sábado, 18 de abril de 2026

Titanic


Sociedad implosionando

La segunda gran crisis sistémica del siglo xxi no encuentra a la sociedad estallando sino implosionando. Ya no hay una épica de la protesta ni una catarsis colectiva capaz de tramitar el malestar cómo en diciembre de 2001: lo que predomina es una retracción silenciosa, un repliegue hacia la vida privada donde la crisis se metaboliza en soledad. La bronca no desaparece, se privatiza. Se muda a las casas y a los cuerpos. Y ahí, lejos de cualquier escena pública, se vuelve más densa y más opaca.

Dentro de ese cuadro general, la cuestión de la salud mental deja de ser un problema individual para revelar su raíz social. El aumento sostenido del consumo de ansiolíticos y antidepresivos, la expansión de conductas evitativas y la sensación extendida de impotencia frente al propio destino configuran un clima de época donde la subjetividad aparece sitiada. No se trata sólo de estrés o angustia: es una forma de vivir el quiebre de lo conocido, e incluso la intemperie. Una existencia a la defensiva, en modo supervivencia, donde el futuro es invisible y el presente insoportable.

Los niños, jóvenes y adolescentes son, en esta cadena de penurias, los eslabones más susceptibles: en ellos, previsiblemente, la crisis hace síntoma. La implosión social impacta de lleno en trayectorias vitales, en subjetividades y en psiquismos todavía en formación, donde los soportes simbólicos y materiales resultan decisivos. Cuando esos soportes fallan —familias desbordadas, instituciones tensionadas, comunidades fragmentadas— lo que aparece no es sólo desorientación, sino desaliento y pesar. En ese contexto, las autoagresiones, el intento de suicidio, el suicidio consumado dejan de ser un hecho excepcional para emerger como uno de los indicadores de época más alarmantes.

No es casual que las autolesiones, los intentos de suicidio y las internaciones por riesgo suicida en niños yadolescentes exhiban una tendencia al crecimiento preocupante.  Allí donde debería haber proyectos comunes, aparece el vacío; donde debería haber lazo, aislamiento; donde debería haber palabra, silencio. La implosión no hace ruido, pero deja marcas. A veces irreversibles.

La escuela, en este escenario, queda situada en una encrucijada. Es, muchas veces, el último espacio donde ese malestar puede alojarse y hacerse visible. Pero también es una institución atravesada por las mismas tensiones que intenta contener. Sostener a estos pibes no es sólo garantizar su permanencia: es ofrecerles una trama donde inscribirse, una mínima experiencia de sentido en medio del agobio y la dispersión. Porque cuando todo alrededor se desagrega, incluso la mera posibilidad de hacer lazo puede ser, en sí misma, una forma de resistencia vital.

Nombrar la implosión es, aunque insuficiente, un primer gesto político. Si el padecimiento se vuelve privado, también se vuelve inabordable. Porque lo que no se ve, no se tramita; y lo que no se tramita, estalla o implosiona.


Familias desorganizándose

El cierre del primer cuarto del nuevo siglo nos presenta una escuela estresada en un mundo y un país en crisis con familias desorganizadas a cargo de adultos crecientemente desafectados de sus incumbencias parentales. Pero la escuela responde asumiendo que educar es también sostener a los pibes en banda, desanclados a núcleos familiares frágiles, rotos o inexistentes.

Cuando la familia no está o deja de estar, la escuela tiene q estar más disponible que nunca siendo todo lo flexible que pueda para que esos jóvenes permanezcan en el aula produciendo, de mínima, lazo social. Si el joven desanimado y desenfocado no está en la escuela, la vulneración de sus derechos podría ser irreparable. La práctica docente asume que probablemente esta escuela es la última y única oportunidad para q ese joven no malogre su proyecto de vida.


