Luego de este post pasaron cosas y hubo debates, como el que se dió el jueves en hdp, o el del viernes a la tarde con Xime en Flores y más tarde durante la proyección de “M” en el local de Ituzaingó o las charlas entrecortadas con Sole y Fer en Castelar. Entonces trataremos de retomar aquel post pero incorporando preocupaciones que aparecieron insistentemente en esas charlas y debates.
A las ciencias sociales las acecha un peligro: el ensayismo y la especulación. Por eso, a riesgo de parecer positivistas, a los cientistas sociales muchas veces nos obsesionan las mediciones. Cuando hablamos de investigar, por regla general estamos refiriéndonos a ese noble ejercicio consistente en descomponer ideas en dimensiones, dimensiones en variable y variables en indicadores que nos permitan medir nuestras afirmaciones. Sin embargo hacerlo no nos pone a salvo de la especulación ya que a ese noble ejercicio lo conducen unos marcos teóricos, unos paradigmas, es decir: una ideología. Pero bueno, supongo que es preferible una investigación fallida que una especulación despreocupada.
Concretamente: ¿qué quieren las mayorías sociales?¿que políticas están dispuestas a acompañar?¿en que dirección se orienta el humor popular?¿hacia la izquierda o hacia la derecha?¿qué debemos observar para responder con algún acierto esas preguntas?
Creo que, al menos en relación a lo que estamos hablando, en algo los marxistas y los peronistas solemos estar de acuerdo: nunca la sociedad dice tanto y con tanta claridad como cuando vota.
En la elección de 2007 la mayoría de las capas medias urbanas desagregadas --clases medias-- no acompañaron la candidatura de Cristina quien de todas maneras ganó por el firme y extendido apoyo que recibió de las capas medias bajas y bajas más vulnerables.
Esas capas a las que Artemio suele definir como “la base social del peronismo” abandonaron el kirchnerismo en junio del año pasado.
Ahora quitemos la vista de la sociedad y fijemosla en el sistema político. El kirchnerismo en tanto expresión de una fuerza social involucra los 4 campos típicos: izquierda, centro izquierda, centro derecha y derecha. Pasando por alto los realinemientos permanentes que ocurren dentro de cualquier fuerza social y concentrándonos en la dimensión electoral, conviene recordar que el kirchnerismo en junio del año pasado sufrió una dura derrota a manos de su ala derecha la cual, luego de romper se unió a otras expresiones de la derecha (Duhalde) y el centro derecha (Macri) antikirchnerista para constituir una oferta electoral autónoma que fue categóricamente apoyada por el electorado.
El kirchnerismo nunca más se pudo recomponer de esa derrota. Sin embargo a fin de resguardar la gobernabilidad del modelo juntó sus pedazos, los compactó, levanto la frente y arremetió con un amor propio que solo pueden ejercer quienes saben que están escribiendo paginas destacadas de la historia de su patria.
En vísperas de la muerte de Néstor el peronismo comenzaba cada vez menos discretamente un drástico realineamiento postkirchnerista a partir de incorporar al centro derecha K encarnado en Daniel Scioli a una oferta electoral que incluía al ala derecha victoriosa en junio de 2009 tanto en la PBA como en el interior sojero y a un sector con fuerte anclaje territorial que si bien nunca rompió abiertamente vislumbraba su futuro mas lejos que cerca del kirchnerismo: Massa, Bruera, etc.
Me consta que algunos amigos abrigan dudas acerca de si lo que se afirma en el último párrafo es tan así o no. Hagamos algo: dejemos ese debate para otro momento y juguemos a suponer que ese escenario efectivamente era inevitable.
Supongamos también que constituida en sus trazos gruesos esa oferta electoral postkirchnerista liderada por Scioli, Reuteman, etc. y claramente perfilada hacia una victoria se le adosan sectores del centro izquierda kirchnerista (de la misma forma que sectores “progres” que hasta 2003 estaban con Duhalde pasaron luego a jugar dentro del kirchnerismo).
Entonces a patir de 2011 hubiéramos tenido un gobierno liderado por Scioli y sustentado desde la PBA por una buena cantidad de intendentes justicialistas y desde el interior por todos o casi todos los gobernadores justicialistas.
Ese gobierno ¿estaría a la izquierda o a la derecha del kirchnerismo? Podríamos decir que al optar por esa oferta electoral la sociedad ¿habría girado a la derecha, a la izquierda o a ningún lado?
