viernes, 10 de junio de 2011

Dispersos, desorganizados, divididos

El militante no actúa directamente sobre los acontecimientos. Los hechos que estructuran el devenir político son ejecutados por los tipos que ocupan los máximos niveles de decisión (en los Palacios y sus alrededores). El militante, su acción, opera sobre la correlación de fuerzas, desajustándola, o intentando desajustarla. Un orden (cualquier orden basado en relaciones de competencia y dominación) se realiza plenamente, en su óptimo de eficiencia, ajustando una específica correlación entre sus propias fuerzas (sus defensores) y las del campo adversario (sus críticos). Más se desajusta esa correlación de fuerzas, más se debilita cualquier orden de cosas dominante. El militante construye el próximo acontecimiento (construye poder) rodeando los problemas colectivos y estructurales con relaciones (redes) de cooperación (mezcladito de convicciones y conveniencias) que acaban por convertirse en una organización no tanto ejercitando el chamuyo sino en el puro trajín y sin que a la manzana haya que andar tironeándola mucho. El sentido común enseña que solo es posible que una fuerza minoritaria logre dominar eficientemente siempre que la fuerza mayoritaria permanezca dispersa, desorganizada o dividida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario