jueves, 25 de mayo de 2017
Elecciones 2017: ¿será Randazzo?
Cristina trabajó, durante el último año y medio, con la paciencia de una araña, para construir este escenario al que La Nación ayer definió como "Operativo Clamor" y que podría resumirse como: de garantizar la unidad excluyéndose (tesis Movimiento Evita: "si se presenta perdemos porq Cristina divide"), pasó a solo poder garantizarla, encabezándola (tesis Insaurralde: "sin Cristina perdemos porq iríamos divididos").
(Aprendan rosqueros: eso se llama hacer política).
Fíjense que la "tesis Insaurralde" se basa en la certeza de que el kirchnerismo puro, de ser necesario, iría en boleta propia, "pura", sin aliados al encuentro de ese ¿20/25%? de electorado ultra K que, a nivel diputados nacionales, garantizaría renovar unos 5/6 de los 7/8 incondicionales que se vencen en diciembre. Esto ya lo analizamos exhaustivamente hace poco más de un año en "¿Qué hará Cristina en 2017?".
Ahora bien: el tema de este post no es Cristina sino Randazzo.
Porque cuando Cristina "apestaba" y Macri no se había vuelto "gato" en los paredones del conurbano, a fuerza de empobrecimiento, despidos y tarifazos, la esperanza blanca de los que piensan que al enemigo se le gana imitándolo, era Randazzo. ¿Por qué? No se sabe. Si Randazzo tiene algún mérito difilmente sea el de haber implementado con eficiencia algunas licitaciones (trenes, pasaportes, dni) con recursos que Cristina decidió que estén ahí en vez de estar en otro lado (por ejemplo en el bolsillo de los sojeros).
De hecho, el mérito que Randazzo exhibía, hasta que Cristina resolvió habilitar a Scioli a estrellar la calesita, era el de ser "el candidato de Cristina".
Sin embargo Cristina dudó y le armó una mesa de examen para que Randazzo demostrara si era el Maduro de Chavez o el Santos de Uribe. Y le ofreció, en vez de ser cabeza de ratón, es decir Presidente de su propio proyecto político, convertirse en cola de león, es decir: Gobernador de una provincia convertida en el espacio de reagrupamiento de las fuerzas de la resistencia kirchner-peronista para 2015-2019 bajo un gobierno nacional amarillo. Pero Florencio no aprobó el examen: en vez de asumir la tarea estratégica pero engorrosa que Cristina le asignaba (ponerse al frente de la gestión provincial resguardando a lxs compañerxs) prefirió irse a su casa con cara de ofendido y murmurando "Presidente o nada".
Cristina sonrió sabiendo lo que vendría y empezó a tejer su tela.
Y, casi dos años después, pobre Florencio, otra vez sopa.
De un lado, Cristina armando la unidad del kirchner-peronismo en la provincia para frustrar el nacimiento del hegemón amarillo. Del otro, Randazzo queriendo encabezar algo aunque sea chiquitito y edificado con ladrillos ajenos.
Hoy, 25 de mayo, el escenario que Cristina tejió supone una unidad de todos detrás de una boleta encabezada por Ella y Randazzo (en ese orden). Pero Florencio, de nuevo, como en 2015, pide "competir" (¡esta vez contra Cristina!!!) solo para intentar, nuevamente, poner una batalla estratégica al servicio de un proyecto político ratón.
Queda por ver la tela completada ya que los partidos de Cristina duran 90 minutos y, no pocas veces, depararon sorpresas en el minuto 89. Pero todo indica que Randazzo, si quiere ser cabeza, tiene que demostrar que es capaz de renunciar a su proyecto ratón en favor de un proyecto león en el cual, tal vez, le toque ir a la cola.
Solo entonces, roto el espejito que le devuelve una imagen hermosa de sí mismo, habrá demostrado que está listo -Maduro- para poder encabezarlo.-
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