¿Que hace un militante? ¿a que se
dedica? ¿sirve tener militantes?
La gran mayoría de la gente se vincula
a la política de manera instrumental; y los instrumentos deben servir,
funcionar. El cuchillo debe cortar, por ejemplo.
La intensidad política e ideológica, salvo coyunturas específicas y por regla general breves, queda circunscripta a microclimas militantes. La gran mayoría de las personas entra al cuarto oscuro cada dos años y elige un cuchillo que corte; hay también en esa decisión un componente afectivo variable; una significación que brota de alguna boleta, de sus rostros, de sus nombres, de sus siglas. Y que varía de persona en persona y de elección en elección.
La intensidad política e ideológica, salvo coyunturas específicas y por regla general breves, queda circunscripta a microclimas militantes. La gran mayoría de las personas entra al cuarto oscuro cada dos años y elige un cuchillo que corte; hay también en esa decisión un componente afectivo variable; una significación que brota de alguna boleta, de sus rostros, de sus nombres, de sus siglas. Y que varía de persona en persona y de elección en elección.
¿A que se dedica entonces un militante
entre elección y elección?
A dos tareas:
1) promover y reforzar la vinculación
afectiva entre cada persona y el instrumento para que en cada elección no pese
solo su utilidad relativa;
2) mantener afilado el instrumento para
que la mayoría de las personas valore y reivindique su utilidad
relativa.
El domingo en la provincia solo pudimos
defender la boleta del fpv apelando al vínculo afectivo de aquellos votantes
que mantienen una adhesión afectiva fuerte con la sigla fpv: los convencidos,
los que votan con los ojos cerrados. A todos los demás les ofrecimos unas caras
y unos nombres con escaso significado (Scioli, Fernández) y una experiencia
traumática respecto a la gestión del Estado provincial durante los últimos 8
años.
Cuando uno pone en el cuarto escuro un
cuchillo desafilado y de escaso valor afectivo, la militancia tiene poco para
hacer y el votante liberado de compromisos afectivos, ideológicos y colectivos,
simplemente se para en la góndola y elige un cuchillo que aparente un filo
mejor que el viejo e incomodo cuchillo desafilado.
Eso hicimos el domingo: apelamos al
votante individual, frío y pragmático; y le ofrecimos una herramienta
desafilada. Y pasó lo que tenía que pasar: el votante eligió la novedad.
Ahora ¿la conducción K formó una fuerza
militante durante 10 años para esto? ¿para, en el momento clave, no darles nada
para hacer ofreciéndoles una boleta solo valorable en los tramos municipales e
insípida en los tramos provincial y nacional?
¿Esa fuerza propia tan trabajosamente
forjada habrá sido pensada para acompañar un gobierno propio durante los
próximos 4 años o para recuperar el gobierno propio dentro de 4 años?
Esa
pregunta hace más ruido que los cuetes que tiran los del pro desde ayer a la
noche.

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