El Pueblo habló ¿qué dijo?
En 2023, para terciar en las disputas que desde hace al menos diez años tienen paralizado el proyecto capitalista nacional (click), la Sociedad, el Pueblo, colocó en la Casa Rosada un freaky ajeno al establishment político responsable de más de una década de estancamiento económico y pauperización social y laboral, que exhibió en campaña una serie de rasgos distintivos:
-Finanzas: austeridad fiscal;
-Economía: exaltación de la iniciativa privada;
-Estado: rechazo de una estatalidad descalificada por woke (click), ineficiente y colonizada por sectas promotoras de amiguismo, nepotismo y corrupción;
-Gobierno: reafirmación del poder y decisionismo presidencial respecto a lobis y corporaciones;
-Seguridad: punitivismo manodurista;
-Defensa: reivindicación de las FFAA.
-Geopolítica: unilateralismo pro-Otan.
La Sociedad, el Pueblo, resolvió lanzando el dardo en una dirección concreta, pero sin dar en el blanco porque esa precisión, en democracia, la proveen, interviniendo, ciertos cuadros políticos, o cuadros políticos disponibles en una cierta cantidad y calidad que, hasta ahora, el proyecto nacional conocido como Argentina no parece disponer. Ese dardo impreciso surcó zigzagueante el espectro político y terminó clavado en la frente de Javier Milei, confirmando una vez más que la culpa no suele ser del chancho.
La Sociedad, el Pueblo intuyó y marcó una orientación general para zanjar la crisis y destrabar el empate. Es decir, hizo su parte. Pero el sistema político no logra ejecutar una traducción precisa de aquellas directivas dejando en manos de un elenco políticamente no alfabetizado y emocionalmente inestable el arbitraje de las contradicciones y fracturas internas entre las diversas fracciones y grupos que hegemonizan y dominan la plataforma local del capitalismo global, exacerbándolas.
Lenguaje de señas
La inviabilidad económica lleva a la inviabilidad institucional. Dicho de otra manera: sin un proyecto capitalista nacional viable, se torna inviable cualquier pretensión estatal. El Estado que conocemos, y al que la variopinta fauna progresista suele confundir con un Sujeto, o una entidad intrínseca, es, en realidad, el orden jurídico del Estado correspondiente al capitalismo nacional. La renuncia de las distintas fracciones y grupos fundamentales a unificarse alrededor de un proyecto estatal común lleva inexorablemente a la balcanización del proyecto nacional conocido como República Argentina por medio de una serie de luxaciones en la organización del Estado Federal. Por eso a las burguesías se les llama clases fundamentales: porque, para bien y para mal, son el fundamento de la dominación y la organización capitalista. Ellas entre 1810 y 1862 (click) resolvieron sus contradicciones e hicieron posible que hubiera un Estado Nación llamado Argentina y si ellas no se comprometen en su defensa y reproducción no hay Scaloneta que pueda impedir que ese mosaico sutilmente ensamblado durante cincuenta años de guerras civiles, simplemente se disgregue como la ex yugoeslavia, la ex unión soviética o los antiguos virreinatos.
Cuando esas fuerzas centrífugas y disolventes se empiezan a incubar, suele haber señales.
Hace algunos años que al chistoso coqueteo emancipador cordobesista se le sumó el cambiemismo mendocino agitando su presunta autosuficiencia presupuestaria para demostrar el mal negocio que resulta integrar la argentinidad(click). Luego fueron los rumores que promovían la idea de que las provincias ricas, con Buenos Aires a la cabeza, amparándose en pactos preexistentes como el de San José de Flores, adoptarían conductas secesionistas como acuñar moneda y constituir aduanas internas para exportar sus productos como si en vez de ser estados sub-nacionales fueran estados soberanos (click). Finalmente, en respuesta a un recorte en los giros de la masa coparticipable, las provincias patagónicas, encabezadas por Chubut, pasaron en pocas horas de la queja retórica a la rebelión fiscal y desde allí, sin escalas, a las proclamas sediciosas reclamando la preminencia de un entramado capitalista vagamente regional (la Patagonia) enfatizando la defensa del interés provincial en abierta contradicción con el interés nacional.