Esto es lo que me quita el sueño. Si Néstor no hubiera muerto, el próximo gobierno habría estado a la derecha del kirchnerismo. Hace como un año estaba en una librería esperando mi turno y me entretuve relojeando un libro de Mariano Grondona en cuya contratapa se leía lo siguiente: “A lo largo de nuestros doscientos años de historia, tres personajes obtuvieron la suma del poder: don Juan Manuel de Rosas entre 1829 y 1852, el general Juan Domingo Perón entre 1945 y 1955 y el doctor Néstor Kirchner a partir de 2003. De 1852 en adelante, los sucesores de Rosas tuvieron un éxito incomparable al brindarnos un proceso de desarrollo político y económico tan intenso y tan largo que no tiene parangón en la historia. A partir del golpe militar de 1930, sin embargo, la Argentina descarriló, sin que haya podido remontar desde entonces la declinación en la que quedó atrapada. Después de ochenta años de apogeo, pues, los argentinos hemos conocido otros ochenta años de decadencia. Comparada con la oposición a Rosas, que fue capaz de superar su herencia porque más que "antirrosista" fue "posrrosista", la oposición a Perón tuvo un éxito de corto plazo al derrocar a Perón en 1955 pero fracasó en el largo plazo. A la inversa de la generación de los Alberdi y los Urquiza, no supo construir el "posperonismo", conformándose en cambio con el "antiperonismo" que sólo duró hasta 1973, año en el que Perón volvió al poder. Rosas, en cambio, nunca pudo volver porque a él, en vez de un hombre o un conjunto de hombres, lo reemplazó un proyecto. El dilema que se nos presenta a los argentinos ahora es resolver si, después del fin de Kirchner que ya se avizora, caeremos en un simple "antikirchnerismo" que podría repetir la cortedad de miras del antiperonismo o seremos capaces de fundar, como lo hicieron los opositores de Rosas en 1852, el "poskirchnerismo": una política superadora destinada a las nuevas generaciones argentinas, cuya misión será encarnar el fecundo aprendizaje de todo lo que nos ocurrió en los últimos ochenta años para encarrilarnos, a lo mejor por otros ochenta años, en la búsqueda de la plenitud nacional”.
Es cierto, el planteo no tiene nada de original pero contiene una orientación clara: en vez de romper con el modelo k, propone superarlo (suponemos que desarrollando sus tendencias mas nítidamente librecambistas dejando en suspenso aquellas mas vinculadas al intervencionismo estatal).
El Pacto Social es una prueba de que la derecha sabe como quiere que siga la película; nosotros en cambio, fuera de algunas consignas estilo “profundización del modelo” o “vamos por todo”, no tenemos la menor idea. O si: tenemos ideas, lo que nos falta es un programa, una construcción y una política de alianzas capaces de despertar apoyos en las mayorías sociales.
Ahora bien, Néstor murió y Cristina repuntó en las encuestas. El cadáver político dejó de serlo por la vía de convertirse en un cadáver a secas. Y obviamente si Cristina nuevamente es la carta ganadora, el sistema político se adecua a esa nueva realidad.
Pero ¿y la sociedad? Digo: las tendencias sociales que se expresan en los liderazgos políticos y en el acompañamiento a una u otra oferta electoral ¿pueden revertirse por medio de una muerte? ¿Puede cambiar el balance que sobre una etapa realizan las mayorías sociales por un hecho tan poco político como la muerte de un líder, o concluido el duelo que la propia sociedad esta haciendo, aquellas tendencias volverán a manifestarse?¿qué quiere la sociedad?¿hacia donde esta dispuesta a ser conducida?
Y entonces volvemos a los primeros párrafos de este post ¿que tengo que observar para responder correctamente aquellas preguntas?
Pero agreguemos otra ¿para que queremos responder esas preguntas? Necesitamos responderlas correctamente porque aspiramos a gobernar y quienes tenemos semejante aspiración sabemos que para que la sociedad nos acompañe a donde queremos conducirla debemos saber que quiere la sociedad aun cuando lo que la sociedad quiera mayoritariamente no coincida con las aspiraciones de nuestro grupo o nuestro espacio político (digamos, genéricamente, el kirchnerismo).
El viernes en el local proyectamos la película “M” y mientras en el debate posterior flotaba el tema de los errores, de las autocríticas yo pensaba que lo que siempre me perturbó de los 70 no es la violencia o el militarismo blablabla (las “desviaciones”) sino el hecho que se caracterizara la inminencia de una revolución mientras se desplegaba una contrarrevolución y un genocidio.
Ahí el problema ni siquiera es ideológico sino estrictamente teórico y hasta metodológico: ¿como se lee la realidad? En el clásico “Cuaderno 8” el viejo Juan Carlos Marín dice que “la teoría es una guía no de lo que hay que hacer sino de lo que hay que mirar para hacer”. ¿Cuál es la teoría que guía la observación de quien, parado frente y encima de una contrarrevolución, cree estar participando de una revolución?
Esa es mi preocupación: quiero saber lo que realmente está pasando no para saber hacia donde debo seguir a la sociedad sino para definir correctamente la política con la que voy a lograr su acompañamiento para así poder conducirla a donde consideramos que la sociedad debe ser conducida.
Para terminar, creo que si se presenta Cristina gana cómoda. Pero la orientación de su gobierno va a ser el reflejo del estado de cosas vigente hasta la muerte de Néstor. O sea, que en su segunda presidencia Cristina va a ubicarse a la derecha de si misma. (Adeudo para otro post traducir este concepto en un programa).