Jóvenes desmotivados

La única orientación capaz de abrir horizontes que hoy se vislumbran clausurados es promover, desde esta escuela, adherencia y agregación. Alentar a los jóvenes a asumirse sujetos de su historia personal y de lo que sea que cada quien entienda por comunidad de pertenencia y que es, básicamente, el ecosistema sociológico en el que cada sujeto transita a diario y que provee una cierta atmósfera social y un cierto sistema de relaciones promotoras de una cierta identificación.

Al individuo atomizado la historia le pasa. El joven afiliado la hace, o al menos se auto percibe haciéndola. El joven compartimentado esta indefenso, aburrido y probablemente, asustado; el joven inscripto en una trama vincular está acumulando y proyectando potencia social juntándose para hacer cosas que incluso pueden ser divertidas y hasta emocionantes. El sujeto desplegado se distingue del replegado porque tiende a buscar la solución con otros, cree que la salida a los entuertos comunes es convergiendo. El joven aislado se ahoga en un vaso de agua porque la boca de su vaso es angosta cómo lo es la anchura de sus hombros a la hora de sostener el peso de una realidad apabullante. El sujeto que se entrevera reconoce la dimensión social adherida a los asuntos mundanos y propende a reforzar y expandir su asociación.

Los jóvenes con su apatía están decretando la caducidad de esta escuela secundaria. Las planillas de ausentismo reflejan una pugna silenciosa de tres siglos que a duras penas dialogan y se reconocen. Los estudiantes que siguen viniendo a la escuela lo hacen buscando algo valioso. Sino no vendrían. Pero vienen y se frustran no porque sean incapaces de encontrarlo sino porque docentes del siglo xx les estamos ofreciendo un entorno del siglo xix a jóvenes del siglo xxi. El nuevo régimen académico intenta conversar con una realidad de jóvenes, familias y época que cambió estructuralmente. La vigencia de esta escuela cruje porque aquella sociedad granítica para la que fue diseñada, no cesa de agrietarse. No es una oleada. Ni el bullish de otra moda pasajera: si logra consolidar permanencias la escuela podrá evolucionar; si fracasa devendrá una experiencia mínima y testimonial.


Escuelas sosteniendo

Esta escuela asume cómo desafío gestionar la tensión reformista porque la sociedad para la que fue creada está dejando de existir. Nadie sabe qué mundo y cuales trayectos formativos y mercados laborales están emergiendo, pero sabemos que, a dónde vayamos, se impone ir con todos. La sobreedad y la repitencia fueron siempre y en todo lugar la antesala del abandono. Si el estudiante con ausentismo repite, corta lazos incipientes y, o abandona en pocos meses, o se deja estar y esteriliza su trayecto hasta poder pasar a un cens a dónde las estadísticas muestran que el desgranamiento se acentúa.

El resultado académico será el mismo, pero sin haber forjado vínculos. La escuela tiene que poder alojar recorridos posibles de pibes con iguales derechos pero con trayectorias asimétricas cómo reflejo de biografías dispares. Si no los queremos afuera no hay que expulsarlos siendo todo lo flexibles que podamos.

El nuevo régimen académico y en particular las instancias de intensificación persiguen apuntalar la permanencia a partir de considerarla, para ciertos estudiantes, un hecho educativo en sí mismo y un último esfuerzo por sostener el vínculo pedagógico con jóvenes que abandonan entre desinteresados y desconcertados. Retenerlos es disputárselos a la anomia. Hacerlo resulta estratégico porque el joven que crece por fuera lo hace enemistado y hostil.

En este 2026 la escuela es el único espacio de encuentro no mercantilizado que subsiste. Es lo que flota en el naufragio del proyecto común. La escuela es a la vez muchas escuelas porque la fragmentación y pauperización estructurales desintegraron la trama social cuya urdimbre insumió un siglo y medio desde la sanción de la ley 1420. Algunos estudiantes vienen a prepararse para un trayecto superior, otros para acreditar el nivel para un empleo registrado y otros, en número creciente, si vienen lo hacen para sostener el lazo social.

A los tres hay que poder ofrecerles la chance de una trayectoria sostenible y útil. En la debacle actual, apuntalar permanencias es la condición necesaria de la justicia educativa.-

 

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