martes, 8 de junio de 2021

Odiseica, o aventuras musicales de Julieta Guerrero


No sabemos exactamente cuándo, pero entre 6000 y 3000 años antes de Cristo, en el reino de Ítaca, en la actual Grecia, mientras araba un campo con un disfraz de campesino, un señor llamado Odiseo y a quién los romanos popularizaron con el nombre de Ulises, recibió la visita de una divinidad que podría haber sido Palas Atenea, diosa de la guerra, con el propósito de abordar un tema urticante: su reticencia a enrolarse en el conflicto desatado con el reino de Troya a raíz del secuestro de la bella Helena por parte del príncipe Páris. Se rumorea que la diosa Atenea indujo a Odiseo la alucinación de ver a su hijo Telémaco, su sangre y su memoria proyectadas, delante del arado imponiéndole una disyuntiva: o permanecía replegado y pasaba el arado sobre su hijo, digamos que mecánicamente, como si nada, ensimismado, o detenía el arado, admitiendo su verdadera identidad, y movilizaba su ejercito hacía Troya. Así fue como se inició una aventura contada por Homero en La Illiada, que duró diez años y que, al concluir, originó otra aventura que insumió otros diez años: la odisea de Odiseo tratando de regresar a casa desde una isla y en una embarcación precaria; y, al llegar, las batallas que libró a fin de reencontrar, con el inestimable patrocinio de sus dioses, el amor y la patria. Penélope e Ítaca.



Sabemos sobre Julieta Guerrero que de chica estudió danzas, dónde fortaleció su confianza en el apoyo que obtenía de su pierna izquierda, qué en algún momento estudió música y que se recibió, no hace tanto, de arquitecta; profesión que ejerce con intermitencias pero con pasión. También sabemos que hace diez años emprendió una serie de viajes: primero al sudeste asiático motorizada y enamorada y, luego de un breve periplo europeo, con viaje y amor agotados, un primer retorno para formar su banda, grabar el disco Puertas y salir a tocarlo. Más tarde volvió a europa en plan solista a mostrar aquel disco dónde giró, errante y viajera, guitarra en mano por bares, clubes, eventos o en la calle y que, meses después, luego de conmover la escena folk danesa asociándose a los Flippers y perder un par de vuelos, intentando volver barato, terminó embarcándose en un velero que zarpó de las Canarias impulsado por los vientos alisios hacía las costas del caribe. Se sabe que trajinó Valparaíso, Cuba y el chamanismo en la selva peruana y que hace tres años, surcando en bici la ciudad de la furia, terminó con su pierna izquierda astillada y, varias operaciones después y un viaje a Portugal con su madre al re-encuentro de ancestros y linajes, regresó y editó el Ep Sed que enhebra cuatro canciones que reflejan, cada una, un momento clave en su transformación viajera: Sed, la expansión; Raíz, la sanación; Amuletos, la recompensa; y Vueltas, la integración.



Ahí, en esa encrucijada, se cruzan los itinerarios de Julieta y Odiseo. Ambos volvieron, partiendo de una isla remota y, sobre un precario velero al vaiven de los berrinches de Eolo y Poseidón, alumbraron una transformación largamente gestada. Al volver ya no son los mismos que iniciaron el viaje hace más de diez años, pero algo no cambió: vislumbran, al unísono aunque en tiempos y espacios distintos, un horizonte hacia el cual impulsar la voluntad creadora y la pasión transformadora. Es decir el amor a la vida. La historia de Odiseo, en Ítaca junto a Penélope y Telémaco, ya sabemos como prosiguió. La de Julieta no sabemos porque ella está aún escribiéndola. Aunque por lo visto, se trata también de una historia odiseica transcurrida y narrada, por ahora, como una breve pero intensa y lunática aventura musical.-


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