Y acá es adonde aparece la reflexión menos teórica y más política: cuando recorro mentalmente la galería ideológica del futuro gobierno K todos los liderazgos que observo del centro hacia la derecha se encuentran en funciones de gobierno elegidos por voto directo, mientras que los liderazgos que observo desde el centro hacia la izquierda son funcionarios nombrados o parlamentarios electos en listas enganchadas de boletas encabezadas por los liderazgos que gobiernan (obvio que hay excepciones como por ejemplo el Barba, Díaz Pérez, Insaurralde o Arregui pero estoy identificando trazos gruesos).
De todo este desorden que acabo de escribir pueden extraerse al menos un par de conclusiones preliminares: i) quienes integramos la izquierda k tenemos que empezar a poner más fichas en las construcciones territoriales, sindicales, estudiantiles, etc. y no tanto en colaterales movimientistas ya que el límite de un programa nunca puede ser electoral, por lo tanto si somos mejores tenemos que empezar a ganar elecciones y gobernar porque si Cristina se saca una foto con Othacehe no es culpa de Cristina sino de nuestra incapacidad para gobernar Merlo, y si La Mella gana la Uba o Proyecto Sur nos gana la Cta alguna reflexión critica tenemos que hacer sobre nuestra propia incapacidad de influir sobre obreros, estudiantes o vecinos de Merlo; ii) quien gobierna lo hace para todos y no solo para los que se le parecen, de modo que lo anterior presupone una política de alianzas y unos armados amplios y heterogéneos tanto política como ideológicamente, porque si somos mejores tenemos que ser capaces de conducir a los peores.-

Me pareció buenísimo este párrafo:
ResponderEliminar"Y acá es adonde aparece la reflexión menos teórica y más política: cuando yo recorro mentalmente la galería ideológica del futuro gobierno K todos los liderazgos que observo del centro hacia la derecha se encuentran en funciones de gobierno elegidos por voto directo, mientras que los liderazgos que observo desde el centro hacia la izquierda son funcionarios nombrados o parlamentarios electos en listas enganchadas de boletas encabezadas por los liderazgos que gobiernan (obvio que hay excepciones como por ejemplo el Barba, Díaz Pérez o Arregui, pero estoy identificando trazos gruesos)."
Y son interesantes las conclusiones que sacás en el párrafo siguiente. Pero entonces, esto no termina de explicar el supuesto cambio que habría y que exponés en una frase como esta: "Si Néstor no hubiera muerto, el próximo gobierno hubiera estado a la derecha del kirchnerismo."
Si los puestos electos fueron hasta ahora de sectores más conservadores y el gobierno igual tuvo un sentido progresista de la gestión, ¿por qué cambiaría de ahora en más, máxime si la candidata va a ser quien estuvo a cargo de la etapa más progresista del kirchnerismo? ¿Se trataría de una cuestíon de quién es la conducción?
Yo no termino de ver que vayamos a tener un proceso más conservador de aquí en más teniendo en cuenta las cuestiones que va a haber en la agenda próxima: blanqueo de trabajadores o partcipación en las ganancias, aborto, proyectos progresistas de seguridad, etc.
Pero esto creo que va a depender un poco de lo que mencionás acerca de qué quiere la sociedad. Veo que algo sí puede llegar a cambiar y es la participación de la militancia como factor de empuje de las demandas. Tal vez sea un cambio con respecto al primer kirchnerismo donde fue un movimiento de arriba hacia abajo.
Saludos y muy bueno el post
Desparejo: "el próximo gobierno habría (en vez de hubiera)..."(ya lo corregí).
ResponderEliminarPor otro lado por favor no pierdas de vista que este post viene de otro y ese a su vez viene de otro. En aquellos veniamos analizando posibles maneras (orientaciones) de zanjar límites y contradicciones económicas del modelo. Unas más de "derecha" o "promercado" y otras más "progres" o "intervencionistas".
Mi planteo es que hasta ahora el reformismo K se financiaba con el crédito que la sociedad nos dió a la salida de la crisis. Tan bien lo utilizamos que hasta colamos matrimonio igualitario que claramente no tenía acompañamiento de las mayorias sociales. Y la debacle electoral K debe leerse como el agotamiento de ese crédito y no como -ponele- errores en la comunicación y esas entelequias. Ahí es donde aparece la pregunta acerca de como obtenemos más credito. ¿Presentandole a la sociedad un programa y un armado politico de cuales caracteristicas? ¿Transversal o no tanto? ¿más pejotista o más progresista? Y sobre todo, cuales políticas.
A tu pregunta entonces: terminó una etapa y muchas lógicas inherentes a esa etapa que concluyó, ya no operan. Las derrotas electorales, la inflación, el bajo porcentaje de inversion bruta fija, la baja elasticidad del empleo, el retraso del tipo de cambio y varios otros temas serían los problemas que funcionarían como indicadores de ese cierre y, por lo tanto, el modo en que se encare su resolución hablará de cual orientación primará en la etapa que comienza.
¿Estamos de acuerdo en que la agenda que aborde esa problematica este encabezada por temas como "productividad", por ejemplo?
Saludos.
Francamente, has reunido una serie de cuestiones, que de manera dispersa, rondaban mis pensamientos.
ResponderEliminarEntre el romanticismo ideológico y la cientista social: un desvelo...
X.