¿Como leer el caso "Chocobar"?
El dispositivo de medios que sostiene el relato Pro impulsa un debate que a Cambiemos le sienta cómodo, enfocado en la matriz doctrinaria que inspira y enmarca su política criminal, y que podríamos ilustrar con seudo interrogantes estilo: ¿Mano dura o mano blanda? ¿Defender a los Ciudadanos indefensos mediante el accionar decidido de las diversas fuerzas de seguridad o resguardar los derechos de los delincuentes atando de manos, inhibiendo, las pulsiones justicieras de policías, gendarmes y prefectos? En ese debate y, especialmente, cuando desde el campo garantista lo acusan de facho promotor del gatillo fácil y el autogobierno policial, parafraseando a Riquelme... Macri está feliz. Es comprensible: un lider cuya única base social incondicinal se reduce al centenar de familias beneficiadas por el blanqueo de capitales, consigue exorcizar su debilidad intrínseca, al estilo De la Rúa cuando golpeaba la mesa en el programa de Grondona, sobreactuando caracter, manu militari. Es decir, sobreactuando. Sin embargo, ¿se trata solo de eso?
La tierra prometida
Desde el campo popular que se organiza y lucha para resistir y recuperar la iniciativa, la lectura política debe profundizarse orientándose a descubrir los hilos invisibles que mueven las decisiones de Cambiemos en relación al manejo de las fuerzas de seguridad, tomando estas decisiones como indicadores o indicios de lo que viene, es decir, de lo que las elites descargarán sobre el pueblo a medida que se agudicen las contradicciones de este modelo social y políticamente inviable.
Cambiemos emergió del balotaje como primera minoría obligado a negociar con las mil tribus peronistas un entramado acuerdista desgastante y febril. El famoso gradualismo ("vamos de a poco") fue el hijo putativo de esa coyuntura no elegida en la cual los perdedores no gobernaban pero sin acordar con ellos no había gobernanza.
El mar rojo que los cambiemitas liderados por Macri y Marcos Peña esperaban cruzar para encontrar la tierra prometida donde las fuerzas del mercado serían definitivamente liberadas del yugo populista, eran las legislativas 2017. Las profecías duranbarbistas auguraban que, cuando las aguas que allanarían esa peregrinación de zombis gradualistas volvieran a cerrarse y asumieran los nuevos diputados y senadores surgidos de la avalancha electoral prevista para octubre, la minoritaria secta de los amarillos emergería transformada en una fuerza social y política mayoritaria y autosuficiente, emancipada de las raleadas tribus populistas ventajeras, y en aptitud de descargar toda la potencia instituyente de su programa antiobrero y antipopular. Pero esa elección nunca ocurrió.
El fin del gradualismo
La elección que hizo Cambiemos, mediocre, tanto a nivel nacional como en la decisiva Pba, fue más o menos similar a la de octubre de 2015. Es decir una elección donde ganan pero sacando una primera minoría de votos que resulta ganadora solo por la dispersión de las fracciones peronistas opositoras entre las cuales persiste (aunque atenuado) un fastidio con la dirigencia kirchnerista que explica el pasaje de Vidal del 34% al 42% entre agosto y octubre.
Ellos nunca lo van a admitir pero la madrugada del 14 de agosto fue, para la mesa chica cambiemita, interminable: Mariu Vidal estaba perdiendo con Cristina quedando su suerte, en octubre, nuevamente, en manos de votantes peronistas no-k. Esa noche, en esa mesa, alumbró una convicción: había que abandonar el gradualismo y apurar las reformas porque 2019 podía no ser el año de la reelección sino el año del retorno del Pro a la administración del #Subtrenmetrocleta. Apenas cuatro meses después de esa noche amarillo-limón, Cambiemos redujo las jubilaciones por medio de una ley inconstitucional mientras afuera del Congreso policías, gendarmes y prefectos desataban una cacería contras los cientos de miles que manifestaban su oposición, operándose de este modo un doble movimiento: el cierre formal del ciclo gradualista y la re-organización de la defensa estratégica del proyecto macrista en torno al dispositivo de violencia estatal formateado y ensayado previamente en Jujuy, Rosario, la 1.11.14, Cushamen, El Bolson, Mascardi y la Caba durante el ciclo gradualista.
Por la fuerza
El modelo M se funda en una ecuación que no cierra; por eso el concepto que se impone, si se observa el desaguisado que arman y desarman Dujovne, Sturzenegger y Aranguren, es desequilibrio; todas las variables de la economía tienden a empeorar salvo aquellas vinculadas con las rentas extraordinarias del complejo agro-extractivo-financiero con muy bajo impacto en la creación de empleo formal y escaso derrame sobre las angostas rentabilidades netas de pequeños y medianos cuentapropistas, comerciantes y fabriqueros mercado internistas.
Una economía que solo funciona muy bien para pocos y que agrede a los deciles de ingreso medio y bajos con tarifazos, desempleo y caída del consumo popular y el salario real, es inevitable que, para llegar a 2019, se ponga en manos de las fuerzas de seguridad. Chocobar no es el símbolo de una nueva doctrina en materia de política criminal; el poco atlético y fantasioso integrante de las policías locales, armadas a las apuradas por Scioli en 2015, tanto como el gendarme Echazú que ayudó a Santiago Maldonado a ahogarse en un metro de agua y los prefectos que en Villa Mascardi fusilaron a Nahuel en vísperas de la reunión de ministros del G-20, representan y advierten el carácter violento que tendrá de acá en más el viraje del gobierno amarillo a partir del abandono de la estrategia gradualista y la aceleración del programa reformista pro-mercado.
¿Hay 2019?
Eso viene: reformas que desarman o debilitan derechos adquiridos y violencia estatal para contener y repeler la protesta social. Un gobierno que se repliega sobre sus resortes coercitivos y convoca a sus policías, gendarmes y prefectos a disparar primero y preguntar después, le exige a las organizaciones del campo popular ajustar sus criterios y modalidades de despliegue y ocupación del espacio público para evitar otro final de gobierno como el de la Alianza, con decenas de compañeros muertos sembrados en las calles.
Para que haya 2019 tenemos que poder leer lo que hay, anticipar lo que viene y responder con la más amplia movilización social que solo podrá lograr el accionar planificado, coordinado y unitario de los que se organizan para intervenir en defensa del programa nacional, popular y democrático.-



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