domingo, 23 de abril de 2017

Noventiadas III (El puente y la vida)





Buscando insumos para el tp "E-Vocación", abro la Unidad 1 de Sociología-CBC (Toer: 1995), y vuelvo a leer, 22 años después, aquel viejo chispazo:

“(…) Los hombres superan la tragedia cuando se utilizan totalmente, cuando utilizan lo que tienen y lo que son, sean lo que sean y estén donde estén, aunque para esto deban ignorar las prescripciones culturales o conducirse de maneras innovadoras, no definidas por sus roles. El sentido trágico no deriva del sentimiento de que los hombres están siempre por debajo de lo que la historia y la cultura exigen; deriva más bien, del sentido de que han sido menos de lo que podrían haber sido, de que se han traicionado innecesariamente a si mismos, de que han renunciado innecesariamente a realizaciones que no habrían perjudicado a nadie. La empresa sociológica, como otras empresas, adquiere un sentido trágico cuando los hombres sospechan que han desperdiciado su vida. (…) Como cualquier otro rol social, el rol culturalmente estandarizado del sociólogo puede ser concebido como un “puente” que facilita y restringe al mismo tiempo, ya que permite a los hombres “superar” ciertos obstáculos al precio de limitar el “otro lado” al que podrían llegar. Los roles sociales, además, son siempre puentes inconclusos invariablemente incompletos, que solo cubren una parte del abismo. Este carácter incompleto es el problema eterno, de modo que ni siquiera quienes respetan el puente pueden confiar totalmente en que llegarán sanos y salvos al otro lado. Respecto de esta situación pueden adoptarse un número limitado de actitudes. Alguien, por ejemplo, puede decir: Sea; si así son los puentes, debemos aprender a aceptarlos, por imperfectos que sean. De allí en adelante puede pasearse de un lado a otro por el trozo terminado del puente, sentándose a veces en el borde inconcluso para mirar hacía abajo. Otro, en cambio, dirá tal vez: Agradezcamos lo que tenemos, y retribuyamos a quienes lo construyeron continuando su labor, y agregando cada uno su modesto tablón. Quizá de vez en cuando descanse en el borde, con los pies colgados en el vacío. En ambos casos, no se puede menos que experimentar una sensación trágica, un triste deseo fantasioso de que las cosas no sean así.

Existe, sin embargo, otra posibilidad. Alguien puede sentir que hay una cosa indudable: el puente no estará nunca terminado, su vida seguramente si. Por ello, quizás se arriesgue a tomar impulso y saltar desde el borde inconcluso hasta la orilla que cree ver del otro lado. Tal vez haya visto bien y calculado adecuadamente sus poderes. Si es así, será aclamado. Pero acaso haya calculado mal lo uno y lo otro. Si es así, se mojará un poco. Quizás logre nadar de vuelta hacia la orilla, aunque no aclamado ni mucho menos. En todo caso, habrá comprobado hasta donde puede ver y hasta donde llegar con su salto. Y aunque no se vuelva a tener noticias suyas, quizás los que todavía vacilan en el borde aprendan algo útil." 

La crisis de la sociología occidental. Alvin Gouldner (Ed. Amorrortu; 1970)


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