Incluso en un comunicado la entente ensayó una denominación de origen: provincias unidas del sur (click). Suerte que el nombre Kuwait ya estaba ocupado por un exitoso experimento de república separatista hidrocarburífera.
Finalmente y, como las negras también juegan y el diablo no solo sabe por diablo, mientras desde Infobae los voceros de la Embajada desempolvaban la idea confederal de subdividir la Argentina en regiones, empezando por la Región Patagónica, a fin de “mantener la cohesión física, económica y social de su propio territorio (…) frente al riesgo de la fragmentación, ya sea física, económica o social (…)” (click), casi al unísono, el Reino Unido informó dos resoluciones de alto impacto geopolítico que proyectan la ampliación unilateral del control militar de la Otan sobre el Atlántico Sur y sus recursos naturales: la extensión del área de exclusión pesquera en torno a las islas Georgias y Sándwich (click) y la modernización de la terminal portuaria de Puerto Argentino (click) especializada en servicios antárticos y orientada a reemplazar a Ushuaia, Punta Arenas y Ciudad del Cabo como centros de logística, interconexión y trasbordo para los países que mantienen bases en la Antártida. (click)
El fracaso Desarrollista
Desde la década del 60 el desarrollismo reorientó la estrategia industrializadora Autónoma forjada por Roca, Irigoyen y Perón (Estrategia Nacionalista) hacia la Dependencia (Estrategia de Enclave) a instancias de un presupuesto equivocado inspirado en un erróneo enfoque geopolítico de posguerra: que los centros capitalistas industriales nucleados en la Otan exportarían empresas multinacionales que, enclavadas en las economías emergentes, difundirían, multiplicándolas, unas capacidades industriales guiadas ya no por el dirigismo estatal de entreguerras sino por una división global del trabajo que, si bien existió y existe, se basa en transferir musculatura fabril des-integrada sin tecnología ni conocimiento crítico. Si hubiera ocurrido lo contrario Filipinas, Bangladesh o México ya serían potencias industriales maduras con amplia clase media y no el paraíso de la maquila (click) y el IKD (click) donde el notable desempeño exportador y la baja desocupación se combinan con salarios de subsistencia y pobreza ancha y estructural. (click)
Así, de la mano del desarrollismo neo keynesiano el proyecto
industrial argentino primero se estancó y luego entró en crisis al
cristalizarse el desequilibrio estructural q hizo famoso Marcelo Diamand (click)
por el cual un sector industrial productivamente ineficiente y tecnológicamente
atrasado gasta dólares generados por el sector primario condenando a la
economía a un vaivén popularizado como stop and go.
Esta inviabilidad productiva engendró primero una economía estancada,
deficitaria y agobiada por deudas y luego, o mientras tanto, una sociedad
replegada en un ethos individualista desconfiado de una estatalidad crecientemente
resistida por cara, opaca, anacrónica, nostálgica, pero por sobre todas las
cosas muy ineficiente.
El capitalismo promueve la competencia individualista
amparándose en el mito de que al afán emprendedor e innovador lo tracciona el
afán de lucro sin el cual la desmotivación alumbra la improductividad y la
haraganería. Sin embargo, es al revés. La guita es la droga de los aburridos,
de los desmotivados. A los humanos una buena causa, un propósito emocionante,
un reto desafiante, un sueño capaz de quitarnos el sueño importan mucho más que
acumular capital o acopiar riquezas. En el fondo los humanos sabemos que la
vida es corta, que no se viene y no se va a ningún lado, y que el único sentido
que puede tener la existencia es encontrar un quehacer individual y socialmente
gratificante que nos haga olvidar que lo único seguro es la muerte y el olvido.
Milei fue astuto en olfatear ese ethos y darle traducción
anarco-capitalista asociándose al puro sentido común: si el Estado no colabora,
al menos que no estorbe. Y que cada quien se arregle como pueda.
