jueves, 12 de agosto de 2010
Si no lo viste, perdiste
"(...)La controversia de las elites tampoco es un mero ejercicio retórico. El cruce de chicanas que deleita a los medios constituye apenas la apariencia. Su naturaleza es otra: se trata de una batalla por el poder económico y simbólico en la que se usan distintos métodos y mañas que, la mayor parte de las veces, permanecen disimulados.
Si bien no es novedoso lo que nos ocurre, acaso sí lo es el modo en que ocurre. La ciencia social enseña que la acción humana es impulsada por intereses materiales e ideales en una sociedad estratificada en clases económicas y estamentos. Bajo tales condiciones se construye el sistema de poder. En el curso de esa construcción se suscitan los conflictos. Ellos adquieren a veces la forma de una contienda hegemónica, cuyo objetivo es el dominio político, económico y cultural de una fracción sobre el resto; en otras ocasiones, es un debate democrático en torno al reparto relativamente equitativo del poder y la influencia.
Según aprendimos y constatamos, el combate que libran las elites argentinas es por la hegemonía. Y su persistencia no se origina en un capricho neurótico, sino que expresa una fuerte concentración de actores y un encadenamiento de empates en la cima del poder, como lo han señalado sociólogos e historiadores.
Esta querella se potencia ahora bajo nuevas circunstancias. Innovaciones tecnológicas y productivas y una ventajosa inserción en el comercio internacional transforman al país. Surgen nuevos actores políticos y económicos. La estructura del poder está mutando.
Este cambio ocurre en una época de anomia global. La fragmentación del poder mundial, el surgimiento exponencial de China y otras naciones, la caída de las certezas de la teoría económica, configuran un nuevo escenario controversial y poco previsible que no se deja atrapar con facilidad por ninguna teoría.
El matrimonio Kirchner alcanzó la cima bajo condiciones económicas excepcionalmente favorables en un mundo anómico. No es un detalle menor. Administra, por primera vez en muchos años, un Estado con fuerte capacidad de acumulación y dispone de un relato impensable hace apenas una década. Gobierna con ventajas inéditas y las potencia con políticas expansivas. Dispone de un amplio margen para la transgresión y la irresponsabilidad.
Debe observarse, sin embargo, que los Kirchner luchan por la hegemonía con herramientas desconcertantes: retórica popular, algunas políticas progresistas, cierto cuidado de las cuentas fiscales, desinterés republicano, transparencia electoral, manejo discrecional de recursos, planes sociales, concentración de las decisiones y astucia. Además, abrevan en la discusión académica mundial posterior al consenso de Washington. Basta leer a Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, y a los premios Nobel Joseph Stiglitz y Paul Krugman, entre otros, para comprobar que el discurso y determinadas decisiones de este gobierno no son excentricidades. (...)". Seguir leyendo.
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A mí me hizo particular ruido la siguiente frase: "[Los conflictos] adquieren a veces la forma de una contienda hegemónica, cuyo objetivo es el dominio político, económico y cultural de una fracción sobre el resto; en otras ocasiones, es un debate democrático en torno al reparto relativamente equitativo del poder y la influencia."
ResponderEliminarMe pregunto en qué país del mundo existen los debates "democráticos" que propone este señor, tan inofensivos, donde claramente se da por sentado que el reparto del poder y la influencia ocurre en una sociedad donde todos los demás capitales, materiales y simbólicos, están también distribuidos de un modo "relativamente equitativo". ¿No?
En realidad no, farolito. La hegemonia no siempre esta en disputa, de hecho la mayor parte del tiempo no lo esta. En este sentido Argentina es un caso atipico por la reiteracion y prolongacion de sus crisis hegemonicas o crisis organicas, pero el analisis de Fidanza no opera desde la especificidad argentina sino desde cierto estandar capitalista y occidental a la luz de la cual, el caso argentino es claramente una anomalia. Al fin y al cabo la queja de Fidanza chorrea ideologia pero eso no le quita validez.
ResponderEliminarPor otro lado (y yendome un poco de tu planteo), para que halla una hegemonia disputada tiene que haber una fuerza social hegemonica que se ve incipientemente enfrentada por otra fuerza social cuyo proceso de constitucion presupone el debilitamiento de la FSH. Esto (como te decia antes) es raro que pase porque la FSH tiene a cada momento un sin fin de chances de impedir que las fuerzas politicas que la impugnan convergan en la constitucion de una FS contrahegemonica (desde la represion hasta la cooptacion y miles de modalidades intermedias). Que deje pasar todas y cada una de esas chances requiere poco menos que un milagro (otro famoso milagro argentino!).
No, pero sí, Benito. Justamente mi crítica a Fidanza es esa, que no parte de la especificidad argentina sino de la generalidad abstracta "occidental y moderna".
ResponderEliminarEl segundo párrafo no te lo entendí. Lo voy a volver a leer cuando regrese de mi caminata. Taluego!
Bueno Flor, vos preguntaste "en qué país del mundo existen los debates 'democráticos' que propone este señor?". A lo que yo conteste: en casi todos casi todo el tiempo. Fidanza exige un capitalismo normal. Estoy escribiendo un post sobre eso.
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