BAE. Lunes 18 de octubre 2010.
Se acerca una fecha especial para todos los vecinos de Ituzaingó. El 24 de octubre se cumplirán 138 años desde aquel dia de 1872 en que Mariano Acosta, gobernador de Buenos Aires, concretó mediante la firma de un decreto, el viejo sueño de don Manuel Rodriguez Fragio, consistente en fundar un pueblo en un gran descampado a mitad de camino entre las villas de Merlo y de Morón.
Aquel decreto pionero creó un pueblo fantasma. Primero se efectuó el acto jurídico fundacional, se definió la traza urbana, se demarcaron las plazas norte y sur, el centro cívico, se levantó la estación y luego, mucho después, fueron llegando los primeros pobladores a raiz de lo cual, recién en 1874, el tren se detendrá por primera vez en la flamante estación Ituzaingó del Ferrocarril Central del Oeste.
Sin embargo en el Ituzaingó contemporáneo, en el que conocemos, en el que vivimos, las cosas ocurren al revés: el Estado no llega antes, llega después, tarde, cuando llega. Porque en general, no llega nunca.
Ituzaingó dejó de ser el patio trasero de Morón conquistando su anhelada autonomia hace exactamente quince años. Leyeron bien: quince años. Desde entonces su población creció y con ella también se incrementó el complejo de problemáticas sociales y urbanas que demandan una fuerte y constante intervención estatal.
Hoy somos casi 200.000 mil los habitantes que convivimos con la pereza y el abandono de la gestión municipal en un distrito sin Hospital, con apenas un 10% de su población conectada al sistema de cloacas y agua corriente, con esquinas que se transforman en gigantescos piletones cuando caen dos gotas y arroyos de agua jabonosa escurriendo por los cordones y las cunetas durante todo el dia. Con un servicio de ambulancias privatizado compuesto por una flotilla de vehículos destartalados y carísimos. Con un flamante sistema de estacionamiento medido que solo puede imaginar como un modo de ordenar el tránsito alguien que en vez de ideas en la cabeza tiene metida una enorme caja registradora.
Sin cementerio. Sin un codigo que ordene la construcción en altura en el área central. Con una oferta cultural y educativa a la medida de un pueblo. Etcétera.
En fin, casi 140 años después que Fragio vislumbrara una ciudad pujante allí donde solo había un gran baldío, los habitantes de Ituzaingó empezamos a darnos cuanta que la autonomía por sí misma no resuelve magicamente todos los problemas. Hace falta una gestión de gobierno capaz de poner el esfuerzo estatal codo a codo con el esfuerzo titánico que dia a dia hace cada vecino para que Ituzaingó no se convierta en "un lugar para sufrir". Ese Estado, entre zombi y ausente, de una buena vez, tiene que ponerse de pie junto al vecino y ayudarlo a crecer.
Por eso, este finde, mientras la ciudad festeja un nuevo cumpleaños, en Las Heras 451 desde las 19 hs, inauguraremos el local que albergará el trabajo y la pasión de ese gran proyecto colectivo llamado Basteiro/Ituzaingó.
Ahí estaremos, comiendo empanadas y charlando sobre todo lo que vamos a hacer, sobre todo lo que viene. Ahí estaremos, empezando a re-encontrarnos.-

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