Sin embargo, las crisis de angustia colectivas y la desmotivación generalizada promovidas por los proyectos políticos que se prestaron el gobierno en la última década y pico, pueden pesar menos que una memoria emotiva no solo ligada a experiencias personales sino más bien inscriptas en la argentinidad en tanto que atmósfera social o idiosincrasia: en los días más felices siempre el Estado jugó un rol clave. Comerse el amague de que la sociedad repudia al Estado es tan equivocado cómo no asumir que el rol y la fisonomía que adquirió la estatalidad post 2001 están completamente agotados y requieren una redefinición que traduzca cual capitalismo es necesario y posible para reflotar un proyecto nacional seriamente escorado.
No hay Industria sin Fuerzas Armadas
Los Grupos Concentrados Transnacionales que lideran la globalización capitalista caranchean los recursos naturales de los países emergentes sin capacidad de disuasión militar. Nuestras famosas riquezas naturales son actualmente un botín cuya disputa colisiona con la pretensión de reimpulsar el desarrollo industrial porque tracciona a las distintas fracciones del capitalismo local a jugar a favor de aquellos Grupos asociándose a ellos. Todas las naciones que hoy desenvuelven proyectos de desarrollo industrial autónomos son potencias militares regionales. Lo son China, Rusia, India, Indonesia, Sudáfrica, Brasil, Turquía, Irán, Egipto e incluso protectorados cómo Israel, Corea, Taiwán o Australia. Ningún Estado militarmente irrelevante y ajeno a las áreas de cobertura geopolítica de las grandes potencias, puede aspirar a lograr un desarrollo industrial autónomo que suponga, a su vez, para su financiamiento y sostenibilidad, la disponibilidad del superávit comercial que origina la exportación de sus recursos naturales (agricultura, ganadería, pesca, minerales y energía).
La explicación es simple: a la Otan solo le interesa pactar, reconociendo autonomías relativas, con Estados militarmente solventes que, exhibiendo disposición a explorar alianzas por fuera de su órbita, podrían reforzar las capacidades militares de sus adversarios (especialmente China). Ninguna nación militarmente irrisoria obtuvo ni obtendrá nunca ese reconocimiento.
Actualmente las capacidades militares se logran no solo
fabricando parafernalia liviana sino especialmente elaborando I+D al servicio
de esas manufacturas y, a su vez, de la apertura de acuerdos de intercambio de
conocimiento crítico y tecnología con otras potencias militares globales o
regionales. La Argentina dilapida actualmente su talento científico y
tecnológico empujándolo a emigrar o encapsulándolo en proyectos académicos conicetistas
con escasa perspectiva de mutar en ciencia aplicada. ¿La razón? No hay
desarrollo industrial nacional que lo demande.
Reconstruir las capacidades industrial-militares latentes y entramarlas con el sistema de ciencia y tecnología (click) es el camino para recomponer las capacidades estatales sin entrar en colisión con el capital local e incluso, implicándolo en su financiamiento.
La historia del desarrollo industrial nacional coincide con la evolución del complejo industrial militar. Juntos se expandieron y juntos declinaron (click).
El terrorismo de Estado y la derrota en Malvinas abrieron una impasse cuya clausura es condición necesaria para una refundación industrial sin la cual la Estructura Social de empleo formal e ingresos medios, su Estado Social garantizando derechos universales y hasta la propia Integridad Territorial quedarán severamente comprometidos.
No hay FFAA sin hipótesis de conflicto
Sin hipótesis de conflicto ni una perspectiva geopolítica que la configure es imposible justificar que un Estado al que la Sociedad le reclama, con razón, jardines maternales, centros de salud, patrulleros y autopistas afecte al complejo industrial-militar, alícuotas de su magro PBI.
