podría disputar con éxito entre 8 y 10 bancas dificilmente se una a otra que pide más lugares que los que puede adicionar con su propio volúmen electoral. En las presidenciales este criterio es relativo ya que a veces conviene ofrecer más para evitar que el potencial aliado engorde al enemigo a vencer, sobre todo cuando la disputa asoma pareja.

Pero en las elecciones de medio tiempo (cuando no se dirimen los ejecutivos) la propensión al acuerdismo tacticamente desventajoso es menor ya que los cargos en juego valen oro: en esos cargos se conchabarán los coroneles que los generales necesitan para organizar la batalla por la conquista de los gobiernos que sobrevendrá en el turno subsiguiente.

Los coroneles de Cristina  
Repasando el listado del Cuadro 1 resulta evidente que las piezas que Cristina pondrá en juego en octubre de 2017, aunque intercambiables por dirigentes equivalentes, son innegociables: Recalde, Conti, Kunkel, Di Tullio, Depetris, Cuto Moreno, Teresita Garcia, Carlotto y Cicogna avisan la dificultad del cristinismo para ceder lugares a fracciones peronistas hoy diferenciadas pero potencialmente aliadas.

Cuando las cabezas no están en discusión, abrir la lista, más allá del núcleo duro, sirve para ampliar el espectro de los que cuidan y empujan la boleta quizas sin profesar auténtico fervor pero motivados por las chances reales de acceder a cargo/s si la lista gana y se despega (en el sistema D'Hont la diferencia entre el primero y el segundo es clave para ampliar la conquista de bancas a favor del vencedor). Pero en elecciones de medio término, y especialmente si no se ejerce el gobierno, la lealtad con el proyecto político constituye un valor absoluto. Cristina no se puede dar el lujo de que emerjan nuevos bossios entre los que resulten elegidos en las próximas elecciones ya que esas personas deberán romperse el alma para recuperar el gobierno nacional en 2019.

Máximos y mínimos
Hoy la enorme bancada que el peronismo bonaerense deberá revalidar está coyunturalmente dividida en tres fracciones de similar tamaño: los K del FPV (9), los anti-K del FR (11) y los no-K de la CGT + el giustozzi-granadismo residual (8). Juntos reúnen 26 de los 35 diputados nacionales y 34 de los 48 legisladores provinciales en juego en la pba demarcando el cuadrilátero principal de la pelea electoral venidera porque esa contienda reactualizará el choque y la mutua esterilización que las fracciones pejotista y renovadora protagonizaron en 2015 habilitando el triunfo de Cambiemos

Ambos, Cristina y Massa, tienen claro que deben demostrarle al conjunto del peronismo que tienen un piso de votos propios que garantiza retener lo que poseen, y que a la vez pueden perforar ese piso con políticas de alianzas que recompongan volúmenes electorales capaces de conquistar fracciones del electorado que no los acompañaron ni en agosto ni en octubre. Tanto el FPV como el FR tienen, jugando solos, unas 10 bancas aseguradas cada uno para dejar a sus respectivos coroneles tranquilos y a la tropa ordenada. La pregunta que ambos se hacen es ¿cuales alianzas suman sin restar? Y a la vez ¿alcanza con no retroceder?

El PJ ¿sello o herramienta?
Por lo pronto el 8 de mayo el Congreso del PJ deberá elegir autoridades para evitar la intervención de la justicia electoral. Más que un partido, el PJ de hecho es una alianza. Si los acuerdos que requiere una lista de unidad partidaria se trasladaran a una eventual lista de unidad en las próximas elecciones, los K del FPV deberían resignar varios alfiles propios en los primeros 8/10 lugares con la promesa de que el volumen electoral que aportará la unidad partidaria permitará que esas personas no se queden afuera.

Sin embargo Cristina nunca vió al PJ como herramiento electoral y es poco probable que eso cambie en un escenario de voto electrónico: si su nombre o su madrinazgo garantizan el piso histórico que el kirchnerismo sacó en la pba aún en las peores circunstancias ¿para que abrir la lista a quienes solo buscan lugares en las listas? Cristina nunca será acusada de dividir al partido y entregarle el sello al enemigo pero dificilmente se subordine a una estrategia electoral que no sea la suya propia. Una lista K pura no ganaría en octubre próximo (no al menos a nivel nacional aunque podría hacerlo por escaso margen en la PBA) pero dejaría una fuerza parlamentaria consolidada, incluso en los concejos deliberantes, capaz de romper el delicado equilibrio de fuerzas que la mayoría de los intendentes no-K lograron después del último 10 de diciembre en sus distritos, y un dispositivo electoral autosuficiente para encarar 2019.  

¿Cristina conducción?
No sabemos qué estrategia desplegará Cristina en 2017 pero mientras Macri y Massa co-gobiernan una experiencia ideológicamente retrógada y antipática desatando sobre su base electoral un ajuste innecesario y salvaje que precipita sobre Cambiemos los primeros fragmentos de su propia mampostería, ella, desde un silencio cada vez más elocuente, aguarda, comprensiva, que el partido concluya sus rituales y liturgias sabiendo lo que todos los peronistas ansiosos por volver a gobernar saben y de a poco empezarán a decir en un tono de voz cada vez más audible: que la única dirigente peronista en competencia que nunca jamas perdió una elección con su nombre estampado en la boleta se llama Cristina Fernandez de Kirchner.-



Diputados Nacionales PBA. Evolución Votos y Bancas x Año según Clivajes electorales


Diputados Nacionales PBA. Desempeño x Año según Clivajes electorales