Desde 1982 Estado y Sociedad trataron de ubicar el jarrón
Malvinas en un estante que preservara una cierta memoria circunscripta al
heroísmo de los combatientes pero que, a su vez, garantizara su desconexión
práctica con la problemática de la soberanía territorial. (click)
Fue el camino que se eligió para practicarle a las FFAA una
lobotomía que requería su ineludible democratización, pero cuyo efecto
colateral fue la negación de una hipótesis de conflicto indisimulablemente
ligada a la ocupación de una porción de nuestro territorio por parte de una
potencia militar y nuclear integrante de la Otan que, desde ese enclave
colonial, proyecta su predominio militar sobre el Atlántico Sur (la Patagonia,
la Antártida, los pasos bioceánicos con sus rutas comerciales y sus incalculables
recursos naturales). (click)
Por lo pronto, el actual jefe del estado mayor conjunto, egresado del colegio militar en diciembre de 1983, resistió la participación de las FFAA en la represión al narcotráfico rosarino argumentando que “inundar las calles de militares implica severos riesgos. ¿Qué pasaría si un sicario la emprende contra un soldado y pone en riesgo su vida? Si cae bajo fuego del delincuente hemos sacrificado a un hombre o una mujer innecesariamente. Si repele con su armamento militar a un civil su futuro profesional y hasta su libertad se verán comprometidas” (click). Fue la respuesta de una fuerza armada profesional y democrática a una demanda que las pone en tensión con el mayor logro desde las guerras de independencia: haber recuperado el respeto y la valoración de la sociedad (click).
La vaca no quema
El ancho, diverso y desorientado campo popular debe superar el estrés postraumático y reconciliarse con las FFAA como instrumento para el desarrollo industrial y tecnológico, pero también al servicio del rediseño de un proyecto de país capaz de movilizar una identidad nacional descreída y desganada re-alineando a unas élites desbandadas y prescindentes habilitando, de paso, una territorialidad para el reagrupamiento de cuadros alternativa al merendero del barrio, la fotocopiadora de la facu o el kiosquito ministerial.
No es casual que Perón haya egresado del Colegio Militar y no del Nacional Buenos Aires. Lo que la democracia debía hacer con las FFAA ya está hecho. Los genocidas están presos, prófugos, muertos o fingiendo Alzheimer. Es absurdo, y en el actual contexto geopolítico resulta suicida despreciar la vaca por habernos quemado alguna vez manipulando su leche.
Cada país tiene el espacio que utiliza
No se trata solo de mudar el asiento de la administración federal a Viedma o Patagones, lo que podría, cómo hecho aislado, incluso tener un impacto apenas burocrático, sino de trasladar también el asiento del gobierno de la provincia de buenos aires a Bahía Blanca, Médanos o Punta Alta manteniendo la proximidad entre los dos vectores más importantes del poder nacional en el marco de un rediseño del régimen de coparticipación y de los instrumentos estratégicos que orientan la directiva de política de defensa nacional (DPDN, PLANCAMIL 2011/2023 y el Fondo Nacional de la Defensa Ley 27565) focalizando los esfuerzos presupuestarios en la reconstrucción de las capacidades aeronavales y replicando el régimen de promoción industrial de Tierra del Fuego en Santa Cruz, Chubut y Río Negro.
El Atlántico Sur y la Patagonia son a la Argentina lo que la Amazonia es a Brasil (que fundó Brasilia en Goiás en 1956). Alfonsín la vio, pero cometió un error frecuente en los grandes líderes: se anticipó demasiado a su tiempo y nadie lo entendió.
La actualización del Proyecto Nacional requiere correr el centro de gravedad político, científico, tecnológico, industrial y militar “hacia el sur, hacia el mar y hacia el frío” (click) a fin de restablecer el balance en un campo de fuerzas en el cual hoy predominan las tendencias desarrollistas y neoliberales asociadas a los Grupos Concentrados Transnacionales que impulsan la clausura del proyecto industrial, la desintegración social y la desestructuración territorial de una entelequia por ahora, y solo por ahora, conocida cómo República Argentina.-









No hay comentarios:
Publicar un comentario